El maestro de Marthita

La música que escuché mientras escribía

 

Hace unos meses te conté sobre la extraordinaria relación de Martha Argerich con Perón. Hija de dirigentes estudiantiles antiperonistas de ciencias económicas (radical el padre, socialista la madre), dio su primer concierto como niña prodigio en 1945, al tiempo que nacía el peronismo. Hay algunas discrepancias de detalle en lo que sigue, pero no son de fondo. La versión que publicamos en El Cohete dice que tenía 12 años cuando la citó Perón, que había enviudado poco antes, y le preguntó:

¿Adónde te gustaría ir, Ñatita? .

—A Viena, para estudiar con Friedrich Gulda— le contestó.

Otro relato dice que fue Gulda quien tomó la iniciativa, un año después y convenció a sus padres de que la llevaran a Viena para tomar clases con él. Esto es notable, porque el pianista austríaco, que desde sus veinte años gozaba de un enorme reconocimiento internacional como intérprete de Bach, Händel, Beethoven, Schubert, Mozart y Chopin, entre otros, nunca se interesó por la enseñanza y su único discípulo conocido además de Marthita fue el gran director Claudio Abbado.

Como fuera, hay dos cuestiones indisputables: el apoyo de Perón para que pudiera viajar, designando a sus padres en la embajada argentina en Viena, y sus estudios con Gulda. "A ninguno de los dos le hizo mucha gracia que yo pudiera ir a estudiar y que ellos consiguieran trabajo en el exterior gracias a Perón", contó ella.  El resto de esa historia podés verlo aquí.

Pero hoy el tema no es Argerich sino Gulda. Escuchá esta versión de la Fantasía Cromática de Bach y decime si no se justifican todos los elogios que cayeron sobre él, de un modo que sólo igualó luego Glenn Gould.

 

 

 

 

 

Y aquí tenés todas las sonatas de Beethoven para piano, acompañado por  Pierre Fournier, un cellista tan inmenso que sobrevivió a su contemporaneidad con Pau Casals.

 

 

 

 

 

Bastante después Argerich también las grabó, con Misha Maisky.

 

 

 

 

 

 

Rompió todos los moldes. Se vestía como un linyera, su segunda esposa fue la pianista japonesa Yuko Wakiyama, y con la tercera, la cantante Ursula Anders, planteó un recital ambos desnudos. Anunció su propia muerte y luego organizó una fiesta de resurrección.

Como el repertorio clásico no le bastaba, Gulda decidió no reprimir su pasión por el jazz. Se cubrió con un gorrito de colores y grabó dúos de piano con Herbie Hancock, quien había reemplazado nada menos que a Bill Evans en la formación de Miles Davis, y con Chick Corea. Entre las cosas que encontré con autorización para reproducir está este trío con Jimmy Rowser y Albert Heath.

 

 

 

 

 

En general no me atraen los peces fuera del agua (como Barenboim o Mercedes Sosa metiéndole al tango), pero me parece que esto se deja oír.

 

 

 

Gulda con Yuko Wakiyama, su segunda esposa.

 

 

 

 

 

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