Lección necesaria para Milei

Malvinas y el desperdicio de una oportunidad histórica

 

El miércoles 15 de julio la selección argentina le ganó 2-1 a Inglaterra, cuya elite política es la piedra angular del Reino Unido de Gran Bretaña. Dado que dicho actor ocupa colonial y militarmente las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur (25% del territorio nacional argentino, según las leyes de espacios marítimos de 1991 y 2020), este partido de fútbol enfrentó, en términos objetivos, a un país ocupado con aquel que lo ocupa.

Al terminar, la selección argentina festejó con una bandera que estableció una clara reafirmación de soberanía: “Las Malvinas son Argentinas”. Un grupo de jugadores la tomó en sus manos luego de que quienes la habían fabricado, con una sábana de hotel, la mostraron desde la tribuna y la arrojaron al césped antes de que la policía se las quitara. La bandera había sido ingresada al estadio de forma secreta por un ciudadano argentino, ya que la FIFA estableció la prohibición de llevar elementos que permitieran a los hinchas exponer ante los ojos del mundo un hecho inobjetable: que el Reino Unido tiene un dominio colonial en el territorio nacional, que además está fundamentando en la superioridad militar y en el incumplimiento del derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas vinculadas a la Cuestión Malvinas.

 

 

Al día siguiente, consultado por este hecho reivindicatorio de la soberanía argentina, el Presidente Javier Milei destacó en dos entrevistas que “no hay que caer en eslóganes berretas, populistas, nacionalistas, rancios”, dado que “las Malvinas se recuperan con ‘diplomacia sabia’ [sic] y no con gestos de patrioterismos baratos, berretas, que si eso uno lo llevara al plano internacional sería verdaderamente de características pobres y muy malas, o sea, digamos”. Asimismo, marcó que dicho acto de reafirmación soberana “muestra lo imprudente del actuar de personas que podrían tener responsabilidades serias en esto. Afortunadamente, digamos, esas frases impertinentes e impropias que podrían estar generando ruidos corresponden a personas intrascendentes que nadie les da importancia”.

A pesar de mostrar su desacuerdo con lo sucedido en los festejos, Milei también subrayó que “efectivamente, las Malvinas son argentinas, las vamos a recuperar y lo vamos a hacer en el plano diplomático con una inteligencia en el accionar, digamos… fíjese en los avances enormes que hemos tenido en la temática (…) con los acercamientos a los Estado Unidos y eso ha permitido que la ONU obligara a Inglaterra a sentarse a negociar con nosotros”.

Resulta importante marcar que estas declaraciones del Presidente tuvieron lugar un día después de que su ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, dijera antes del partido que los argentinos no iban a poder ingresar con mensajes reivindicatorios de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Esta decisión se fundamentó en que “no pueden ingresar banderas con contenido político (…), nada que contenga un mensaje que pueda provocar algún tipo de ‘situación’ [sic]”. En tal sentido, la ministra se refirió al mapa que representa las jurisdicciones legales de la Argentina como “el mapita de Malvinas”.

 

 

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Dada la manera en que importantes autoridades del Estado argentino trataron el tema antes y después del partido, analizar dichas cuestiones en función de las características singulares de la Cuestión Malvinas constituye un ejercicio útil. La correcta comprensión de la posición argentina es importante para evitar errores de política internacional y la mala praxis en la “diplomacia presidencial”.

 

Reafirmación soberana

Las Malvinas son argentinas. Esta no es solo una frase y mucho menos es un eslogan berreta, populista, nacionalista y rancio. Tampoco es una expresión de deseo ni un anhelo argentino. Es un hecho objetivo. Es una reafirmación soberana que se basa en un hecho jurídico, que además es el que sostiene nuestra histórica posición diplomática frente a la Cuestión Malvinas.

Las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur son parte de la Argentina y nuestra soberanía sobre dichos territorios es legítima e imprescriptible. Dicho de otro modo, lo que reclamamos no es la soberanía de las islas del Atlántico Sur. Dado que las islas son argentinas por derecho, la soberanía no está en discusión. Lo que reivindicamos es nuestro derecho al ejercicio pleno de la soberanía sobre dichos territorios, que nos es impedido producto de la ocupación colonial y militar del Reino Unido de Gran Bretaña.

De nuevo: este hecho jurídico que refiere a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas jamás puede constituir un eslogan de las características mencionadas por el Presidente Milei. Tres son los argumentos centrales que fundamentan dicho hecho jurídico.

  1. El principio jurídico uti possidetis iuris, por el cual los nuevos Estados surgidos de un proceso de independencia heredan los territorios y divisiones administrativas que poseían cuando eran una colonia. Con la independencia argentina de facto del 25 de mayo de 1810 y de iure el 9 de julio de 1816, el nuevo Estado heredó los territorios y dimensiones administrativas del antiguo dominio colonial de Reino de España, que incluían a las Islas Malvinas. De hecho, tres cuestiones clave deben mencionarse al respecto. Por un lado, que el Reino Unido reconoció la soberanía española en la Declaración Masserano-Rochford de 1771 y, producto de ello, dejó de tener presencia en las islas desde 1774. Por el otro, que el Reino de España ejerció la administración incontestada y reconocida por las potencias europeas de las Malvinas hasta 1811, cuando trasladó la guarnición militar apostada en las islas a Montevideo para intentar aplacar la revolución. Por último, que el 30 de mayo de 1810, el presidente del Primer Gobierno Patrio, Cornelio Saavedra, firmó un decreto con medidas administrativas que ratificaban la administración de las Provincias Unidas sobre el archipiélago.
  2. La Argentina ejerció la soberanía efectiva de las Islas Malvinas desde el 6 de noviembre de 1820. Ese día David Jewett, al comando de la fragata Heroína, tomó posesión efectiva de las islas dando aviso a todos los buques de la zona. Las potencias europeas y los Estados Unidos recibieron la noticia sin impugnar el hecho y las Malvinas se desarrollaron pacíficamente, bajo la administración argentina, hasta la invasión británica en 1833. En efecto, en 1825 las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Reino Unido de Gran Bretaña firmaron el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, en donde la potencia europea reconoció la independencia y la constitución jurídica del Estado sudamericano. El punto central es que para ese momento la Argentina ya ejercía de forma plena su soberanía sobre las Islas Malvinas y el Reino Unido no impugnó este hecho, acorde a la Declaración Masserano-Rochford de 1771 y al principio uti possidetis iuris.
  3. Luego de la primera invasión militar del Reino Unido del 3 de enero de 1833, la Argentina mantuvo su reclamo diplomático sin interrupciones hasta la actualidad. Dicho de otro modo, nuestro país nunca mostró aquiescencia frente a la ocupación colonial, militar, ilegal e ilegítima del Reino Unido. Asimismo, resulta importante destacar que la invasión británica implicó el desplazamiento forzado de la población argentina y la implantación de una colonia cuyos colonos fueron traídos desde las islas británicas.

 

Óleo de la fragata Heroína en Puerto Soledad, en 1820, de E. Biggeri.

 

Por estos motivos, el Presidente Milei se equivoca. La reivindicación con la inscripción “Las Malvinas son argentinas” realizada por los jugadores de la selección nacional no fue un eslogan populista, berreta, rancio y nacionalista. Tampoco fue un gesto de patrioterismo barato y berreta. Mucho menos puede calificarse como una frase impertinente e impropia. Fue la cristalización de un hecho jurídico que se dio a conocer en un momento de máxima exposición de nuestro país frente a los ojos del mundo.

Por ello, lo único impropio, berreta y rancio es clasificar a nuestros jugadores como “personas intrascendentes” a las que “nadie les da importancia”. La selección argentina de fútbol logró despertar el interés de muchas personas en el mundo por la Cuestión Malvinas, visibilizando a escala global la violación que el Reino Unido realiza sobre nuestra integridad territorial y la disconformidad que los argentinos tenemos con dicha imposición militar y colonial británica. En un acto irreverente frente a las disposiciones de la FIFA y a la voluntad del gobierno argentino (expresado en las declaraciones de la ministra de Seguridad Nacional), los jugadores de la selección reafirmaron frente al mundo nuestros derechos sobre las Islas Malvinas.

 

Avances enormes

La Argentina va a recuperar la soberanía efectiva sobre las Islas Malvinas conforme a las disposiciones del derecho internacional, que incluyen el plano diplomático e inteligencia en el accionar. Eso está fuera de cualquier tipo de duda y, de hecho, es lo que indica la Disposición Transitoria Primera de nuestra Constitución Nacional. Sin embargo, lo que es cuestionable es que, bajo la gestión Milei, la Argentina haya realizado “avances enormes” en la temática.

Resulta importante marcar que no hay registro histórico de países que hayan recuperado territorio usurpado mediante la cooperación con la potencia ocupante. Esto es así ya que la cooperación refuerza el statu quo territorial. Es decir, cooperar con el Reino Unido refuerza la dominación militar y colonial británica.

Desde diciembre de 2023 el país mantiene una política de cooperación explícita y activa con el Reino Unido en el Atlántico Sur.

Desde el punto de vista militar, se realizaron encuentros de altas autoridades militares para fortalecer los mecanismos de confianza mutua y se aprobaron mediante Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) ejercicios combinados que incluyen a la potencia usurpante. Asimismo, como indica Luciano Anzelini, se modificó la normativa que rige el accionar del sistema de defensa argentino para incluir dentro del rango de acción a las amenazas no convencionales, alejando a nuestro instrumento militar del Atlántico Sur y de las amenazas estatales. Como menciona Sergio Eissa, esto contribuye a que las Fuerzas Armadas argentinas se transformen en ‘small armed forces’, incapaces de contribuir a la defensa de nuestros intereses frente al Reino Unido.

Por último, altos funcionarios del Ministerio de Defensa plantearon de forma explícita que algunas compras de sistemas de armas realizadas por la Argentina debían elegirse en función de poder cooperar mejor con la potencia usurpante, incluyendo la vigilancia conjunta del espacio aéreo del Atlántico Sur. Esta cooperación podía incluir, en última instancia, la posibilidad de que el Reino Unido reciba reaseguros por parte de los Estados Unidos en su objetivo de evitar un rearme argentino que pueda ser una amenaza a su posición colonial.

Desde el punto de vista diplomático y económico, la Argentina muestra una alarmante pasividad frente a las actividades económicas ilegales del Reino Unido. Esto es, acciones que van en contra de la Resolución 3149 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que impide la realización de actividades unilaterales que alteren el statu quo en el territorio que está pendiente de descolonización.

A pesar de realizar protestas diplomáticas vinculadas al accionar ilegal británico desde la Cancillería Argentina, el gobierno no implementa ninguno de los mecanismos diseñados para ejercer presión no militar a las empresas que están avanzando en la explotación de las cuencas petroleras de Malvinas. Especialmente el yacimiento León Marino de la ‘Cuenca Malvinas Norte’, actualmente concesionado en un 65% a la petrolera israelí Navitas Petroleum y en un 35% a la británica Rockhopper Exploration PLC.

Por ejemplo, no se está accionando penalmente contra directivos de dichas empresas, no se está ejerciendo presión a las cámaras del sector energético ni contra aquellos actores privados que le prestan servicios a las empresas que operan ilegalmente en el Atlántico Sur. Tampoco se está operando en medios especializados para mostrar el descontento de la Argentina y, por ende, mucho menos se está utilizando el vínculo cercano con los Estados Unidos e Israel para indicar que lo que está sucediendo en materia energética en el territorio ocupado por el Reino Unido es una línea roja total que contribuye a desestabilizar aún más todo el Atlántico Sur.

Tampoco se está utilizando la propia legislación nacional y las resoluciones ministeriales para castigar a empresas que están involucradas en actividades ilegales en el Atlántico Sur. Por ejemplo, negándole su participación en proyectos continentales a aquellas empresas extranjeras que estén violando la resolución 3149 de Naciones Unidas. Esta legislación existe y no es utilizada para no incomodar a la potencia colonial que ocupa el 25% de nuestro territorio (Ver leyes 26.659, 26.915, decretos 256/2010 y 263/2012 y Resoluciones de la Secretaría de Energía 128, 129, 130 131 y 133 del 2012; Resolución 260/2013 y resoluciones 456, 457, 458, 459 y 481 del 2013).

En efecto, los reportes a la bolsa de las empresas involucradas en estos proyectos ilegales destacan que la mejora en el vínculo entre la Argentina y el Reino Unido ha bajado el riesgo político de realizar sus operaciones en el Atlántico Sur, lo que contribuye a la búsqueda de financiamiento internacional para llevarlos adelante.

Un caso similar es el de la pesca ilegal en territorio, producto de la venta ilegal de licencias por parte del gobierno de las islas. Con la firma de la declaración Mondino-Lammy del 2024, la Argentina busca, entre otras cuestiones, cooperar con el Reino Unido en materia de pesca y en todos aquellos aspectos que puedan mejorar el desarrollo de las islas. Esta búsqueda de mayor cooperación se explicita en la voluntad de retomar la agenda iniciada en el 2018 a partir de la declaración Foradori-Duncan.

En definitiva, el gobierno argentino muestra pasividad frente a lo que está realizando el Reino Unido en el Atlántico Sur. Esto refuerza el statu quo territorial caracterizado por la ocupación colonial británica. No se están realizando “avances enormes”, como indica el Presidente. De hecho, está sucediendo lo contrario.

En relación con esto radica el problema de la afirmación que asocia a los “los acercamientos a los Estado Unidos” con el hecho de que “la ONU obligara a Inglaterra a sentarse a negociar con nosotros”. Por un lado, el acercamiento con los Estados Unidos no contribuye a mejorar nuestra posición en la Cuestión Malvinas porque, entre otras cosas, el gobierno muestra una pasividad unilateral y no solicitada por nadie ante los avances del Reino Unido. ¿Qué incentivos tienen los Estados Unidos para intervenir a favor nuestro si no mostramos disconformidad con la ocupación británica?

Por el otro, desde 1983, el Comité Especial de Descolonización de la ONU llama todos los años al Reino Unido a reanudar las negociaciones bilaterales con la Argentina, cuyo acuerdo debe finalizar con la descolonización del territorio ocupado por la potencia colonial. Esto no es algo que se logró con el acercamiento a los Estados Unidos y tampoco es un logro de la administración Milei. Afirmar que “la ONU obliga a Inglaterra a negociar con nosotros” producto de “los acercamientos con los Estados Unidos” evidencia un alarmante desconocimiento de la Cuestión Malvinas por parte del Presidente de la Nación.

 

Oportunidad perdida

La explicitación de los derechos argentinos en el festejo del partido contra Inglaterra fue un hecho histórico. Como mencionó Guillermo Carmona en el portal Atlántico Sur, puso en evidencia “que el status quo es frágil y que la historia aún tiene una deuda pendiente en el Atlántico Sur”. Lamentablemente, la falta de formación política acerca de la Cuestión Malvinas y la no comprensión del hecho político que representó la reivindicación de nuestra soberanía frente a los ojos del mundo impidieron que el gobierno nacional capitalice el momentum de política internacional.

Es una pena. No solo por la ocasión desperdiciada para amplificar con sofisticación diplomática nuestra reivindicación territorial, sino también porque se perdió la oportunidad de fusionar a los representantes y representados en una única consigna. Como indica el lema (también difundido por Guillermo Carmona): Malvinas nos une.

En un artículo antes del partido con Inglaterra, Luciano Anzelini se preguntaba cómo el Presidente iba a reaccionar frente a las canciones de cancha que incluían en su letra a las Islas Malvinas. Lamentablemente, las declaraciones y la manera en la que los oficiales de Estado abordaron la Cuestión Malvinas indican que la reacción no fue muy apasionada.

Nosotros, los argentinos, no somos un país con realeza como el Reino Unido de Gran Bretaña. Nuestro jefe de Estado no es el jefe de la Iglesia y no tenemos una Cámara en nuestro Congreso Nacional reservada para una elite política no electa democráticamente. Nosotros, los argentinos, somos un pueblo libre y no tenemos ni una duda de que las Malvinas son argentinas, así como tampoco tenemos dudas de que los Presidentes que elegimos deben acompañarnos en nuestra reivindicación territorial. Por ello, cuando decimos con orgullo ante el mundo que “las Malvinas son argentinas”, todos esperamos que nuestro Presidente respalde y amplifique nuestra voz.

 

* Ezequiel Magnani es doctor en Relaciones Internacionales y profesor en la Universidad de San Martín, la Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad Austral.

 

 

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