MI OPINIÓN SOBRE VENEZUELA

Si miramos Venezuela y no vemos Colombia me parece no solamente parcial, sino, además, tendencioso

 

Es evidente que lo que ocurre en un país no es, ¡nunca lo es!, fruto de una causa, sino de muchas. Y también es evidente que hace tiempo debemos abandonar (también en esto) una mirada binaria: ya pasó la época de las películas de vaqueros de buenos buenísimos y malos malísimos. Pero no es menos cierto, que el esquema binario es más cómodo y más fácil para la pereza habitual: es bueno, es malo ¡y listo!

Señalo esto para hablar expresamente de lo que ocurre en Venezuela (y lo que se dice y hace con Venezuela). Es evidente que, salvo que tengamos alguna otra fuente (que también sería parcial), toda información sobre la realidad de un país extranjero nos llega mediada por los medios. Esos que nos dan la noticia regurgitada acerca de tal o cual gobierno, política, situación. Pensando en voz alta: si los medios hegemónicos (des) informan y mienten descaradamente al hablar de nuestro propio país, algo que basta con abandonar la pereza para saber la mentira de ze dobadon todo y demás tonterías, ¿por qué debería creerles a esos mismos medios, con tan claras intenciones e ideologías, cuando informan sobre otro país (o cuando no informan)? Si lo que yo puedo saber sobre Venezuela es lo que los medios me informan, debo confesar definitiva, clara e inflexiblemente: ¡¡¡no les creo!!! Por tanto, mi opinión (que, además, no es importante) sobre qué me parece mejor hacer o no, sería irresponsable o manipulada. Cuando escucho a algunos operadores políticos que hacen de periodistas diciendo “por ese camino vamos a ser Venezuela”, simplemente me resultan detestables, ¡y listo! Y –debo confesarlo– cuando veo a sectores de la Iglesia Católica, el episcopado, por ejemplo, opinando sobre el gobierno, mi intuición es que debo mirar exactamente desde otro lado. Tampoco los creo independientes.

Por lo tanto, y con un criterio absolutamente razonable, según mi opinión, lo que ocurra, o lo que deba ocurrir, deben decidirlo los mismos venezolanos, y nuestra injerencia sería abominable, torpe, y en ocasiones (¡muchas!) digna de idiotas útiles.

Se dirá, quizás con razón, que ministros de Relaciones Exteriores y embajadorxs tienen instrumental para tomar otras decisiones a partir de otras miradas. Pero no los creo asépticos, y por tanto creo que mirarán y decidirán desde un lugar. Y, en esto, mi mirada es jauretchiana: ¿qué dice, piensa, sugiere, propone “la Embajada”? Porque estoy en un todo convencido que lo mejor para el país y su pueblo (y lo mejor, también, para Venezuela en este caso) es exactamente lo contrario. Si, sumado a esto, veo la felicitación de “juntos por el cambio” (sic) por continuar el camino empezado por ellos, no tengo dudas ningunas. Si veo la alegría de la prensa hegemónica, menos todavía. Por tanto, lamento profundamente el reciente voto argentino contra el pueblo venezolano en las Naciones Unidas. Lo lamento y no me representa ni “un tantico así”.

Y me formulo esta pregunta: si es cierto que hay violaciones de los derechos humanos en un país, me parece muy sensato que miremos todos atentamente para tratar de aportar en favor de su vigencia. Pero si miramos Venezuela y no vemos Colombia, que está bien cerquita, me parece no solamente parcial, sino, además, tendencioso. Allí hay violaciones cotidianas de los derechos humanos, hay suma del poder público, hay persecución de dirigentes sociales, atentados cotidianos contra la paz, masacres diarias, y hasta un arzobispo ha hablado de genocidio. ¿La ONU? ¡Con tortícolis! Entonces, si nos creemos adalides de la defensa de los Derechos Humanos de verdad (y no títeres del imperio), empecemos por Guantánamo, las guerras sistemáticas, la opresión de pueblos, la imposición de políticas y economías a partir de sus instrumentos (FMI, BM, BID), venta de armas, entre otras linduras. Y después miremos también a los “amigos” del imperio (y no está de más recordar aquello de “los amigos de mis enemigos…”) y, para terminar, cuidarnos también nosotros mismos (especialmente porque no somos sus amigos, así que todo lo que pensemos o insinuemos será usado en nuestra contra); no sea cosa que mañana propongan invadir Buenos Aires por desaguisados de “la Bonaerense” o que algún intendente, con cara de bueno, se autoproclame Presidente y varios países lo reconozcan y aplaudan. Ganas, a algunos, no creo que le falten, por más renovadores que se presenten.

 

 

 

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16 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Eduardo:
    Impecable reflexión y, totalmente compartida.
    En efecto, tal como lo diría el Che: no se les puede creer ni “un tantico así”.
    Es demasiado claro que se actúa -voluntariamente o por coacción- según los deseos del imperio.
    Vicky Peláez (mundo.sputniknews.com) decía el 30/3/2016: “Justamente cuando las marchas multitudinarias en Argentina conmemorando el 40 aniversario del golpe cívico-militar de Estado con clamores de “no perdón ni olvido” a los terribles crímenes de la dictadura, el presidente de Ecuador Rafael Correa alerta al mundo la puesta en marcha de un nuevo Plan Cóndor para América Latina…
    …En su denuncia sobre la existencia de un «nuevo Plan Cóndor» para América Latina, Rafael Correa afirmó que esta operación está «dirigida contra los gobiernos progresistas. Ya no necesitan dictaduras militares, se necesitan jueces sumisos, se necesita una prensa corrupta para desestabilizar los gobiernos latinoamericanos» que no siguen al pie de la letra las instrucciones de Washington. También el año pasado en la cumbre del bloque político y económico Mercosur (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) todos los oradores expresaron por su preocupación por la intensificación de la labor de los servicios de inteligencia norteamericanos en América Latina dirigida a organizar el derrocamiento de los presidentes democráticamente elegidos. Se referían a Nicolás Maduro de Venezuela, Evo Morales de Bolivia, Dilma Rousseff de Brasil y Rafael Correa de Ecuador…”
    Santiago Mayor (actualidad.rt.com-19/9/2016), refería lo manifestado por los periodistas Marcos Brindicci y Paulo Whitaker (Reuters): “…Sin embargo, el periódico aclaró que, a pesar del cambio de tácticas, «detrás siempre están los mismos». Usan «el arma del desprestigio, la difamación y el recurrente señalamiento de que todo lo que hacen los líderes y gobiernos progresistas termina en corrupción». Es que en caso de haber elecciones en cualquiera de esos países, estas figuras «ganarían» la Presidencia. «No cabe duda de que es una estrategia con un solo objetivo: recuperar el poder imperial, la hegemonía neoliberal y acabar con todo un periodo de avances sociales muy significativos, erradicación de la pobreza y soberanía nacional», afirmó ‘El Telégrafo’. El editorial del Telégrafo tiene razón: “Es evidente que no se trata de una simple coincidencia…»

    “…Consultada por RT, la periodista y analista internacional Micaela Ryan expresó que «estamos viviendo un proceso de recomposición de las fuerzas conservadoras en la región» que «tiene un grado de coordinación con Estados Unidos».
    Sin embargo aclaró que, desde su perspectiva, la concepción de un plan sistemático «va dirigida contra procesos de los pueblos y no contra líderes en particular». En todo caso, «el ataque que podemos ver hoy contra Lula y Cristina tiene que ver más con el amedrentamiento a esos pueblos que con las figuras en sí mismas».
    “…Ryan también apuntó que «estos procesos no se dieron de manera total», ya que «no hemos vivido una década sin intervenciones del imperialismo». Al respecto, recordó «el golpe en Honduras y en Paraguay» y coincidió con Correa en que existió durante todo este tiempo un plan de «desestabilización de los gobiernos a partir del accionar antidemocrático e ilegal de determinadas fuerzas políticas que ocupan poderes en el Estado; entre ellos, el Poder Judicial».”
    “… Finalmente, la periodista argentina, que residió tres años en Caracas, destacó la necesidad de «pensar que no se trata solamente de los líderes que encabezan eso procesos, sino de los aprendizajes de los pueblos» y que el caso de Venezuela «lo grafica perfectamente».
    «Creo que la lección que nos deja Venezuela, cuando vemos el retroceso de algunos procesos, es justamente la necesidad e importancia de que se le restituyan los derechos políticos al pueblo. No solo los económicos y sociales», dijo. Y añadió que «en algún punto», tanto en Argentina como en Brasil eso «se ralentizó y, frente a las embestidas de la derecha, no hubo la capacidad de movilización popular necesaria» para hacerle frente. «No estamos ante la resolución de estos procesos que se han iniciado en el siglo XXI, pero sí hay un plan sistemático que viene a disciplinar a los pueblos para lograr el control territorial de los recursos», concluyó.”

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