La peste

Las detenciones que empujan el aumento de tuberculosis en las cárceles bonaerenses

A comienzos de julio, Comodoro Py entró en pánico. Corrieron noticias de casos de tuberculosis. El gremio de Julio Piumato contaba siete casos infectados. Rápidamente, las miradas apuntaron a los detenidos. La peste podía haber salido de las horribles cárceles del subsuelo del edificio de los tribunales federales o desprenderse de quienes declaraban ante atildados funcionarios poco acostumbrados al hacinamiento de las cárceles.

El 5 de julio el Sistema Interinstitucional de control de Cárceles -coordinado por el juez de Casación Gustavo Hornos- realizó un pedido de informes al Ministerio de Justicia para cuantificar número de enfermos por tuberculosis, pidió descripción por Unidad penitenciaria, preguntó por vacunas y tratamientos. El objeto era «clarificar las versiones que circularon en las últimas horas referidas al contagio de tuberculosis y que afectarían a personas privadas de la libertad». Dos semanas después, es decir este último viernes 20 de julio, el Sistema recibió la respuesta con la firma de Juan Bautista Mahiques, subsecretario de Asuntos Penitenciarios y Relaciones con el Poder Judicial del Ministerio de Justicia. De acuerdo a esa documentación no sólo no existen aumentos de casos de tuberculosis en cárceles federales sino que además los números de afectados han bajado: el único párrafo con datos señala un descenso de la tasa de afectados de 26,5 a 23,9 cada 100 mil habitantes entre 2016 y marzo de 2018. Dato que, en realidad, no dice nada de lo que ocurre en las cárceles federales y está lejos de mostrar lo que sucede en las bonaerenses.

 

 

El 10 de agosto la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) presentará su informe anual sobre cárceles. Allí señala un escalofriante aumento de casos de tuberculosis en el sistema de penales bonaerenses. Los afectados pasaron de 187 en 2016 a 436 en 2017, es decir un número cuatro veces más alto.

«El crecimiento es impactante», dice Roberto Cipriano de la CPM. ¿Cuál es la razón? ¿Un brote? ¿Aumento de las ya ausentes políticas sanitarias? Ninguna de esas razones. El aumento avanza en paralelo con otro fenómeno: el crecimiento con niveles sin precedentes de la población en las cárceles bonaerenses.

El número de enfermos no puede pensarse por fuera de ese contexto. Según la CPM, en los últimos dos años hubo 11 mil nuevos presos en el territorio de la gobernadora María Eugenia Vidal, sobre un universo de 45 mil personas. En 2016, los nuevos detenidos fueron 4.500 personas. Y en 2017, 6.500. Si se toma en cuenta el último año de Daniel Scioli (2015) con 1.500 detenciones, sólo el dato de 2016 marca un incremento de 300 por ciento. Pero si además se toma en cuenta que los valores de 2015 ya resultaban escandalosos , no hay demasiado que explicar.

 

Foto: Cooperativa La Esperanza.

 

Hasta entonces, un parámetro para entender la dinámica de la tasa de detenciones eran los datos del gobierno de Carlos Ruckauf. En los años 2000 y 2001, comienzo de las políticas de mano dura,  se generaron cifras récord de población en las cárceles de la Provincia con un aumento de 19 por ciento en un año. En 2016, las detenciones superaron por primera vez ese récord con un aumento de 20 por ciento. Pero esa dinámica no se restringe a la provincia más poblada. Como señaló el informe de la Procuraduría Penitenciaria de Nación en 2017, «el aumento de la población privada de libertad es un fenómeno muy preocupante que se constata en la inmensa mayoría de las jurisdicciones. Este incremento es consecuencia de la implementación de estrategias de endurecimiento punitivo, antes que del agravamiento del fenómeno delictivo. Las diversas experiencias internacionales han evidenciado que las políticas de ‘mano dura’ ofrecen escasas soluciones al problema de la inseguridad, al tiempo que empeoran sobremanera las condiciones en que se desarrolla el encierro institucional».

¿Cuál es la relación entre detenciones y enfermedades? ¿Y que significan estas cifras en relación a los datos de pobreza? Hace unos meses el jefe de la policía bonaerense dijo que estaban deteniendo a personas que cometían delitos por hambre. ¿Es posible ver eso detrás de los números?

Los nuevos detenidos son iguales a los viejos detenidos: personas que ingresan a la cárcel por delitos menores, en general contra la propiedad. Uno de los datos de la CPM es que bajó, por ejemplo, el índice de homicidios dolosos, que son delitos más graves. Tampoco hay más personas cometiendo delitos, sólo más personas detenidas. ¿Por qué? Por el despliegue de más fuerzas represivas. «Hay mayor cantidad de detenciones -dice Cipriano- porque hay mayor despliegue policial, con lo cual se detienen mas pibes, y efectivamente la gente que atrapa el sistema son esos pibes que cometen delitos de baja pena, pero no es que haya cambiado el delito. Viene siendo lo mismo, pero ahora el número es mas alto. Lo que aumenta es la prisionización porque el gobierno tiene un discurso que convalida todo el tiempo el accionar policial. Pero esto también tiene que ver con lo que dejó el gobierno de Scioli: cuando ingresó a la gobernación había 40.000 policías y cuando se fue dejó 100 mil. El último año de gestión incorporó unos 25 mil agentes. Nosotros ya habíamos dicho que eso iba a significar más detenciones y mayores violaciones de derechos humanos, porque a esa saturación de fuerzas de seguridad  hay que sumarles las fuerzas federales que son alrededor de 10 mil. Ese número no varió. Y es difícil provocar cambios en políticas que siempre son las mismas: saturación de los territorios con más policías. Eso es así desde Ruckauf hasta acá, ahora es mayor porque hay más policías».

 

Foto: Cooperativa La Esperanza.

 

¿Cómo impactan esos números en la salud? Uno de los datos centrales es la sobrepoblación. Hay 45 mil personas detenidas en la provincia de Buenos Aires con una estructura que no logra alojar ni siquiera a la mitad. Un problema de estructura viejo, pero que vuelve a tensarse con estos movimientos. Las comisarías tienen 1.000 plazas disponibles con una población de 3.600 personas. Muchas de ellas están alojadas en 129 comisarías que ni siquiera están habilitadas como cárceles, por orden judicial u orden del ministerio de seguridad. El SPB tiene 20.700 plazas disponibles en el sistema de cárceles para 41 mil presos.

«Hay casi el doble de población -dice Cipriano-. Y situaciones de extrema sobrepoblación porque la distribución no es homogénea: tenés algunos lugares con cinco veces más población que su capacidad, totalmente desproporcionado. En esas condiciones, aparecen todo tipo de problemas, torturas y violencia y uno de los principales es el sistema de salud por el hacinamiento y falta de atención, la mayoría de las personas que se mueren en las cárceles se mueren por enfermedades curables como neumonía, HIV o tuberculosis».

La tuberculosis es uno de los datos que la CPM mide anualmente. Los datos provienen en general de las inspecciones, porque hay graves dificultades de acceso a información oficial. «Lo que tenemos es un crecimiento muy importante de la tuberculosis, con una curva impactante, por causas como el hacinamiento porque en lugares donde va una persona hay tres, sin calefacción, sin vidrios, muertos de frío, verdaderas cuevas, con todas situaciones que además son focos de contagio permanente».

 

Buenos Aires
Detenciones nuevas:

2015 – 1.500

 2016/2017 – 11.000
Tuberculosis:

2016 – 187 casos

2017 – 436 casos.

 

Foto: Cooperativa La Esperanza.

 

Noemí Santana dirige la cooperativa La Esperanza, de familiares de detenidos en cárceles. Su hijo está detenido desde hace nueve años, recién ahora en la Unidad 48 de San Martín en la misma localidad de la familia. Cayó con un bala en la cintura porque le pegaron un tiro en la espalda. Tuvo la bala alojada durante años en el cuerpo porque quitarla podía producirle más riesgos. El punto es que con los constantes traslados de prisión, la bala se movió. Su hijo quedó tres meses inmovilizado sin atención médica razón por la cual la familia presentó un amparo. «Sabés lo que es pelear todos los días como padres, por la desesperación, porque si está en casa lo podes atender, ¿pero ahí? Ahí no se vive, se sobrevive. Ahí se están peleando por un pedazo de carne».

La cooperativa está en el barrio Las Ranas de San Martín. Un lugar con más de 30 chicos muertos por la policía y donde cuentan ochenta presos en una manzana. Esto es lo que genera el negocio judicial, dice Noemí. Acá los pibes caen porque no quieren trabajar para la policía, porque les arman causas y hasta los matan. Cipriano dice que caen porque el gobierno despliega redes que sólo sirven para cazar a los pibes. Noemí dice que recibe siete u ocho llamados por día de familias de otros lugares. Sobre todo de quienes tienen a sus detenidos en cárceles del interior. Si hay hambre acá, allá es todavía peor: ¿Sabés lo que hacen los agentes para torturar a los pibes? Hacen asados en el patio para que huelan al olor de la carne. Noemí no habla de tuberculosis. Pero habla de ratas. De bolsas que deberían ser cambiadas cada ocho horas, pero pasan días enteros adentro de las celdas. De un mundo de inhumanidad.

 

Foto: Cooperativa La Esperanza.

 

En ese contexto, conviene leer nuevamente la respuesta de Mahiques al Sistema de Monitoreo de Cárceles. El texto señala que los datos periodísticos son erróneos o no exactos. Que la tuberculosis ya no es la enfermedad infecciosa que hasta hace pocos decenios preocupaba al mundo civilizado, pero tampoco puede hablarse de erradicación. Que es una enfermedad contagiosa producida por una bacteria (bacilo de Koch). Que se transmite de persona a persona vía respiratoria, a través de pequeñas gotas de saliva que contienen bacilos en el estornudo, la tos o el habla. Que el riesgo de infección varía. Que es más alto con una exposición de seis horas diarias o más; de mediano riesgo con una exposición menor a seis horas y bajo riesgo con contactos esporádicos. Y dicen también lo siguiente: que el riesgo es mayor en personas con sistema inmunológico dañado, malnutrición, diabetes o en quien consuma tabaco. Que no es una enfermedad altamente contagiosa, dato que refuerzan al señalar que no hay casos de TBC en agentes penitenciarios del SPF ni en agentes sanitarios. Así, sin decirlo, parecen descartar la expansión de la epidemia en los Tribunales. La peste entre los funcionarios del poder judicial. Allí todos comen bien. Pero por el contrario, ese mismo dato viene a explicar la potencia de las cárceles cuevas como foco de contagio.

2 Comentarios
  1. Ines dice

    Aumentaron los detenidos, pero no bajó el delito, aumentó. Eso significa que están metiendo perejiles presos para hacer campaña en seguridad, con el riesgo que eso implica. No creo que el gobierno quiera números reales sobre una enfermedad marcadora del subdesarrollo como lo es la TBC.

  2. Marta dice

    Y cómo se explica la detección de casos de TBC en los Tribunales? Existe un plan de vacunación para prevenir la infección, cuyo cumplimiento se descarta por lo menos en los sectores medios o los que tienen escolaridad primaria cumplida, ya que el control de vacunación obligatoria debería solicitarse en las inscripciones.
    A lxs empleadxs, del poder Judicial, y sobre todo lxs secretarixs y juecxs no se los puede considerar provenientes de estratos deficientemente alimentados o con problemas de hacinamiento u otros factores que se sumen para propiciar el contagio.
    Quizá otrx de lxs que comenten puedan ahondar más en el tema.
    Me queda la duda de qué trasfondo tendrá esa noticia de los empleados de Piumato .
    Lo que venga de un personaje que salió con la patota judicial que bajo la lluvia dijo «Yo soy Nisman»no me genera confianza.
    Y ya que estamos hablando de infecciones y vacunaciones. Que se expida la legisladora que propuso que era atentatorio de la libertad que la vacunación fuera obligatoria en la infancia, y pretendió que lxs padrxs eligieran si querían efectuar o no la vacunación de sus hijxs. Hay que ecuchar tanta pavada….

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