Jorge y Horacio

Una despedida desde la tristeza, la admiración y la gratitud

 

Hoy me voy a permitir escribir sin desplegar la estructura clásica de hipótesis-tesis-demostración. Hoy me voy a permitir escribir sin data que soporte lo que escribo. Hoy me voy a permitir escribir desde los sentimientos, desde la tristeza.

Hoy voy a escribir sobre dos gigantes morales a los que admiraba, a los que quería, a los que asesinó esta maldita pandemia y a los que seguiré admirando y queriendo.

Durante la pandemia morimos aislados, solos, ahogados, con tubos y cables entrando y saliendo de nuestros cuerpos dormidos.

Por temor al virus, no despedí a los dos gigantes, no les brindé mi último homenaje, no saludé a sus familiares… y esta tristeza me perseguirá por el resto de mi vida.

Hay algo en común, un nexo macabro, entre el virus que ya mató a más de 90.000 argentinos y los genocidas de la dictadura cívico-militar-eclesiástica que desaparecieron a nuestros 30.000 compañeres.

Esta pandemia mató a dos muy queridos y admirados amigos, a dos comprometidos militantes populares, a dos imprescindibles: Jorge y Horacio; hoy quiero hablar sobre ellos, recordarlos.

Jorge Watts, el estudiante de la FI-UBA que en los ‘70 se proletarizó para pelear por una sociedad más justa, el sobreviviente del Vesubio, el que después de ser “blanqueado” por sus torturadores se prometió, nos prometió y sobre todo les prometió a los genocidas, que iba a dedicar lo que le quedase de vida a luchar por lograr la aplicación de las leyes; a pesar de un Poder Judicial, que salvo honrosas excepciones, no merece ser confundido con La Justicia. Jorge declaró en juicios, dio charlas en universidades, en escuelas, en barrios, escribió, marchó y nos educó durante su larga lucha por lograr Justicia.

Horacio González, el intelectual que vivió la política con pasión, como herramienta de construcción del país que él soñaba… y que nosotros soñamos y seguiremos soñando. Las imágenes se superponen: Horacio en las calles marchando, Horacio en la Biblioteca Nacional, que bajo su dirección pasó de ser un depósito de libros a constituir un espacio vibrante de debates y creación intelectual, Horacio debatiendo, analizando, educando.

Horacio fue Carta Abierta, un fenómeno único político-intelectual que hoy es parte de nuestra mejor historia. Las asambleas de Carta tenían un momento especial, cuasi religioso o mágico: el momento en que Horacio hacía uso de la palabra analizando, proponiendo, nunca dejando de usar un lenguaje elaborado y preciso.

Horacio enseñándonos que el lenguaje no es imparcial, que no es neutro, que hay un lenguaje del opresor y hay un lenguaje del oprimido.

Horacio siempre escribiendo: libros, cartas abiertas, artículos, prólogos que transformaban esos libros en sus apéndices, como mi libro sobre políticas de ciencia y tecnología, que es un apéndice del prólogo que generosamente le escribió.

La escritura de Horacio era, al menos para un ingeniero como yo, muy compleja; me costaba leerlo y necesitaba muchas veces que con su humildad, paciencia y generosidad, poniéndome en un lugar de par que obviamente no me correspondía, discutiese conmigo sus escritos para ayudarme a transitarlos.

Jorge se incorporó a la política en los ‘70 en Vanguardia Comunista, donde tuve el honor de militar. Horacio en el Peronismo Revolucionario, en las Cátedras Nacionales.

Ambos, Jorge y Horacio, pertenecieron a una generación que parió héroes y mártires; ambos se encontraron y nos encontramos en ese maravilloso movimiento nacional y popular con el que Néstor y Cristina volvieron a significar la palabra Patria.

A estos dos imprescindibles del campo nacional y popular los mató el virus. No pudimos protegerlos, como hace años otros no pudieron y no quisieron proteger a los 30,000.

¿Debimos haber hecho más para proteger a Jorge y a Horacio y a los más de 90.000 que hasta hoy ya mató el virus?

Claro que sí.

Claro que debimos haber impedido que la derecha profundizase el drama sanitario a través de sus cloacas escritas, televisivas y radiales, promoviendo más muertes, levantando la cínica consigna de “infectadura”… La derecha siempre vivando a la muerte, como Millán Astray y como lo seguirá haciendo hasta que definitivamente el pueblo la frene.

Claro que debimos haber denunciado a tiempo que cuando hablan de libertad, hablan de la libertad de maximizar sus indecentes ganancias, hablan de la libertad para la timba financiera, sin importarles las muertes. Claro que debimos haber denunciado que la libertad que exigían era la libertad de obtener ganancias al costo de vidas.

Una lúcida compañera definió a Horacio como alguien “muy fraterno”. Sin duda lo era, como lo era Jorge.

¡Chau Jorge! ¡Chau Horacio! Gracias por haber tratado de enseñarnos a pensar, gracias por sus ejemplos de vida, gracias por su nobleza. ¡Ya los estamos extrañando!

Queridos Jorge y Horacio, Revolucionarios, Amigos y Maestros: ¡Hasta la Victoria Siempre!

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí