Un trapito con épica

Las fotos del Devotazo de Alicia Sanguinetti y el brazalete del viejo

 

Esto es algo, ¿pero qué?, me pregunto al ver por primera vez este trapito de lienzo blanco, con la V y la P pintadas a mano de color negro. Dos elásticos cosidos en las puntas hacen del trapito un brazalete. Me lo acerco a la cara para ver mejor. No está limpio, ha sido usado. Lo huelo. Tiene impregnada su historia, ¿pero cuál historia? No lo sé.

Cierro los ojos y trato de imaginar. Visualizo una multitud, un festejo furioso, como una final del Mundial de fútbol. Supongo que el brazalete es como la banda de capitán del equipo de Viva Perón. El trapito tiene magia, sudor y mugre. Necesito saber más. ¿Qué significa? ¿Qué partidos jugó?

Meto la mano a través de los elásticos que ahora están secos y estirados, subo la banda por el brazo. Me queda grande, sostengo con la axila. Lo miro al espejo. Adoro el objeto, tiene algo especial, sagrado. Es mucho más que fetichismo, es amor. Hola, trapito. ¿De dónde venís? ¿Cuál es tu historia? ¿Quién sos?

El brazalete sigue ahí, lo guardo entre las poquitas cosas que conservamos del viejo. Mi hermano tampoco se acuerda de donde salió, pero asocia igual que yo, piensa que el brazalete podría ser de Ezeiza, por el tipo de movilización, pero tampoco está seguro. No, no hay certeza.

Pasan años, se acumulan décadas sin que sepamos cuál es la historia, su exacta procedencia. Hasta que un día ocurre: inesperadamente aparece un eslabón perdido que explica y devuelve algo de sentido.

Encuentro publicadas unas fotos de Alicia Sanguinetti. Son del 25 de mayo de 1973, estaba presa cuando las tomó. Las imágenes muestran desde adentro la cárcel de Villa Devoto en los momentos previos a la liberación de los prisioneros políticos, en un registro único del Devotazo.

En la primera, el espacio central de un pabellón enorme, con todas las puertas metálicas de las celdas por completo abiertas. Personas que van y vienen, hombres y mujeres mezclados, la cárcel está tomada. En el centro de la imagen vemos de cuerpo entero a un hombre con un brazalete blanco y una mujer con pasamontañas. Las paredes están pintadas con consignas como: “REBELIÓN O MUERTE” o “POR LA UNIDAD DE LAS ORGANIZACIONES ARMADAS”.

 

 

En otra, un grupo de hombres alza una bandera con la estrella revolucionaria del ERP en un lugar fabuloso, que parece la cripta de Nosferatu. Una bóveda en altura con grandes vigas que sostienen desde el interior los techos en punta de la prisión.

 

 

En la tercera, casi todas las personas se encuentran de espalda, excepto un hombre que, de perfil, se rasca la nariz mientras habla. Las rejas de barrotes están todas abiertas, pero nadie sale corriendo. Las mujeres, sentadas en el suelo, cosen banderas con sábanas viejas frente a un televisor. No veo lo que se ve en pantalla, pero observo el aparato con su antena y sobre el mismo un cuadro, con un velero pequeñito que navega en un lago enorme entre montañas.

 

 

En la cuarta, compañeras y compañeros confeccionan más banderas. Hay unas mesadas de trabajo al fondo. En primer plano, dos chicas sentadas en banquitos cosen unas telas enormes. Son muy jovencitas, parecen estudiantes de escuela. Los muchachos parecen grandes, usan bigotes. Creo que sonríen, aunque no sea exacto el gesto. Transmiten alegría. Todos llevan muy visible sobre la ropa, en el brazo izquierdo, unos trapitos con la V y con la P, pintadas a mano, idénticos al que tengo guardado de mi viejo.

 

 

La pieza encaja. Cierro los ojos. Huelo otra vez el trapito. Siento el festejo furioso del pueblo, los abrazos, los reencuentros, es mucho más que una gran final, es un principio, otro tipo de victoria, una épica. Efímera en un tiempo veloz, pero constitutiva. Ninguna victoria, ninguna derrota es definitiva. Hay una puja constante, una tensión permanente, una búsqueda de sentido y de significación, hay luchas de poder entre fuerzas desiguales. Hay consecuencias. Hay ausencias. Hay llagas incurables en lugar de heridas. Estamos incompletos. Nos faltan partes. Nadie tiene la posta. No tenemos toda data. No nos hacemos solos. La escena nunca está del todo resuelta, pero se recompone con retazos que intercambiamos.

Estos días se cumplieron 50 años desde que se tomaron esas fotos. 50 años de la asunción de Cámpora al gobierno y la vuelta del Perón al poder. 50 años de la reconstrucción de la masacre de Trelew en La Patria fusilada, en el marco del histórico Devotazo, en medio de los festejos populares, los reencuentros y la liberación de los presos políticos, con sus brazaletes distintivos hechos de trapitos de lienzo blanco.

 

 

 

 

 

* La colección completa del Devotazo fue donada por su autora al Archivo Nacional de la Memoria, para que todos la atesoremos, podamos consultarla y seguir atando cabos sueltos. En este otro sitio se puede disfrutar del catálogo de fotografía artística de Alicia Sanguinetti.

 

 

 

 

 

 

 

 

La música que escuché al terminar de escribir esta nota:

 

 

 

 

 

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