JUJUY, EL SEXO Y EL INFIERNO

Magalí Medina y la denuncia por acoso sexual al diputado jujueño Nasif

 

La historia de Magalí Maidana ya la escuchamos. No porque se haya replicado en todos los medios provinciales y nacionales, lejos de ello las pocas veces que fue contada fue en su mayoría mal contada, sino porque es la de una mujer de bajos recursos en Jujuy que padece en carne propia la connivencia entre el Poder Judicial y el poder político de la provincia. Lo vimos con la detención de Milagro Sala, que cumplió la semana pasada seis años como presa política. También en otros dos casos que cubrimos en El Cohete a la Luna: la absolución del ex presidente del Superior Tribunal de Justicia, Pablo Baca, quien fue denunciado por violación a Ana Juárez Orieta, y en los fallos del juez Pablo Martín Pullén, quien liberó a Gustavo Fiad, sobrino del senador radical Mario Raymundo Fiad, imputado por abuso sexual contra una menor, y a ​​Juan Carlos Gutiérrez, femicida de Marina Patagua y quien había sido detenido previamente por violencia de género contra la víctima. El pasado 25 de noviembre, que es el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra las mujeres, Magali, acompañada por sus abogadas Claudia González y Natacha Freijo, se presentó en el Juzgado Especializado en Violencia de Género N°2 y denunció por acoso sexual y laboral al diputado provincial José Marcelo Nasif. Éste es parte del partido Encuentro Jujeño, que pertenece al Interbloque oficialista Cambia Jujuy, cuyo referente político es el gobernador Gerardo Morales.

Magalí trabajó de forma precarizada seis años en la sede del partido a cargo de Nasif. Comenzó su labor en 2015. Una tarde mientras caminaba por el centro de San Salvador se cruzó con un grupo de militantes que repartían volantes promocionando la candidatura de Sergio Massa a Presidente. Ella simpatizaba con la propuesta del hoy titular de la Cámara de Diputados, y quiso sumarse. Ese mismo día se entrevistó con Carlos Cantero, entonces candidato a concejal por el Frente Renovador. En aquel entonces el massismo, encarnado a nivel provincial en el partido Encuentro Jujeño, era parte de la coalición Cambia Jujuy armada por Morales para ganar la gobernación. Inició haciendo actividades partidarias propias de la campaña. Al poco tiempo, le contó a Cantero que estaba desempleada y necesitaba un trabajo para mantener a su hijo, entonces de seis años. Fue así como llegó a trabajar a la sede del partido Encuentro Jujeño, dirigida por Nasif.

Criado en el seno de una familia peronista, su padre era un histórico dirigente del partido en Jujuy. Nasif es legislador provincial desde 2015. Su última reelección fue en 2020, fue en la lista del Frente Renovador que acompañaba la reelección de Morales y su vice peronista Carlos Haquim. Nasif tiene una relación personal desde hace muchos años con el gobernador, impulsada por el estrecho vínculo entre sus esposas, Tulia Snopek y Gilda Romero. En la sede partidaria Magalí desempeñaba todo tipo de tareas: desde brindar información sobre los candidatos, empadronar a nuevos militantes, estaba a cargo de la logística del lugar los días de asamblea y hasta se ocupaba de la limpieza. Inclusive muchas veces hacía trabajos particulares para Nasif, como limpiar su casa cuando tenía invitados a comer. Nasif y Romero eran quienes le daban las directivas a diario y arreglaban sus horarios de trabajo. Nunca tuvo un contrato, ni un recibo de sueldo. Cobraba en mano tres mil pesos y además era beneficiaria de un plan Potenciar Trabajo, que gestionó por orden del legislador.

Según relata, en un principio el trato con Nasif era cordial. Se sentía más cercana a su mujer, a quien expresa que le tenía cariño. Pero con el correr de los meses empezó a notar que él la miraba demasiado, le guiñaba el ojo, le sonreía y cuando estaban solos le tocaba los hombros y le hacía masajes. Ella se paralizaba, se sentía incómoda. Con disimulo corría su cuerpo tensionado y se alejaba de él. Nunca decía nada. Tenía miedo de perder el trabajo. “Me agarraba del cuello, de los hombros e incluso llegó una vez a tocarme la pierna”, refirió la mujer a El Cohete a la Luna. Además, cuenta que el legislador la menospreciaba con comentarios machistas delante de otros trabajadores, tales como “que linda delantera” o comentaba cómo se vestía. En la denuncia describió: “Tenía que soportar todo tipo de conductas inapropiadas de carácter sexual en el ambiente laboral. Tanto que el demandado normalizaba esos hechos o no le daba importancia. La actitud del diputado siempre fue desubicada y con otras intenciones”.

Hubo dos situaciones graves que Magalí dio a conocer en la justicia el 25 de noviembre de 2021. La primera de ellas ocurrió en enero de ese año en la camioneta de Nasif. Ese día él la llamó para pagarle. Se encontraron en el centro, ella subió al vehículo y él arrancó. Dio un par de vueltas por el centro, evadía darle la plata y cuando ella le dijo que debía volver a su casa en el barrio Chijra porque su hijo la esperaba, él se ofreció a llevarla. “Yo siempre subía a su camioneta, él me pagaba y yo me bajaba. Me extrañó que ese día arrancara, parece que ya venía planeando algo. Me dio miedo, no podía bajar. Cuando subí él me pidió que me sacara el barbijo para darle un beso”, contó la mujer. En la puerta de su hogar, el legislador paró la camioneta, le preguntó “¿Vos seguís yendo al gimnasio?” y acarició una de sus piernas. “Me bajé volando. Había un rumor en el partido de que él actuaba así con otras mujeres pero nunca pensé que iba a hacerlo conmigo”, contó la víctima.

El segundo episodio fue aún peor. A fines de marzo, también con la excusa del pago, volvió a pedirle que se subiera a su camioneta. Le dio unos pesos y le dijo que no tenía la totalidad del dinero, que debía acompañarlo a su casa en el barrio Cuyaya para que le diese el resto. “Necesitaba la plata y acepté. Yo en el camino le preguntaba si estaba la Gilda, él cambiaba de tema, hablaba de otras cosas. Yo por dentro rogaba que estuviera la mujer. Ya venían sintiendo algo raro, me sentía muy incómoda”, recuerda Magalí.

Cuando llegaron al hogar él le dijo que bajara. Ella entró a la casa y se quedó cerca de la puerta. Decidió escribirle a la madre para decirle que estaba retrasada porque había ido a cobrar. Quería que alguien supiera que estaba allí. Nasif le arrebató el celular de la mano y lo puso sobre un mueble. Fue a buscar el dinero y cuando regresó tenía toda la camisa desprendida. “Me agarró de los brazos, me apoyó contra su pecho y me dijo: `Magali vos sabes que si vos estás conmigo vas a tener algo, un contrato’. Me ofrecía un trabajo en la Legislatura. Yo me zafé pero él volvió a llevar mi cabeza a su pecho por la fuerza. Le dije que no, que le tenía cariño a Gilda. Le dije que no varias veces, mientras forcejeabamos”.

Ante el rechazo, el hombre se ofendió y la llevó nuevamente al centro de la ciudad. Antes de que Magalí se bajara de la camioneta le advirtió: “ Magalí, pensá lo que te dije, cualquier cosa me llamas”. Se bajó y comenzó a llorar. «Me agarró un ataque de llanto. No sabía qué hacer. Tenía miedo de perder mi única entrada de dinero. Estaba desesperada”, explicó. Ese día le contó lo sucedido al secretario privado de Nasif, Fernando Luna, quien se lo tomó a la ligera y le dijo en broma: “Aceptá. Un contrato te puede cambiar la vida”. Magalí se sintió doblemente ofendida.

 

 

La contraofensiva de Nasif

Magalí tardó varios meses en contar lo que había vivido. Los días posteriores al acoso la sede del partido cerró por las restricciones producto de la segunda ola de contagios de coronavirus en el país. No tuvo más contacto con Nasif. Nunca más la llamaron para que retome sus tareas.

Sin trabajo y tras sufrir violencia entró en una depresión. En julio, mediante una amiga, llegó a la organización feminista Juanita Moro. Allí fue atendida por un equipo de psicólogas y pudo contar lo que había padecido. Eso le dio la fuerza para encarar una denuncia judicial, que pudo hacer recién en noviembre. En ésta las letradas adjuntaron el informe psicológico de las especialistas que la vieron por primera vez, decía que presentaba secuelas de estrés postraumático y que está ubicada en el tiempo y espacio y era coherente. Pidieron además que el gabinete de violencia le haga las pericias correspondientes. “Cuando la conocí ella tenía mucho miedo, había estado todos esos meses sin pedir ayuda porque temía por la reacción de Marcelo, y también de su mujer. Me dijo que no quería que ella pensara que lo había provocado”, reveló González a El Cohete.

La jueza a cargo de la causa, María del Rosario Hinojo, liberó una serie de medidas cautelares, entre ellas una restricción perimetral. Se dio intervención a la Fiscalía Especializada en Violencia de Género Nº 1, a cargo de Alejandro Bossatti, quien imputó a Nasif como presunto autor del delito de “Abuso Sexual simple 2 hechos en concurso real”. Nasif y su letrado, Fernando Bóveda, no tardaron en salir a desmentir en los medios todo el relato de Magalí. Negaron que ella hubiera trabajado para él, se metieron con su vida privada y luego se aprovecharon de que ella no tenía clara la fecha exacta del segundo episodio para decir que “era imposible que haya sucedido” porque en ese momento él estaba internado por Covid. “Cuando hicimos la denuncia ella no se acordaba cuándo había ocurrido el abuso. Solo pudo identificar que había sido antes del cumple de su hijo, el 23 de abril, porque recordó que no tenía ganas de hacerle un festejo y ese día lloraba a escondidas. Se aclaró ante la Justicia que el hecho había pasado entre las últimas dos semanas de marzo y las primeras de abril. El abogado de Nasif aprovechó eso y salió en los medios a mostrar fotos de Nasif internado en el mes de abril”, explicó la abogada. Cuando Magalí ratificó la denuncia aseguró que había pasado entre los dos últimos viernes de marzo. Pudo corroborarlo porque en su teléfono tenía una foto con una amiga de finales de mes, un día en que le había contado todo lo que había pasado.

El legislador además realizó una contradenuncia por “falso testimonio” a Magalí y a su abogada Gonzalez. Las acusó de ser parte de un complot, pergeñado por el vicegobernador Carlos Guillermo Haquim —a quien también denunció por “asociación ilícita”— para quitarle su banca en la legislatura. “Lo que hizo Nasif fue denunciar a la denunciante, a mí como su abogada, a empleados de la legislatura e inclusive al vicegobernador. Todos en una misma causa, y ni nos conocemos. Hizo circular audios truchos y mandó a testimoniar a varios de sus empleados, pero era todo tal disparate que la causa cayó por sí sola”, contó Gonzalez.

 

 

Denuncias previas

La vida política de Nasif ya se encontraba en la cuerda floja por denuncias previas, que le costaron la expulsión del bloque peronista y lo forzaron a constituir uno unipersonal, que permaneció en el frente comandado por Morales. Fue denunciado por dos empleados de la legislatura, Luis Alfredo Gaspar y Esteban Aucapiña, por quedarse con un porcentaje de sus salarios. La investigación iniciada en 2019 por la denuncia de Gaspar quedó sin efecto, porque el fiscal Aldo Lozano resolvió que el delito no encuadraba una figura penal. No consideró como prueba suficiente las grabaciones que presentó el empleado en las que el diputado admite que se quedaba con el dinero, ni que el propio Nasif haya reconocido en un medio jujeño que se trataba de su voz y que “era el modo en que se manejaban”.

La de Aucapiña, realizada en diciembre del año pasado ante el Ministerio Público de la Acusación (MPA), aún sigue su curso. El ex trabajador dijo que además de haberle retenido haberes de forma indebida, lo había extorsionado a cambio de trabajo y lo obligó a tomar créditos poniendo su salario de garantía. “Durante dos años, Nasif me obligaba a usar mi sueldo para pagar los servicios de la sede partidaria, que en ese momento era aproximadamente la mitad de mi salario, siempre con la amenaza de que si así no lo hacía, perdería mi trabajo”, reveló Aucapiña. Magalí contó que “todos en la sede del partido sabían que el diputado le pagaba su sueldo con parte del dinero que le quitaba a Aucapiña”.

En cuanto a sus antecedentes vinculados a abusos y acosos en el ámbito laboral, varias mujeres se comunicaron con Magalí para contarle que pasaron por situaciones similares. Ninguna de ellas estuvo dispuesta a dar su testimonio. El diputado tuvo además causas en los juzgados de familia por violencia. Dos de sus ex mujeres, madres de sus hijos, lo denunciaron por violencia. Tiene restricciones de acercamiento solicitadas por sus hijas y una de ellas, Carmela Nasif Molina, lo acusó en redes sociales de maltrato. Lo describió como un “psicópata, manipulador y golpeador”, luego de que Nasif haya justificado el trabajo infantil en las fincas de tabaco.

 

 

La protección

Días antes de que termine el año legislativo 2021, colectivos feministas, organizaciones sociales, políticas y sindicales presentaron una nota al titular del Poder Legislativo de Jujuy, solicitando la remoción del diputado por haber sido denunciado por violencia sexual y acoso laboral. En el texto destacaron que las acciones por las que está denunciado Nasif “no han hecho más que vulnerar el acuerdo mínimo de respeto a los derechos humanos, cumplimiento de las leyes y los altos estándares de ética”.

La abogada de Magalí, quien motorizó la presentación, se reunió con los presidentes de todos los bloques legislativos para solicitarles el desafuero de Nasif. Como respuesta obtuvo compromisos vagos y varios “dejemos actuar a la Justicia”. González aseguró: “Tiene una protección corporativa. Estamos pidiendo que el cuerpo trate la conducta disciplinaria de Nasif. Usa su banca, su poder, para revictimizar a Magalí y seguir manejandose con impunidad. Lo defiende el bloque de diputados oficialistas. Es extraño porque fue repudiado por el bloque por la cuestión laboral que tenía con su empleado, pero el radicalismo lo sigue sosteniendo”. A la UCR le conviene contar con el voto de Nasif, quien tiene mandato hasta 2023, en la legislatura. Además, no son pocos los políticos y funcionarios jujeños que aseguran que la relación entre Morales y Haquim está rota desde hace tiempo. Inclusive señalan que Nasif no podría haber denunciado penalmente al vicegobernador sin el «respaldo» y la “autorización” de Morales, y sería éste quien lo estaría apañando. La posibilidad de que Magalí consiga justicia se ve así atravesada por los tires y aflojes del poder político provincial. “Quiero que lo dejen de cuidar los legisladores y que la Justicia pida que se remuevan sus fueros, para que deje de aprovechar su función pública para abusar de mujeres como yo”, lanzó en un contexto donde lo que prima es el silencio.

 

 

 

 

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