Un primer paso necesario

La macroeconomía y los precios

 

Todo el liberalismo vernáculo, desde Cavallo hasta Milei o Martín Tetaz, de Sturzenegger a Lacunza en la actualidad, y antes desde Alsogaray a Martínez de Hoz, de Roberto Alemann a Cayetano Licciardo, todos tienen la misma receta: que con una severa política fiscal y monetaria se contienen los precios.

Entre ellos se diferencian en que unos requieren para completar el cuadro cierto control en el precio del dólar, como ocurrió con la “tablita cambiaria” de Martínez de Hoz y el plan de convertibilidad de Domingo Cavallo.

Todos terminaron en terribles fracasos. Sin embargo, apuntalados por las grandes empresas que se beneficiaron con la política de reducir el gasto público y subir las tasas de interés, siguen dando cátedra como si lo suyo fuera cierto y por ende ciencia.

Negando su teoría, la política fiscal, monetaria y cambiaria ha sido fuertemente restrictiva en todos estos años y sin embargo la inflación no dejó de crecer a pasos acelerados.

Por ejemplo, la siempre mentida emisión monetaria no ha sido tal.

 

 

BASE MONETARIA[1] E INFLACIÓN

 

 

Es más, en términos reales (deflacionados por el IPC y corroborado si lo medimos sobre el Producto Bruto Interno o PBI) la Base Monetaria actual es cada año menor y, sin embargo, la inflación medida por el IPC del INDEC no se detuvo.

Lo mismo pasa con el gasto público. El pretexto de no emitir dinero y financiar el déficit fiscal con deuda tomada mayoritariamente en divisas por el gobierno de Cambiemos nos llevó a un nuevo ciclo de endeudamiento y a depender del FMI, con lo que resultó peor el remedio que la enfermedad.

Pese a que la Comisión Mixta Revisora de Cuentas del Congreso de la Nación le rechazo la Cuenta de Inversión (ejercicio fiscal ejecutado) del año 2016 (primer año del gobierno de Cambiemos) por ser inconsistente y haber realizado gastos no contemplados en la ley del Presupuesto de ese año, aún así, tomando los datos de las cuentas de inversión presentadas por el macrismo, veremos que siempre operó con un fuerte déficit fiscal. Déficit en el que incurrió no para asistir a la población sino para reducir y hasta eliminar retenciones (derechos de exportación), disminuir el impuesto a las ganancias y al patrimonio, e incluso gravámenes a artículos de lujo (autos caros, yates, whiskys, champagne, tabaco, etc.).

 

ADMINISTRACIÓN NACIONAL, PORCENTAJE SOBRE EL PIB

 

El actual gobierno mejoró sensiblemente la política tributaria, restableciendo retenciones y las alícuotas del impuesto a las ganancias, reestructurando el Impuesto a los Bienes Personales (Patrimonio) e incluso con los ingresos extras derivados de la Ley 27.605 de Aporte Solidario y Extraordinario, hechos que redundaron en una mejor recaudación, a la par que se recupera el nivel de actividad tras la pandemia y por el mayor nivel del comercio exterior, tanto por exportaciones (retenciones) como por las importaciones (aranceles). Sin embargo, aplicó una severa reducción del gasto que en lo que va de 2021 explica los resultados obtenidos en las PASO.

 

PRESUPUESTO EJECUTADO DE LA ADMINISTRACION NACIONAL, 2020 – SEPTIEMBRE 2021

Presupuesto Ejecutado 2020 por devengado y Presupuesto ejecutado al 30/09/2021 por Base Caja. En Millones de pesos corrientes. La Proyección 2021 y el Presupuesto 2022 surgen del Mensaje Nº 49 y Proyecto de Ley de Presupuesto de la Administración Nacional 2022 Fuente: Secretaría de Hacienda de la Nación – Ley 27.467 y Cuenta de Inversión 2020.

 

La ejecución base caja (lo efectivamente pagado, no contempla compromisos asumidos por la administración a la fecha y no abonados) nos dice que el déficit primario es sólo el 0,43% del PIB, y si se suma el pago de intereses de la deuda es del 1,96% del PIB. Obviamente, esto no se condice con un nivel de pobreza del 40,6% y un nivel de indigencia del 10,7%. Ni tampoco que la obra pública sea solo el 5,67% del gasto total (1,24% del PIB) cuando en la ley de Presupuesto 2021 se contemplaba que el gasto de capital iba a ser exactamente el doble de lo realizado y, a la vez, el gasto total, esencial para aumentar jubilaciones y pensiones, que es la mayor erogación de la administración nacional, más asistir a la población, contemplaba un déficit primario diez veces mayor (estamos hablando de más de 1 billón de pesos que estaban aprobados por ley que no se gastaron).[2]

 

Las cuentas externas y el dólar

Toda la parafernalia de economistas que dicen que el tipo de cambio está atrasado se explica por el interés de quienes los contratan. Según la Balanza Comercial del país, compilada por el INDEC en base a los datos de la Dirección General de Aduanas y del Banco Central, en lo que va del siglo XXI, desde el 1 de enero de 2000 al 30 de septiembre de 2021, el superávit acumulado (las exportaciones superaron a las importaciones de mercancías) es de 192.979 millones de dólares. Y en lo que va de este gobierno el superávit es creciente.

 

EXPORTACIONES E IMPORTACIOES DE MERCADERÍAS DE LA ARGENTINA, 2000 – SEPTIEMBRE 2021

(EN MILLONES DE DÓLARES CORRIENTES)

 

Vemos que en 2021 los componentes tanto de las importaciones como de las exportaciones crecen: en nueve meses superan al total del año 2020 y seguramente el superávit final rondará los 14.000 millones de dólares en el presente ejercicio. Por lo tanto, la política realizada con un ajuste cambiario menor en 2021 que en 2020 no impidió el normal ciclo de exportaciones y tampoco favoreció (al menos significativamente) a las importaciones.

Decimos esto porque el dólar oficial, fijado por el Banco de la Nación Argentina, que es el que se emplea en las operaciones de comercio exterior, se incrementó en un año en un 29%: pasó de valer 80 pesos el 1º de octubre de 2020 a valer 103,25 pesos el 30 de septiembre de 2021. Sin embargo, los precios medidos por el IPC del INDEC en igual período se incrementaron en un 52,5%, y el de los alimentos y bebidas en un 53,4%.

Es obvio que no hay ninguna causa que explique el desmedido aumento de los precios que no sea el poder cuasi monopólico que tienen las principales empresas en sus mercados cautivos, tanto en bienes de uso difundido (acero, aluminio, cemento, productos petroquímicos) como en bienes finales (combustible, alimentos, medicamentos, etc.).

Esencialmente en los alimentos, el techo de los precios internos estaba afuera. La botella de aceite de girasol de 1,5 litros se vende en Ámsterdam (que es el puerto de entrada a Europa) a 1,8 euros, por ende su precio en el mercado interno, en esa lógica de igualar el precio interno con el externo, debería haber sido a la fecha de 220 pesos.[3] Sin embargo, en lo que va del año ese precio no ha dejado de crecer y superaba el ajuste cambiario y se vendía en torno a los 240/270 pesos. Ahora, por el listado anexo a la Resolución 1.050/21 del Ministerio de Desarrollo Productivo, Secretaría de Comercio Interior, es de 220,70 pesos.

De allí que el gobierno y los representantes de los partidos que componen el Frente de Todos, como un primer y necesario paso, sostuvieron la citada Resolución 1.050/21, que establece el precio retroactivo al 1º de octubre de 2021 de 1.432 productos de consumo masivo, sin cambios al menos hasta el 7 de enero del año próximo. El listado incluye los 654 productos que forman parte de Precios Cuidados, 70 de Súper Cerca y otros 708 bienes que se sumaron a los controles. Se incluyen bienes de almacén, limpieza e higiene y cuidado personal, tanto de firmas líderes como de pymes. Además, ofrece precios de referencia para las 23 provincias del país y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

 

La gran pregunta

En síntesis, es necesario dar este primer paso para frenar la estampida de los precios y con ello detener el deterioro del salario real y de todos los que tienen ingresos fijos (jubilados y pensionados, contratos no ajustados, etc.), medida que debe ser defendida por la población en defensa propia. Pero la pregunta no contestada año tras año en la Argentina es cómo se forma la cadena de valor de todos los bienes y servicios, donde observamos que hay una diferencia abismal entre lo que percibe el productor y el precio final que le llega al consumidor. Todas las economías sufren esa detracción para beneficio de unos pocos que usufructúan de la situación.

Por ejemplo, la leche de vaca. No puede ser que al tambero le paguen por el litro de leche fluida un tercio del precio final. Dicho de otro modo, es injustificable que por ponerla en un sachet con la marca y llevarla a un centro de venta se queden con los 2/3 restantes de su valor (en ambos casos excluido los impuestos).

 

 

 

[1] La Base Monetaria es la cantidad de dinero emitido y puesto en circulación por el Banco Central.
[2] Ejecutar un billón de pesos por encima del gasto rígido (salarios, contratos, obras en ejecución, etc.) en el último trimestre del año, sólo se puede hacer mediante transferencias directas de ingresos a familias, provincias y empresas. De otra forma se debe realizar todo un paso previo que demora más que el lapso que resta para que termine el ejercicio fiscal 2021.
[3] Lógica perversa de por sí pues se produce en la Argentina, se envasa en la Argentina, recorre 100.000 kilómetros en flota extranjera y es el mismo precio en la Argentina, cuyo salario promedio no llega a superar los 850 dólares mensuales mientras en Europa es de 3.500 euros.

 

 

 

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