Entre el pesimismo y la esperanza

A las nueve de la noche se conocieron los resultados electorales, con el 80% de los votos escrutados. Había sondeos y pálpitos para todos los gustos, algunos desinteresados. El gobierno nacional no llegó a revertir lo sucedido en las PASO, pero achicó la diferencia. El mensaje presidencial de las 22 declaró acuerdos internos sobre cuestiones de fondo, mencionó en forma explícita a la vicepresidenta, quien le cedió el absoluto protagonismo,  y propuso acuerdos con la oposición, incluyendo las negociaciones por la deuda externa. Tomó nota del pesimismo pero destacó la esperanza. En cambio, Horacio Rodríguez Larreta clamó que habían batido a Cristina Fernández de Kirchner, lo cual no pasa de una expresión de deseos.

El escrutinio de  las PASO fue un razonable predictor de lo que sucedería dos meses después. Pero el desplazamiento de algunos porcentajes en distintos distritos hicieron la diferencia. En la provincia de Buenos Aires,  Esteban Bullrich obtuvo en 2017 el  41,38% de los votos y CFK el 37,24%. Esa diferencia de 4,4% se redujo al 1,3% ahora, por lo que el resultado final recién se conocerá con el escrutinio definitivo.  Del mismo orden es la mejora del FdT respecto de las PASO de septiembre. Esta es la cuarta elección legislativa consecutiva que el kirchnerismo pierde en la provincia de Buenos Aires, lo cual no le impidió ganar dos de las tres presidenciales posteriores. Un dato significativo es que mejoró su desempeño en la 1a y la 3a secciones electorales bonaerenses, donde puso el mayor esfuerzo Máximo Kirchner, recuperó municipios que le habían sido adversos en las PASO, como Quilmes, y emparejó la representación en el Senado bonaerense, donde la vicegobernadora Verónica Magario desempatará en favor del gobierno de Axel Kicillof. En el Senado de la Nación, el FdT no tiene quórum propio, pero puede alcanzarlo con el aporte de aliados en Misiones y Río Negro y, en caso de una votación par, la decisión quedará en manos de Cristina, así como en Estados Unidos recae en la vicepresidenta Kamala Harris. En la Cámara de Diputados JxC quedó lejos del objetivo de alcanzar la primera minoría y desalojar a Sergio Massa de la presidencia del cuerpo. Es decir que la respuesta del oficialismo al contraste en las PASO impulsada por Cristina, con cambios en los gabinetes nacional y bonaerense, mayor territorialidad y participación de gobernadores e intendentes, fue efectiva.

Cualquiera sea la voluntad del electorado, habrá interpretaciones discordantes acerca de por qué se ganó o se perdió terreno respecto del ensayo general. Si hace dos meses la sensación predominante hasta que se abrieron las urnas era que el gobierno revalidaría su predominio (salvo Cristina que preveía la derrota), ahora ocurrió lo contrario, tanto en el oficialismo como en la oposición. En las PASO el gobierno perdió seis millones de votos respecto de las presidenciales de 2019, pero no los ganó la oposición, que perdió dos millones. En el acto de cierre en Merlo, Alberto fue explícito: “Fuimos a las PASO convencidos de lo que habíamos hecho, pero muchos no nos acompañaron, y por eso salí a escuchar”, dijo. El acto fue programado con precisión: Victoria Tolosa, Sergio Massa y Axel Kicillof hablaron más o menos 10 minutos, Alberto el doble. Pero el centro de la atención fue, una vez más, la vicepresidenta, sin  necesidad de emitir palabra. “Todos la amamos”, dijo Tolosa cuando desde el público fue interrumpida por los mensajes y cantos dedicados a Cristina. No eran militantes kirchneristas: la Cámpora sólo fue representada en el césped por Máximo Kirchner y Wado de Pedro, pero no movilizó a sus fuerzas. La noche del domingo, los ánimos eran más encendidos en el FdT que en JxC.

En cualquier caso, mañana comienza una nueva etapa, en la que la coalición que sostiene al Frente de Todos distribuirá méritos y responsabilidades y propondrá cómo cubrir los últimos dos años del mandato obtenido en 2019, mientras la oposición debatirá la mejor manera de transitar lo que falta para 2023. En ambas orillas pugnan fuerzas contrapuestas, una centrípeta que tiende a la unidad y otra centrífuga, que tracciona hacia la disgregación.

 

Foto, Luis Angeletti

 

 

Igual que en Estados Unidos, la coalición gobernante se formó con sectores que depusieron diferencias y rencores con tal de impedir la reelección de un presidente al que todos consideraban nefasto. Y aquí tanto como allí las divergencias internas se mantienen acerca de las causas del ostensible malestar que manifiesta la ciudadanía/el pueblo/la gente (táchese lo que no corresponda o agrade) y la mejor manera de encarar la próxima cita electoral.

Randazzismo sin Randazzo

Como parte de estos preparativos, se anunció que el miércoles 17, cuando se cumplan 49 años del regreso de Juan D. Perón a la Argentina, el Día de la Militancia será conmemorado con un acto en la Plaza de Mayo por un colectivo de sindicatos y movimientos sociales que la semana pasada fue recibido en la Casa de Gobierno por el presidente Fernández. Sus figuras más relevantes son el reelecto co-secretario general de la CGT, Héctor Daer, y los representantes del Movimiento Evita en el gobierno, Fernando Navarro y Emilio Pérsico. Se trata del mismo acto y de los mismos convocantes que lo anunciaron luego de las PASO del 12 de septiembre.

Su propósito entonces era fortalecer a Alberto frente a Cristina. El presidente desactivó esa operación, luego de escuchar el consejo de Vilma Ibarra, quien recordó a Fernando De la Rúa cabeceando como barrilete sin cola hasta venirse abajo, luego de la renuncia de su vicepresidente, el licenciado Carlos Álvarez. Fernández procura que no sea explícita la pulsión vital que enardece a Pérsico y Navarro contra Cristina. Por eso, sólo se presenta como un encuentro en apoyo del presidente, quien lo hizo explícito en su discurso del domingo, asociando la convocatoria con la necesidad de fortalecer al gobierno en la negociación con el FMI.

El kirchnerismo cree que se responde con mezquindad a sus gestos que considera generosos. En una fecha tan propia como la conmemoración de Néstor Kirchner, el 27 de octubre, la Cámpora invitó a Pérsico y los eviteros, que estuvieron allí, y a Daer, Gerardo Martínez y Andrés Rodríguez, que no se presentaron. También cedió el podio al presidente, que fue el único orador. En cambio, los kirchneristas se enteraron por Infoemba de la próxima movilización a Plaza de Mayo. Se entiende este interés de los eviteros; encomiar a Kirchner, que hace once años no puede decirles qué opina, es la forma de apelar a la base peronista sin reconocer a Cristina. No fue esa la actitud de Alberto: en el cierre de la campaña se declaró hijo de Perón y Eva y continuador de Néstor y Cristina.

Autor de la consigna «Sin Cristina no se puede, sólo con Cristina no alcanza», Alberto sabe mejor que nadie que este reagrupamiento del randazzismo, aun sin el lastre de Randazzo, no tendría hoy más peso que en 2017, pero tampoco le resulta fácil evitarlo. El abastecimiento de insidias contra el kirchnerismo no se interrumpió con la eyección de Juan Pablo Biondi, quien el 21 de octubre almorzó en un rincón reservado del restaurante Casa Cavia, al reparo de fotografías, con su ex socio Román Lejtman, uno de los que colocan esa mercadería en Infoemba.

El chino de Savino

Navarro también asistió a la cena anual del Centro de Estudios Americanos, un organismo de lobby político de la embajada de Estados Unidos y de la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense (Am-Cham), organizador de visitas de legisladores, jueces y políticos argentinos a Washington (lo que Ignacio Zuleta llamó «turismo de aventura»). Desde su fundación, hace tres décadas, lo preside el consultor en temas económicos e institucionales Luis María Savino. En 1998, Carlos Menem designó a Savino como miembro de una Oficina de Ética Pública, creada ante las denuncias de corrupción en su gobierno, con la misión de redactar un reglamento para «prevenir, informar y educar, pero no fiscalizar ni investigar». Otros miembros de esa oficina fantasma fueron Rubén Beraja; los ex presidentes de la Sociedad Rural, Enrique Crotto y Guillermo Alchouron; Daisy Krieger Vasena de Chopitea, y el ex presidente de la UIA, Claudio Sebastiani, quien como diputado del PJ puso el voto decisivo para la ley que rebajó indemnizaciones por despido.

Luis María Savino y Fernando Navarro en la comida del CEA. Fotos, Nicolás Stulberg.

 

Mientras la derecha liberal vaticina por enésima vez la anhelada declinación del peronismo, Savino procura explicar en su Madre Patria la infinita plasticidad del movimiento que en los últimos tres cuartos de siglo llevó al gobierno a personalidades y líneas políticas tan dispares como las que encarnaron Perón, Menem, los Kirchner y Fernández.

No se informó si Navarro invitó a este peronólogo con doblaje al castellano al Día de la Militancia. Tampoco si conoce el estudio que el presidente del CEA dedicó a “Perón y los Estados Unidos: una relación pragmática”. Savino analiza el conflicto fundacional con el embajador norteamericano Spruille Braden en clave de política interna de Estados Unidos y concluye que Perón no era antiyanqui. Por el contrario, entiende que repitió en la Argentina la misma política que aplicó en su país el presidente Franklin Delano Roosevelt, ambos inspirados en la teoría general de John Maynard Keynes sobre el empleo, el interés y el dinero. De ese modo, ambos absorbieron las demandas obreras, “reduciendo el espacio político para que progresaran partidos de corte socialista”, dice Savino, quien es un operador de la embajada, no un activista del FITU. El consultor llegó a ilustrar estos conceptos con un poster kitsch, que recorta a Perón contra las franjas y las estrellas de la bandera de la Unión. Los eviteros aun no han llegado a tanto.

El Perón nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Las mesas tendidas

No hay rincón del oficialismo donde no se escuche hablar de un compromiso con la producción, que involucre a empresarios y trabajadores. Pero la última vez que resucitó el mito de la burguesía nacional fue hace tres décadas, cuando Menem entregó la conducción económica a Bunge & Born. La transnacionalización de las distintas fracciones del capital es hoy menos disimulable que entonces. Esto no quita que el Poder Ejecutivo mantenga encuentros por separado con los accionistas de empresas radicadas en la Argentina (como Madanes Quintanilla, los hermanos Mindlin, o los hijos y herederos de Carlos Bulgheroni y Jorge Brito) y con los gerentes de transnacionales (los de Unilever, Toyota, Syngenta y Accenture). En esas mesas se analizan las condicionalidades que el FMI pretende imponer para refinanciar los préstamos impagables contraídos por Maurizio Macrì y la posición sobre el tema de CFK. Esta tangente gastronómica es el sendero elegido por el gobierno para eludir los encuentros con las cámaras patronales, que demandan un acuerdo rápido con el Fondo, en la línea de Macrì, quien dijo que lo arreglaría en cinco minutos. “Concediendo todo lo que le piden”, le replicó Fernández.

El jueves 11, Daer y Carlos Acuña fueron reelectos como co-secretarios generales de la CGT, a quienes se sumó Pablo Moyano, en reemplazo del renunciante Juan Carlos Schmid. Los discursos de la declamada unidad proclamaron el rechazo al recorte de derechos que en forma explícita anuncia la oposición, si tuviera el poder para imponerlo. Pero cuando se pasa de los títulos a la letra chica, las posiciones son menos claras. El año pasado, Daer y la mesa chica de la CGT, de la que formaban parte Rodríguez, Martínez, Antonio Caló, Armando Cavalieri y José Lingieri, participaron de un encuentro virtual con la Asociación Empresarial (AEA), con participación destacada de Héctor Magnetto, Luis Pagani y Paolo Rocca, y firmaron un comunicado conjunto. De ese modo, la CGT suscribió sin una sola crítica el pliego de condiciones del poder económico transnacionalizado:

 

  • Papel clave de las empresas privadas y sus cadenas de valor en la salida de la crisis.
  • Políticas específicas para promover el empleo registrado.
  • Movilizar la capacidad productiva y las exportaciones de bienes y servicios.
  • Resultado positivo en las negociaciones con los acreedores externos.
  • Reducir la presión tributaria sobre el sector formal de la economía.
  • Al mismo tiempo, equilibrar las cuentas fiscales, por supuesto sin explicar cómo, dado que la reducción tributaria solicitada, descargaría el equilibrio de las cuentas fiscales sobre los trabajadores y los jubilados.

La última actuación de la Am-Cham, hace apenas tres semanas, fue denunciar el congelamiento de precios de 1.400 productos hasta el 7 de enero como una «bomba de tiempo» y exigir un «plan de estabilización que dé señales claras sobre la política monetaria y fiscal». Esto incluye la devaluación por la que están presionando las empresas exportadoras y la oposición política, y que implicaría una nueva caída en el poder adquisitivo de quienes producen y cobran en pesos. El 95% de las operaciones de cambio se realizan en el mercado oficial, por lo que tomar el paralelo como referencia, sin ninguna necesidad, dado el holgado superávit comercial, es un ataque directo al bolsillo de la población y conspira contra la recuperación económica ostensible. A pesar del congelamiento, el IPC de octubre trepó un 3,5%, porque el control excluyó carne, verduras, frutas, indumentaria y medicina. Será tema de debate a partir de mañana, así como las diferencias entre el secretario de Comercio, Roberto Feletti, y el ministro de Producción, Matías Kulfas. Uno cree que no alcanza, el otro piensa que no sirve.

Este año, Luis Barrionuevo y su minúscula CGT Azul y Blanca consiguieron la reelección de Acuña como triunviro, bloqueando el acceso de Caló, porque para ese sector tanto el metalúrgico como el mecánico Ricardo Pignanelli estarían incursos en pecado de kirchnerismo. Caló quedó relegado a la secretaría de Interior. Tampoco fue incluida en la reorganización la CTA, por temor a que el peso de los delegados de sus principales gremios, estatales y docentes, modificara la relación de fuerzas interna.  Pese a ello, su secretario general Hugo Yasky, se congratuló por la incorporación de Moyano, de los bancarios Sergio Palazzo y Claudia Ormaechea, del mecánico Mario Manrique e insistió en la idea de una mesa que coordine la unidad en la acción de las distintas centrales, para que los trabajadores organizados actúen como contrapeso del FMI y de las corporaciones que intentan condicionar al gobierno.

 

Luis Barrionuevo: el antikirchnerismo militante. Foto, Identidad Sindical.

 

Qué quiso decir

Tanto Alberto como el ministro de Economía Martín Guzmán, recuerdan cada vez que pueden la negociación con los acreedores externos privados, que implicó un ahorro de 37.800 millones de dólares a lo largo de una década. Lo hacen para desacreditar las presiones que les exigen un rápido acuerdo con el otro gran acreedor de la Argentina, el FMI. La vulgata mediática pretende que el presidente y el ministro procuran el acuerdo y que Cristina lo torpedea.

Sería tedioso enumerar las constantes afirmaciones de Alberto y de Guzmán, objetando las condicionalidades que hacen indeseable cualquier acuerdo, a las que se suman el garrotazo de Financial Times al ex niño mimado Guzmán y la ironía de Tucker Carlson en Fox News por las propuestas argentinas sobre la deuda. Carlson representa la extrema derecha comunicacional de su país, es una especie de Milei bien vestido, e incluso durante una semana transmitió su programa desde Budapest, como muestra de solidaridad con su primer ministro Viktor Orban, a quien propone como modelo para el mundo. Por más que se minimice el valor de la palabra, el Poder Ejecutivo acotó así su propio margen para cerrar un acuerdo que complazca a la AEA y que además sea aprobado por el Congreso, una condición que Guzmán puso al asumir y que puede actuar como un arma de doble filo. La deuda es un gigantesco problema en torno del cual se ordenan, o se desordenan, las demás variables económicas y sociales. Alberto anunció el domingo que los acuerdos técnicos alcanzados con el FMI no resignan el crecimiento económico y la inclusión social, cosa que  está por verse.

A una semana de la entrevista de Maurizio Macrì con CÑÑ, nadie ha podido descifrar qué quiso decir, ni por qué lo hizo. Sus asociados en Juntos se agarran la cabeza por esa brusca irrupción en la campaña, que puso el eje en aquello que más convendría evitar: el manejo de la economía y la relación con el Fondo Monetario Internacional. Dijo que usaron la plata del FMI “para pagarles a los bancos comerciales que se querían ir porque tenían miedo de que volviera el kirchnerismo”. Incomprensible, porque no existía tal deuda con ningún banco comercial. «Macrì atrasa 30 años», ironiza un analista.

 

Durante la presidencia de Raúl Alfonsín sí, los principales acreedores de la Argentina eran los grandes bancos internacionales, que, a partir de la crisis mexicana de 1982, corrieron riesgo de quiebra por los impagos latinoamericanos.

Pero sobre el final de esa década, se agotó la práctica de cobrar los intereses mientras se refinanciaba el capital y, ya retirado, Henry Kissinger diseñó el nuevo esquema que aplicarían los secretarios del Tesoro, Nicholas Brady, y de Estado, James Baker. En ningún lado se puso en práctica en forma más extrema que en la Argentina, con las privatizaciones bajo el gobierno de Carlos Menem, que un informe del Banco Mundial de 1991 caracterizó como cuanto más rápidas  más corruptas, y que consistió en cobrarse el capital con el canje de deuda por activos estatales. Este remate a precio vil del capital social acumulado en lo que iba del siglo por varias generaciones de argentinos limpió la deuda acumulada. La deuda posterior, a la que se refiere Macrì, no era con bancos comerciales sino con fondos de inversión que compraron bonos argentinos.

Pero Macrì no sólo tiene un desfasaje de décadas, sino también de años. Esos fondos de inversión comenzaron a desprenderse de papeles argentinos en 2016 y aceleraron la estampida a fines de 2017, después de la victoria del macrismo en las elecciones de medio término de ese último año, el momento en que más lejano parecía un regreso kirchnerista. Y el endeudamiento con el Fondo, fue anunciado por Macrì el martes 8 de mayo de 2018. Antes y después es una secuencia tan sencilla como subir o bajar. Pero al ex presidente que bajó la inflación al doble no se le dan bien. Él cree que lo que pasó ayer es consecuencia de lo que ocurrirá mañana.

Cuando intentó aclarar sus palabras, en la señal de noticias del Grupo Clarín, Macrì reiteró lo que ya le había dicho a CÑÑ en el momento en que el FMI aprobó el préstamo: que se trató de una decisión política del gobierno estadounidense de Donald Trump para “administrar la transición hacia un segundo mandato”.

El oficialismo decidió pedir explicaciones. La Procuración del Tesoro reclamó a la jueza María Eugenia Capuchetti que indague a Macrì y lo procese, por malversación de fondos públicos, y la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda Externa citó al ex presidente y a los funcionarios económicos de su gobierno para que precisen dónde fueron a parar los miles de millones de dólares prestados por el FMI.

Mick Jagger hay uno solo

Macrì cree que se instala en la grilla de candidatos presidenciales con estas apariciones públicas, más sus anunciadas coincidencias con Javier Milei. Coincide también en esto con Patricia Bullrich, quien debió escuchar en pleno acto de cierre de campaña, el repudio  a Milei de parte de los asistentes. Bullrich también intercambió buenos deseos presidenciales con Gerardo Morales, sugiriendo que ambos ex ministros de Fernando De la Rúa cuando se rebajaron los ingresos nominales de trabajadores estatales y de jubilados, podrían compartir una fórmula. Es comprensible la afinidad que sienten el carcelero de Milagro Sala y la protectora de Luis Chocobar y el disparo por la espalda al ladrón que huye, entre ellos y con el aspirante a productor de queso gruyere José Espert.

Desde el oficialismo conceptualizaron que Milei no sería de ahora en más otra cosa que una colectora de Cambiemos. El economista que plagia a los maestros de la escuela austríaca se presenta como un joven rebelde, pero es un señor de 51 años y las actividades de campaña lo dejan de cama, aullando por calmantes. Mick Jagger hay uno solo.

Esta promiscuidad de Macrì y Bullrich con un competidor no sólo fastidia a Horacio Rodríguez Larreta, quien es la figura central de ese conglomerado político. También descoloca al mediático Facundo Manes, que es la carta UCeeReista para volver a jugar en las ligas mayores. No es lo mismo Manes que Morales. Milei es la versión más explícita de una interpretación retrógrada de la historia argentina. Su segunda en la lista reivindica la dictadura y niega sus crímenes, y uno de sus militantes se grabó destruyendo una mayólica con un pañuelo de las Abuelas de Plaza de Mayo. También cree que Domingo Cavallo fue el mejor ministro de Economía de la historia y excluye a Macrì de su definición de «casta política», porque tenía buenas ideas pero no lo dejaron gobernar sus socios radicales, cívicos libertadores y las «palomas del PRO». Es decir aquellos que lo abuchearon cuando hablaba Bullrich.

 

Milei debe inyectarse por el dolor después de cada show.

A caballo

 

A caballo de las contradicciones tanto del gobierno como de la oposición, hace equilibrios el gobernador cordobés Juan Schiaretti, quien tanto podría encabezar una liga antikirchnerista de gobernadores del peronismo conservador (el sanjuanino Uñac, el entrerriano Bordet, entre los más decididos, aunque en el Litoral la derrota fue estridente a manos de Rogelio Frigerio), como acompañar a Macrì en su ilusorio segundo tiempo, realidad aumentada de Miguel Pichetto, de buen manejo en los medios pero a quien sólo vota su familia. En apoyo de las candidaturas de su esposa y de la nieta del ex gobernador Arturo Zanichelli, Schiaretti decidió profundizar la fantasía de Córdoba como fortaleza sitiada por la Nación, a la que tiende a confundir con los bonaerenses y porteños, que subsidian sus propios servicios y discriminan al cordobesismo. En esto tiende a unificar a Cristina y a Macrì, porque dice que ambos chocaron la economía.

Macrì le respondió con benevolencia. “Las campañas hacen que gente inteligente diga cosas en las que no cree. En privado, el gobernador me dice otra cosa”, dijo desde la bolsa de comercio de Córdoba. En el Frente de Todos, las respuestas fueron tibias porque buena parte de su dirigencia local carece de inserción territorial y especula con un regreso al redil cordobesista pasada esta confrontación. Incluso, el cabeza de lista a diputados, Martin Gill, especula con una hipotética candidatura a la vicegobernación junto con el alcalde de la Capital, Martín Llaryora.

La única que recogió el guante fue la segunda de la lista, Olga Riutort. Exposa y ex ministra de José Manuel de la Sota, a sus 72 años Riutort no tiene pelos en la lengua. Tampoco tiene recursos para difundir sus posiciones más allá de las redes, porque todos los fondos de campaña fueron centralizados en el cabeza de lista al Senado, Carlos Caserio, cuyo dominio sobre el valle de Punilla no garantizo que la lista pasara  del 10% de los votos, menos de lo que el kirchnerismo puro y duro obtuvo en elecciones anteriores, cuando los candidatos fueron Carolina Scotto y Pablo Carro. Hoy buena parte de los intendentes que lo acompañan, fiscalizarán para Schiaretti.

 

Según Riutort, cuando Macrì era presidente, en 2018 y 2019, la Nación sólo financiaba un tercio del costo del transporte cordobés. Este año, en cambio, la Nación sufragó el 74%  y Schiaretti apenas el 26%. Agregó que como diputado del oficialismo provincial, Llaryora aprobó en el Congreso el pacto fiscal de Macri, mediante el cual “los cordobeses renunciábamos a los subsidios al transporte; y ahora se quejan. Eso es una actitud claramente hipócrita”. Añadió que otro tanto ocurre con la tarifa eléctrica. Aunque la Nación cubre a todo el país con el mismo dinero por kilovatio producido, en la distribución cada provincia fija el precio, que en Córdoba es 70% más cara que en Santa Fe o 90% más cara que en Mendoza.

 

 

 

Mal dormido al regreso de Glasgow, Alberto tuvo palabras poco felices, deseando que Córdoba se integre a la Argentina. La violenta respuesta del vencedor en las PASO para el Senado, empequeñeció el error presidencial. “Lo voy a cagar a trompadas” fue el comentario de Luis Juez, del PRO. Su principal competidor por el cetro del humor guarango, La Mole Moli, declaró que si Cristina fuera candidata ganaría las elecciones en Córdoba.

La violencia no es sólo verbal. El asesinato del kiosquero Roberto Sabo en Ramos Mejía, conmovió al barrio más próspero de La Matanza, cuyo repudio al gobierno nacional no se reflejó en las urnas: el FdT le sacó casi veinte puntos a Juntos. La movilización frente a la comisaría donde estaban detenidos los presuntos autores del crimen fue reprimida con gases lacrimógenos, por orden del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quien está en campaña en pos de la presidencia de la Nación, según anunció el mes pasado. Luego de las PASO también informó que  pasados los comicios legislativos renunciaría al ministerio y al Frente de Todos, a cuya conducción destrató con palabras más ásperas de las que dedica a la oposición. Pero ahora se retractó, con una alusión a la responsabilidad.

El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.