ASÍ PASE MEDIO SIGLO

Los Familiares de Trelew seguimos en busca de Memoria, Verdad y Justicia por los 19 fusilados.

 

Roberto Guillermo Bravo, quien el 22 de agosto de 1972 fuera torturador, responsable operativo y principal fusilador de los 19 presos en la Base Aeronaval Almirante Zar, vive hoy como hace más de 49 años en los Estados Unidos y fue encontrado responsable por el fusilamiento de 19 presos políticos, por un jurado de siete miembros, en un tribunal de Miami.

Mi papá, Alberto Miguel Camps, quien se encontraba último en la fila, logró sobrevivir a los disparos de ametralladoras PAM arrojándose dentro de su celda. Dichas ráfagas mataron en el instante a la mayoría de sus compañeros. Luego vendrían los tiros de remate. Bravo caminó impune entre ellos con su Colt 45 en mano, dando el tiro final a los que gritaban de dolor o aún respiraban.

Cuando llegó a la celda de mi padre, lo obligó a formarse junto a su compañero Mario Delfino, con las manos en la nuca, y les dio la opción de firmar una declaración. Ante la negativa, mi papá recibió un tiro a la altura del abdomen, quedando gravemente herido. Mario Delfino murió ese día a manos de Bravo: la misma oferta, la misma respuesta y el mismo disparo. Mi papá fue depositado durante horas en uno de los pasillos de la base mientras se desangraba junto a otros cinco compañeros. Tres lograron sobrevivir, entre ellos mi padre.

Cincuenta años después, dentro del edificio de la corte de Miami, Bravo camina delante de nosotros con una tobillera que vigila sus movimientos. El mismo estado que lo protegió y brindo toda su comodidad durante décadas hoy lo monitorea dentro del tribunal, donde se lo llama a dar explicaciones por la masacre.

Bravo causa horror con frases como «le disparé a Pujadas varias veces y seguí hasta que se me acabaron las balas», «la de Lanusse fue una dictadura benévola, él buscaba la democracia», o «me fui porque la Argentina no era un país seguro para vivir». Su abogado, mister Davis, en un intento desesperado de defensa, suelta: «Bravo no tenía intenciones de matar a nadie y todos sabemos que en la Argentina los militares sí sabían como matar gente »

Los siete miembros del jurado —en su mayoría, trabajadores de Miami— deben asistir a la macabra escena de un hombre mayor explicando que no quiso matar abriendo fuego con una ametralladora a un grupo de 19 personas que se encontraban frente a él en un pequeño pasillo.

 

 

 

 

 

 

El peritaje

El perito Pregliasco.

La indiscutible perla del juicio fue el testimonio del doctor en física del Instituto Balseiro, Rodolfo Pregliasco, a cargo de la reconstrucción de la escena. Su cálculo de la trayectoria y dirección de un disparo fue clave para el jurado, dejando el argumento de Davis fuera de combate. Pregliasco partió de la foto de una revista en la que se veían dos orificios de bala. Según Bravo, Pujadas le arrebató el arma al capitán Sosa, cayeron al suelo y desde allí Pujadas disparó contra Bravo, quien respondió a la agresión. El perito pudo acceder a la base, encontró la puerta, le quitó la pintura y la masilla con que habían tapado el orificio. Trazó la proyección del cono y constató una inclinación según la cual Pujadas debería haber disparado desde arriba de la cabeza, tal como en esta foto muestra el propio perito. Esto fue fundamental para convencer al jurado.

 

 

Mariano Alfredo Humberto Camps narra el trabajo del perito.

 

Veredicto

Tras dos horas de deliberación, los siete miembros del jurado dieron su veredicto en forma unánime, encontrando a Bravo responsable de la Masacre de Trelew.

Alberto Miguel Camps sobrevivió a sus gravísimas heridas, como así también María Antonia Berger y Ricardo Rene Haidar. Juntos declararon la verdad sobre el operativo de la Masacre de Trelew y sus testimonios se convirtieron en base documental para este juicio civil en los Estados Unidos, pero también para el juicio penal que se desarrolla en nuestro país y que ahora requiere la extradición de Bravo para ser juzgado por crímenes de lesa humanidad. Mi padre honró a sus compañeros fusilados dándome tres nombres:

  • Mariano, por Pujadas;
  • Alfredo, por Kohon y
  • Humberto, por Toschi

Por los 19 fusilados y por los 30.000. Presente ahora y siempre.

 

La Armada sacó a Bravo de la Argentina para preservarlo, y durante más de tres décadas no se conoció su paradero. Lo esclareció en 2008 el tenaz investigador periodístico Diego Martínez, autor de la más completa reconstrucción sobre los crímenes de la dictadura en su ciudad, Bahía Blanca. Esta nota sobre Bravo no ha perdido interés en tres lustros.

 

 

 

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