Cuando tú no estés

Trump no brega sólo por su cargo, sino también por su libertad

 

Las proyecciones con base en la cuenta de votos permiten augurar que Joe Biden es el Presidente electo de los Estados Unidos. Pero la diferencia es tan estrecha que en algunos Estados se realizará un recuento de votos. Por lo tanto, la declaración oficial de su virtual triunfo se realizará en cámara lenta. Las grandes cadenas de televisión se adelantaron a proclamar su victoria y hubo multidudes de festejo en las calles de Washington y Nueva York, entre otras ciudades.

Las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos tienen un significado histórico no solo porque se presenta la oportunidad para conciliar una sociedad crispada y extremadamente polarizada —el mayor legado del Presidente Trump— sino porque su obsesión por mantenerse en la Casa Blanca podría producir una ruptura del orden institucional en ese país. Con el irrespeto a la institucionalidad y el desprecio por la verdad que caracterizan al Presidente, se autoproclamó ganador la noche del día de la elección, cuando había decenas de millones de papeletas sin contar. Pero no tuvo respaldo interno.

La contabilización de votos, con los que también se eligen 35 de los 100 miembros del Senado y los 435 escaños de la Cámara de Representantes, no ha concluido todavía, pero se proyecta que el Partido Demócrata mantendrá la mayoría en la Cámara de Representantes, mientras que en el Senado hay un empate que será definido en una elección el 5 de enero en el estado de Georgia. Por ahora, Joe Biden (50,5%) tiene casi 5 millones de votos más que Donald Trump (47,7%). Pero en Estados Unidos el sistema de elección presidencial es indirecto. Es decir, los ciudadanos no definen directamente la elección, algo profundamente antidemocrático y obsoleto.

Lo hacen a través de un Colegio Electoral compuesto por 538 delegados repartidos en los 50 estados en proporción al tamaño de su representación en el Congreso. El sistema establece que el ganador en un estado (salvo Maine y Nebraska) se lleva todos los votos de los delegados. Por eso, ganar en los denominados estados pendulares —aquellos que no tienen un patrón definido de voto— es fundamental para llegar a la Casa Blanca. En estos (Florida, Wisconsin, Michigan, Minnesota, Ohio, Pennsylvania y Carolina del Norte) se concentra la campaña electoral.

Desde que Trump asumió el gobierno, uno de sus objetivos centrales ha sido lograr la reelección y ha estado dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirlo. El irresponsable manejo de la pandemia, poniendo sus intereses electorales por encima de la vida de sus compatriotas, lo pinta de cuerpo entero.

Meses antes de la elección, el Presidente de la primera potencia del mundo declaró en reiteradas oportunidades, y con total desenfado, que no reconocería los resultados de la elección, salvo que le fueran favorables. Según Trump, su derrota solo podría explicarse por la existencia de un fraude. Una afirmación de este calibre, en otro país del continente, hubiera encendido las alarmas de la OEA y se hubiera invocado la Carta Democrática Interamericana. Pero no todo se mide con la misma vara.

Asimismo, Trump había manifestado que, si todos los estadounidenses votaran, no podría ganar la elección; ni él, ni ningún candidato republicano. Por eso lideró un operativo que incluyó dos componentes: el primero, instalar en la opinión pública la desconfianza en el proceso electoral. Sin ninguna prueba, predicó recurrentemente que las elecciones de 2020 estaban manipuladas, que habría fraude en la cuenta de los votos emitidos por correo y, por ello, el ganador debería ser proclamado el mismo día, sin esperar su contabilización que, debido a la pandemia, fue una vía muy utilizada para la votación, especialmente por los demócratas.

De nada sirvió que el director del FBI, Christopher Wray, afirmara, en septiembre, que “históricamente, nunca se ha detectado ningún tipo de esfuerzo coordinado de fraude electoral nacional en una elección importante, ya sea por correo o en persona”. Fiel a su estilo imperial, Trump despediría a Wray “cuando gane el segundo mandato”.

Tradicionalmente, el voto anticipado, tanto presencial como por correo, ha sido ejercido por los demócratas. Debido a la pandemia se estima que dos de cada tres demócratas votaron por correo, cuya cuenta toma más tiempo. Además los republicanos han conseguido que en algunos estados críticos el escrutinio no pueda realizarse con antelación al cierre de las votaciones. Los votos presenciales emitidos el día de la elección, en los que se estima que participan más republicanos, son fáciles de contabilizar y son los primeros en difundirse. Por eso parte del plan de Trump ha sido instalar la idea de su triunfo, de un fraude en su contra, y apelar a los tribunales para suspender el escrutinio. Además, se utilizarían las redes sociales para divulgar información falsa.

El segundo componente del operativo fue dificultar el voto anticipado con medidas, que varían según los Estados, pero que pueden resumirse en la presión para impedir el voto por correo, reducir el presupuesto del Servicio Postal de Estados Unidos (USPS), restringir el número de urnas en los estados donde se permite la votación anticipada, así como también el día de la elección, entre otras. Por ejemplo, en Texas, un Estado tradicionalmente republicano, que en las encuestas estaba siendo disputado fuertemente por los demócratas, se estableció que para la votación anticipada solo habría una urna por condado, inclusive en aquellos que superan los dos millones y medio de habitantes.

En un intento por restringir el número de votantes, se apeló a la Corte Suprema para que esta eliminara la prerrogativa histórica del estado de Pennsylvania de permitir el recuento de las boletas recibidas hasta tres días después del día de elección. A pesar de que seis de sus nueve miembros son allegados a Trump ­—tres de ellos nombrados por él—, la Corte rechazó el pedido y mantuvo el plazo de tres días adicionales para el recuento.

Esta decisión encendió la ira del Presidente quien la víspera de la elección señaló en un tweet que la decisión de la Corte Suprema sobre el voto en Pennsylvania «es muy peligrosa”. Sin fundamento añadió que “permitirá mucho fraude y socavará todo nuestro sistema de leyes. También provocará violencia en las calles. ¡Algo tiene que hacerse!” En efecto, imponer el miedo y la violencia es parte del plan. No en vano muchos comercios en las principales ciudades del país han sido cubiertos por placas de maderas, y la Casa Blanca se ha convertido en un bunker rodeado por vallas metálicas.

A Biden le faltaban en la medianoche del viernes 17 votos del Colegio Electoral para conseguir los 270 requeridos para ganar la presidencia. Es altamente probable que el resultado de la votación de Arizona, en manos del partido republicano, le otorgue 11 delegados del Colegio Electoral, por lo que le faltarían solo seis votos para conseguir la presidencia. Hasta el miércoles, la mirada estaba puesta en el estado demócrata de Nevada donde si bien Biden continúa liderando los resultados parciales, la votación es reñida. La ratificación de la tendencia que lidera el ex Vicepresidente en ese estado, lo llevaría a la presidencia, si también gana Arizona.

Hasta el miércoles, Biden había triunfado en dos de los tres estados que conforman la “muralla azul”, Wisconsin y Michigan, todos ellos en manos del partido republicano. Faltaba Pennsylvania, donde Trump le llevaba una larga ventaja. Si ganaba Arizona y Nevada, no hacía falta ganar ese estado para alcanzar los 270 votos electorales.

Para desdicha de Trump el jueves se inició el recuento de los votos emitidos por correo, en el estado de Pennsylvania, que otorga 29 delgados. La amplia ventaja de Trump al inicio del escrutinio en ese estado empezó a disminuir, hasta revertirse a favor de su contrincante en 24 horas. Lo mismo ocurría en el estado republicano de Georgia, que otorga 16 delegados. Es entonces cuando el Presidente Trump se proclama nuevamente ganador desde la Casa Blanca y señala, sin prueba alguna, que los demócratas le estaban robando la elección.

Las cadenas televisivas privadas (ABC, NBC, CBS, MSNBC y Univisión) así como la televisora pública PBS cortaron la transmisión de su mensaje debido a afirmaciones falsas o sin sustento.  Asimismo, la CNN y algunas redes sociales alertaron sobre la falta de pruebas en las acusaciones realizadas por el presidente.

A pesar de las invocaciones realizadas por los hijos de Trump para que los líderes republicanos apoyaran a su padre, la mayoría de sus correligionarios ha enmudecido. De los que se pronunciaron, solo una minoría lo respaldó, como la gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, al aducir que Trump estaba luchando contra «sistemas electorales manipulados». La mayoría criticó duramente los comentarios de Trump pues “socavan el proceso político de Estados Unidos y la noción fundamental de que todos los estadounidenses deberían tener su voto contado”. Inclusive algunos como Adam Kinzinger, un republicano de Illinois, tuiteó que las afirmaciones de fraude del Presidente son una locura. En general, coincidieron en señalar que, si Trump tiene preocupaciones «legítimas» sobre el fraude, deben basarse en pruebas y llevarse a los tribunales. Hasta el senador republicano Marco Rubio expresó que “tomarse días para contar los votos emitidos legalmente NO es un fraude».

Donald Trump no está acostumbrado a perder, aunque sí conoce la experiencia. En las elecciones legislativas de 2018, el partido Demócrata le arrebató el control de la Cámara de Representantes, cuya presidencia fue asumida por la demócrata Nancy Pelosi, una de las figuras más perturbadoras para el todavía Presidente.

Es difícil imaginar que Trump se resigne a ser el décimo Presidente de la historia de ese país en no ser reelecto. Además, al Presidente lo estarían esperando los tribunales de justicia. Entre otros, deberá enfrentar dos investigaciones llevadas a cabo por el fiscal de Manhattan, Cyrus Vance Jr, sobre asuntos penales derivados de actividades empresariales y financieras presuntamente delictivas.

La revista New Yorker ejemplificó ese riesgo con una viñeta insuperable, que ilustra esta nota.

Sus probables reacciones preocupan a muchos gobiernos. La ministra de Defensa de Alemania, Annegret Kramp-Karrenbauer, advirtió que Estados Unidos está enfrentando una “situación muy explosiva”. El anuncio de Trump de impugnar el resultado de las elecciones en los tribunales puede desencadenar “una crisis constitucional en Estados Unidos”.

Un informe publicado días antes de la elección, por el International Crisis Group (ICG), advirtió que “un Estados Unidos amargamente polarizado enfrentará un peligro desconocido» en los próximos días. El ICG enumera varios factores que podrían resultar en violencia. Entre otros, menciona la desinformación on line y discursos de odio, controversias recientes en torno a la justicia racial en Estados Unidos, el aumento de grupos armados. Asimismo, responsabiliza a Trump de la violencia potencial y señala que su «retórica tóxica y su voluntad de incentivar conflictos para promover sus intereses personales no tienen precedentes en la historia moderna de Estados Unidos».

A pesar del proyectado triunfo de Biden, y el hecho de que Trump enfrenta un camino difícil para lograr que intervenga la Corte Suprema mientras no demuestre pruebas de fraude, el escenario es incierto. Voceros de la campaña de Trump han señalado que esta elección no ha terminado y que nadie debería esperar una concesión de su parte, a lo que un portavoz de Biden ha respondido que, si Biden gana y Trump se niega a ceder, “el gobierno de Estados Unidos es perfectamente capaz de echar a los intrusos fuera de la Casa Blanca”.

Esta elección ha demostrado que Trump tiene el respaldo de casi la mitad de los estadounidenses y si se consolida el triunfo de Biden, será por un margen relativamente estrecho. Las encuestadoras han fracasado nuevamente, y no se ha producido la marea azul que pronosticaban. En cualquier caso, Joe Biden es la mejor opción para intentar conciliar una sociedad polarizada y reconstruir las organizaciones y acuerdos multilaterales que Trump destruyó a lo largo de su mandato.

 

 

 

 

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