Estado terminal

La Fuerza Aérea renuncia a ser una aviación de combate

Brigadier Valverde, jefe de la Fuerza Aérea Argentina.

 

La Fuerza Aérea Argentina se encuentra en un estado terminal, no porque lo hayamos advertido desde estas páginas y otras publicaciones. La diferencia es que ahora lo reconocen los medios especializados, que habían celebrado la llegada de los aviones F-16, y los propios voceros libertarios como Nicolás Promanzio, que a principios de año defendían el insostenible presupuesto para el Ministerio de Defensa 2026 y que ahora piden echar a un número considerable de efectivos militares de esta Fuerza con el argumento de que no hay plata. También afloran, pese a la prohibición del ministro de Defensa, Carlos Presti, expresiones de queja y sorpresa, luego de que un porcentaje abrumador de militares votaran de forma masiva a los libertarios en 2023 y 2025, por esta situación que era más que anunciada.

Pese a este estado de situación, muchos todavía sostienen —como en el caso de otras políticas del gobierno que están haciendo agua— que la responsabilidad es del peronismo. Más allá de la autocrítica que se puede hacer al respecto, los números muestran otra cosa, como reflejamos en una nota previa. Por un lado, el presupuesto en defensa como porcentaje del PBI fue del 2% en 1989 y del 0,9% en el 2001, luego de los gobiernos neoliberales de Carlos Menem (1989-1999) y Fernando de la Rúa (1999-2001). Esta cifra se mantuvo en torno al 0,8% durante los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) y se desplomo durante los gobiernos de Mauricio Macri (2015-2019) y a la fecha con Javier Milei al 0,5% del PBI; pese a que durante la gestión de Alberto Fernández (2019-2023) se recuperó y se aprobó el Fondo Nacional de Defensa (FONDEF), derogado en la Ley de Presupuesto 2026.

Lo que no entienden o no quieren entender es que la Función Defensa, que agrupa a los programas destinados al alistamiento, adiestramiento y sostenimiento de la operación de las Fuerzas Armadas, se recuperó en dólares durante la gestión del peronismo y se derrumbó durante los gobiernos de derecha. Por ejemplo, y de acuerdo con un informe del Ministerio de Economía, el año pasado cerró en 0,28% del PBI.

En cuanto a los salarios, es imposible ocultar el sol con las manos. El jueves 30 de julio, el jefe de Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier general Gustavo Valverde, informó que el Estado tiene que invertir entre 4 y 5 millones de dólares a lo largo de ocho años para formar a los pilotos del F-16, los cuales (no sus instructores) cobran 1.300.000 y 1.500.000 pesos (primer teniente). En otras palabras, estamos formando pilotos para que luego pasen a trabajar en el sector privado.

 

 

 

El derrota autoinflingida de la Fuerza Aérea

Los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina, como los de la Armada Argentina, también chicos de Malvinas, le ocasionaron la mayor cantidad de hundimientos y de buques dañados al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En efecto, el combate que presentaron oficiales, suboficiales y soldados fue descomunal —y así lo reconocen los británicos—, pese a la tecnología, la logística, el planeamiento y las decisiones tomadas en el Nivel Estratégico Nacional. Pero, como me enseñó un capitán de dicha Fuerza que tuve de estudiante en la Maestría en Defensa Nacional, lo que está mal decidido y planificado en el Nivel Estratégico Nacional y Militar no se corrige en el Operacional y Táctico. Así ocurrió en la Guerra del Atlántico Sur y otra vez volvemos a tropezar con la misma piedra. El problema no son los pilotos; los combatientes.

 

Los Pucará, símbolos de los combates en Malvinas.

 

En efecto, los integrantes de la Junta Militar de la genocida última dictadura y sus asesores más cercanos fueron unos inútiles que pensaron que Gran Bretaña no respondería a la acción militar argentina para recuperar nuestras islas y espacios marítimos, y que Estados Unidos nos apoyaría o, al menos, se mantendría neutral. De la misma manera, el gobierno libertario, su presidente, asesores, el canciller y sus colaboradores de la periferia, sostienen públicamente que Gran Bretaña, pese a que ocupa ilegal e ilegítimamente casi el 25% de nuestro territorio, no es una amenaza, y que Estados Unidos apoyará el reclamo argentino. Al día de la fecha, la alianza anglosajona, que se remonta a principios del siglo XIX, se mantiene firme. El gobierno libertario ha construido una política exterior no en función de nuestros intereses vitales y estratégicos sino en base a alianzas ideológicas —como ya hemos explicado—, que está destruyendo el apoyo de los países africanos y árabes a la Cuestión Malvinas. Asimismo, emite el DNU 681/2026 contra los extranjeros que insulten a nuestro país y símbolos patrios, pero está dispuesto a entregar tierras a extranjeros en zonas de fronteras y lugares estratégicos, afectando la seguridad nacional, a contramano de lo que hacen, por ejemplo, Israel y Estados Unidos. En este mismo sentido, el gobierno no ha protestado ni ha implementado políticas contra la empresa Navitas Petroleum; solo se dedica a viajar para recibir premios falopas e insultar a aliados estratégicos de la Argentina.

Pero más allá de estas decisiones del Nivel Estratégico Nacional, la Fuerza Aérea Argentina fue la que insistió con una carta al ministro de Defensa para que se compraran los aviones F-16, cuando todavía existía la posibilidad de adquirir otra plataforma, sabiendo las restricciones políticas, estratégicas y, probablemente, tecnológicas y logísticas que tendrán estos aviones estadounidenses para operar en el Atlántico Sur. Es decir que la plana mayor de la Fuerza Aérea Argentina no consideró en sus escenarios para efectuar esta recomendación que pudiera llegar a operar como lo hizo en la Guerra del Atlántico Sur (1982).

En otras palabras, la conducción de la Fuerza Aérea Argentina, y muchos de sus oficiales, en sintonía con los colaboradores de la periferia, como el ya mencionado ¿ex? funcionario Promanzio y ¿ex? funcionario Juan Battaleme —que apoyó la compra de los F-16 en un órgano de información del Ministerio de Defensa británico—, han renunciado a ser una aviación de combate.

Son inútiles funcionales a Gran Bretaña o consideran que las Islas no son argentinas. Por ello, la Embajadora británica se mostró satisfecha con esta compra.

 

No son solo ellos

La Fuerza Aérea Argentina hizo su parte con el asesoramiento, pero fue la conducción política del Ministerio de Defensa la que firmó el contrato. Fue la conducción civil la que decidió comprar el F-16 y no optar por la oferta China, o por una opción que hubiera implicado una asociación con la India, pero que era (ay, la palabra maldita en Argentina) un trabajo binacional de mediano plazo. Mediano plazo —valga la redundancia— al que apostó Brasil y que hoy le permite fabricar submarinos convencionales y de propulsión nuclear, y aviones multirol de última generación.

Como hemos sostenido, la Argentina no tiene Der Wille. La Argentina no negocia diplomáticamente con el apoyo de su política de defensa, lo cual implica iniciar las negociaciones en una posición de clara desventaja en temas de agenda relacionados a los intereses vitales y estratégicos.

Esa falta de Der Wille no es solo de la conducción de la Fuerza Aérea Argentina, sino también de las elites argentinas; de los civiles. No es necesario hacer una encuesta para corroborar esta afirmación porque cuando se vote en el Senado, el próximo 6 de agosto, la propuesta de ley para permitir que los extranjeros compren tierras argentinas, en ese momento tendremos una fotografía precisa de quiénes tienen el corazón en Westminster.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí