Una nueva izquierda asoma en Italia

Entrevista con Luigi de Magistris, el ex intendente de Nápoles, de la Unión Popular

 

«La izquierda en el Parlamento italiano no existe desde hace muchos años, pero existe en la sociedad». Luigi de Magistris, de 55 años, ex magistrado, elegido dos veces por aclamación popular como intendente de Nápoles contra todos los partidos, en 2021 logró el 17 % en las difíciles elecciones regionales de Calabria, sumando a la izquierda. Y ahora volverá a intentarlo en las elecciones nacionales del 25 de septiembre. Pero la izquierda está dividida y destrozada: algunos fragmentos, con el Partido Demócrata, formación que ahora mira al centro y al capital; los ex populistas del Movimiento Cinco Estrellas, reposicionados más a la izquierda por el ex Primer Ministro Giuseppe Conte, pero que, al parecer, quieren presentarse solos. Para de Magistris “otras siglas han elegido la opción del poder y no la de la lucha”.

Su nueva formación política, la Unión Popular, se está caracterizando como la única izquierda radical en la contienda electoral. ¿Qué se propone hacer?

—Nos gustaría continuar con las cosas que ya hemos hecho, porque a diferencia de muchos charlatanes, fui alcalde de Nápoles potenciando los bienes comunes, centrándome en mantener el agua pública mientras todos la privatizaban, en la participación democrática, en la justicia social y en la lucha contra la burguesía mafiosa. Los que quieran votar a la izquierda encontrarán en la urna junto a ridículos programas nuestra lista con gente valiosa y creíble: somos una opción radical, pero no extremista. Y, sobre todo, ya hemos demostrado en una ciudad difícil pero extraordinaria como Nápoles que sabemos gobernar.

—Los medios italianos dedican mucho espacio a Carlo Calenda, ex ministro al frente de un micro-partido liberal, y poco a ustedes.

—Son distorsiones nítidas: Calenda nunca participó en una competencia electoral y lo muestran como si fuera Aldo Moro, está presente de la mañana a la noche en la televisión y en los diarios. En cambio, nos marginan a quienes representamos una ruptura con el sistema de poder. Pero trataremos de encontrar nuestro espacio.

—Las encuestas todavía los dan lejos del 3% que se necesita para entrar al Parlamento.

—Se equivocan, pero recién empezamos, con un nuevo símbolo, con una nueva propuesta política. Será difícil, pero lo lograremos.

 

El ex intendente de Nápoles Luigi De Magistris.

 

—Además tienen que juntar 50.000 firmas en agosto para poder participar. ¿Tendrán éxito?

—Incomprensible y grave para el contexto de emergencia en el que nos encontramos. Mientras, se permite que fuerzas que no existen en la sociedad participen sin recoger firmas por el solo hecho de haber tenido presencia en el Parlamento saliente: pésima ley antidemocrática. Hicimos un llamado al Presidente de la República Sergio Mattarella y al Primer Ministro saliente Mario Draghi, pero no hemos recibido respuesta. En cualquier caso, las juntaremos a pesar de la dificultad de tener que hacerlo en pleno verano y con las oficinas públicas muchas veces cerradas.

—En los últimos años, sus detractores lo han definido como un caudillo sudamericano. ¿Rechaza esta acusación?

—Ridículo. Hemos tomado mucho de la experiencia de la izquierda latinoamericana, pienso en la importancia de las masas populares para la autodeterminación y de querer dar voz a las periferias. Son cosas que nos unen al pueblo cubano, al venezolano, pero también al pueblo kurdo o palestino. La experiencia napolitana de gobierno también se construyó con una diplomacia de abajo hacia arriba para la fraternidad con estos pueblos. Colaboramos con el Partido de los Trabajadores de Lula en Brasil, con los compañeros de Uruguay. Estamos en el frente pacifista internacional de los países no alineados.

—¿Tu líder sudamericano de referencia?

Ernesto Che Guevara: en la visión y concreción del gobierno realizado con competencia y valentía. Aquí en Italia, en cambio, estamos rodeados de políticos que parecen acróbatas de circo, que siguen estando todos juntos en un gobierno que finge dimitir mientras finge pelear por las elecciones.

—Se habían abierto a una posible alianza con las 5 estrellas. ¿Qué sucedió?

—El ex Primer Ministro Conte no nos respondió. Permaneció en silencio. A veces se parece a Arnaldo Forlani, de la vieja Democracia Cristiana.

—¿Cuál es su objetivo?

—Nacemos ahora: hay que correr rápido para poder entrar en el Parlamento y dar voz al ecologismo, al pacifismo, a la lucha contra las desigualdades. Tengo confianza.

 

 

 

 

 

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