Por esta ranchada no pasaron

Cuestionamientos al Censo a Personas en Situación de Calle en Ciudad de Buenos Aires

 

Envuelto en una frazada marrón, que lo ampara de la gélida noche en la Ciudad de Buenos Aires, José acomoda su carro pintado de azul y oro –los colores de su club, Boca Juniors– en el refugio que armó con cartones y nylons. Está en un rincón de la plazoleta de la estación Lisandro de la Torre de tren Mitre, ubicada en Libertador y Olleros, en el barrio de Palermo. Desde hace un año y medio duerme allí. En medio del aislamiento obligatorio debió dejar la habitación que alquilaba porque su actividad como carpintero estaba suspendida. Vendió las herramientas que tenía, se compró un carro con los pocos pesos que le dieron y comenzó a cartonear en la zona de Cañitas. “Mis hijas no saben que vivo en la calle, creen que sigo alquilando. No quiero preocuparlas. Mi idea es ponerme de pie, volver a mi oficio y salir pronto de este lugar”, cuenta.

A pocos metros de allí, una mujer que lleva una bolsa grande colgada en el hombro arrastra un colchón sucio en el que están sentadas sus dos hijas pequeñas. Se acomodan debajo de un árbol cuya copa está pelada por los vientos del otoño. “Es la primera vez que las veo acá, tienen pinta de ser nuevas”, dice José.

El gobierno porteño dio a conocer en los últimos días los datos del reciente Censo a Personas en Situación de Calle de la Ciudad de Buenos Aires, llevado a cabo por personal del programa Buenos Aires Presente (BAP), del ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, y la Dirección General de Estadística y Censos. El relevamiento realizado en abril de este año arrojó que en el territorio porteño hay 2.548 personas en situación de calle, de las cuales 1.010 duermen a la intemperie y 1.538 en los Centros de Inclusión Social (CIS), conocidos comúnmente como paradores o albergues. Los datos reflejan una disminución respecto al 2021: 25 personas habrían salido de la situación de calle en el último año, ya que en mayo de 2021 se relevaron un total de 2.573 (968 en la calle y 1.605 en los CIS).

Varias organizaciones sociales que acompañan a personas sin techo denunciaron que la realidad no se condice con las cifras que plantea la Ciudad.

 

 

 

Números que no cierran

Desde la sanción de la ley porteña número 3.706 en 2010, y la posterior reglamentación en 2013, cada año el gobierno de la Ciudad debe realizar un relevamiento de las personas en situación de calle. Este permite diagramar políticas públicas dirigidas a esa población y destinar un presupuesto acorde. Si bien durante los primeros años de sancionada la ley hubo oportunidades en que el gobierno se resistió a hacerlo, y muchas veces tuvo que intervenir la Justicia para obligarlo, desde 2017 el Censo se realiza de forma regular y con la misma metodología.

Junto a la publicación de los datos, cada año llegan las críticas y denuncias de las organizaciones sociales que acompañan a las personas en situación de calle por el subregistro habitual de esta población. “Desde hace 10 años que venimos denunciando que no se trata de un censo porque hay un subregistro. En tal caso, hacen un conteo o una foto de lo que ven un día al año”, dijo a El Cohete a la Luna Horacio Ávila, miembro fundador de Proyecto 7, primera organización integrada y coordinada por personas en situación de calle de la Ciudad.

Este año no es la excepción. Para muchos, que en medio de una crisis económica profunda el gobierno porteño plantee una disminución del número de personas en situación de calle deja al descubierto la poca rigurosidad del conteo. “Es irreal. Les da menos cantidad que el año pasado y la situación de pobreza e indigencia ha empeorado considerablemente”, dijo Ávila. Por su parte, Bárbara Alegre, miembro de la organización Sopa de Letras, que asiste y acompaña a personas en situación de calle en San Telmo, Pompeya, Parque Patricios, Boedo, Constitución, Barracas y San Cristóbal, afirmó: “Más allá de lo que nosotros vemos por estar a diario en la calle, la realidad del país muestra que hay mayores índices de pobreza y que la canasta básica sube cada mes. No es creíble ese número. Tiene que ver con una decisión política. Si el número es menor cada vez va a haber menos recursos disponibles para elaborar políticas públicas para esta población. Es un número construido políticamente para que el gasto en esta problemática sea bajo”.

Desde Proyecto 7 estiman que el número de personas en la ciudad que están en esas condiciones es cuatro veces mayor al que informa el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. En total, hoy serían 10.000 las personas sin techo de la Ciudad.

“Desde el 2017 que el número de las personas que duermen a la intemperie que informa el gobierno porteño varía muy poco, entre 10, 20 ó 30 personas. Llama la atención porque atravesamos una pandemia, crisis económicas, cambios de gobierno y la cifra prácticamente no cambia”, remarcó en la misma línea Alegre, miembro además de la Asamblea Popular por los Derechos de las Personas en Situación de Calle.

En búsqueda de datos certeros, en 2017, más de 40 organizaciones sociales lanzaron el primer Censo Popular de Personas en Situación de Calle. El segundo, y último hasta el momento, realizado en 2019 contabilizó 7.251 personas sin techo, de los cuales 871 son niños y adolescentes. Se esperan los resultados de un tercer Censo, que se realizará este año o el que viene.

La modalidad del Censo Popular difiere de la ideada por el gobierno porteño. Mientras que éste último es realizado por 244 agentes que recorren el territorio en 75 móviles durante una única noche, al confeccionado por las organizaciones lo hacen 700 y 800 voluntarios a pie durante cuatro días, en distintas franjas horarias. “No se puede acceder a las personas de la calle en móviles, hay que hacerlo caminando. Además, por la noche la gente se resguarda más del frío y de las situaciones de violencia, entonces no están. Se trata de una población oculta o de difícil acceso, fluctuante. Se requiere recorrer el territorio en toda su extensión más de una vez”, explicó Ávila.

Desde las organizaciones lamentaron que la metodología de la Ciudad de Buenos Aires se haya replicado en el Censo Nacional de Personas diseñado por el INDEC y realizado en la noche del 16 de mayo. Si bien el organismo que dirige Marco Lavagna fue el órgano rector, cada provincia ejecutó el conteo. En el caso de la Ciudad, fue el mismo BAP el que lo llevó a cabo. Es por esto que no sorprende que los resultados preliminares, difundidos por la Ciudad pero aún no por Nación, sean similares a los obtenidos en abril en el censo porteño. Contabilizaron un total de 2.416 personas en situación de calle (132 más), 891 durmiendo al intemperie y 1.525 a resguardo. Un vocero de la ciudad explicó a este medio que “la diferencia (entre ambos censos) no es sustancial” sino que se trata de “una diferencia lógica de acuerdo a la metodología”.

Alegre consideró que “se desaprovechó la posibilidad” de concretar un censo exhaustivo pese a que “por primera vez en la historia hubo un apartado para las personas en situación de calle en el Censo nacional”, y añadió que “en los territorios en que estamos muchas de las personas que acompañamos nos dijeron que no fueron censadas”. La Asamblea lanzó una campaña con la consigna “por esta ranchada no pasaron” para visibilizar la problemática.

 

 

Políticas públicas ineficientes

“En la Ciudad, todos tienen la posibilidad de una cama, una ducha y comida caliente”. Con esa frase, el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta inauguró este miércoles el Operativo Frío, que brinda asistencia a las personas en situación de calle en los meses de baja temperatura. Vestido con la indumentaria amarillo flúor del BAP, Larreta, acompañado por la ministra de Desarrollo Humano y Hábitat María Migliore, afirmó ante la prensa que “siempre hay lugar en los paradores porteños”.

 

A falta de políticas de viviendas, marketing de frazadas.

 

Según informó, la Ciudad dispone de 35 centros de alojamiento permanentes, y tres centros de emergencia abiertos desde el inicio de la pandemia, sumando un total de 3.000 plazas. Todos adaptados para grupos familiares, para personas solas (según su género) o para madres con niños.

Sin embargo, la Asamblea reveló que varios de los centros que presenta el gobierno porteño fueron cerrados cuando se superó la etapa de cuarentena cerrada a finales de 2020. Asimismo, puso en duda que la cantidad de plazas sea la que informa el gobierno, ya que en ocasiones las familias aseguran que no hay lugar. “Si el censo arroja resultados tan alejados de la realidad es probable que las políticas públicas que se diseñen como consecuencia apunten a muchas menos personas de las que verdaderamente lo necesitan”, reflexionó Alegre.

Muchas personas prefieren no asistir a los CIS porque no tuvieron buenas experiencias en el pasado. “Los llaman Centros de Inclusión y eso es lo que menos son. Son galpones, depósitos de personas con frazadas. A diferencia de lo que venden no hay un trabajo integral, no hay profesionales que acompañen a quienes transitan por ahí. Las familias a quienes acompañamos muchas veces nos dicen que se sienten más seguras en la calle”, dijo la voluntaria de Sopa de Letras. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires publicado a mitad del 2021 reveló que el 85% de quienes viven en la calle rechazan asistir a los paradores por temor a robos o a situaciones de violencia.

 

 

Aporofobia

En mayo se cumplió el tercer aniversario del llamado “ataque de odio en Mataderos”, en el cual dos personas en situación de calle que dormían bajo el puente de Alberdi y General Paz fueron prendidos fuego y filmados por los agresores, que con impunidad subieron el video a las redes sociales. El episodio quedó grabado en la historia de las organizaciones sociales, que este sábado 4 de junio se juntaron en Mataderos para conmemorar a las víctimas del brutal ataque.

La violencia hacia las personas en situación de calle se incrementó exponencialmente en los últimos años. En 2019, pocos meses después de lo ocurrido en Mataderos, un grupo roció con nafta y quemó las pertenencias de una familia que estaba en la calle con sus ocho hijos en el barrio de Boedo. El 4 de julio de 2020, Verónica fue prendida fuego mientras dormía bajo la Autopista 25 de Mayo, en San Cristóbal, y en abril del año pasado otros dos femicidios de similares características ocurrieron en los barrios de Recoleta y Palermo.

De los testimonios que recogieron las organizaciones sociales y de los registros de la Defensoría del Pueblo porteña se desprende que entre 2020 y 2021 por lo menos 50 personas en situación de calle fueron quemadas o golpeadas en la Ciudad. En igual sentido, el Censo Popular de 2019 reveló que más de 3.000 individuos dijeron haber padecido actos de violencia por lo menos una vez.

Las organizaciones sociales denunciaron también que este año hubo un operativo de “limpieza” antes de la noche del censo oficial, por el cual personal del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana movilizó a varios de los residentes de la calle a la fuerza.

 

 

El Ministerio recibió varias denuncias por situaciones de abuso contra esta población. Vale recordar que bajo su órbita funcionó entre 2008 y 2009 la Unidad de Control de Espacio Público (UCEP), creada por el entonces jefe de gobierno Mauricio Macri. Los documentos internos de la UCEP revelaron que se realizaron casi 400 operativos para reducir la cantidad de espacios públicos ocupados.

El periodista Francisco Yofre, especialista en temas de violencia institucional contra las personas en situación de calle, dijo a este medio: “Muchos de los ataques actuales de Espacio Público tienen similitudes con los de la UCEP: actúan de noche, golpean a quien se queje, se ejerce violencia verbal y humillante, y las pertenencias de la gente son subidas a un móvil que se las lleva sin que nadie sepa cuál es su destino final”.

El término aporofobia describe el desprecio y odio hacia el pobre. El PRO, junto a los medios de comunicación afines, logró construir una imagen de las personas pobres que genera rechazo en buena parte de la ciudadanía. Según ese discurso, el pobre es responsable de su propia pobreza y quien vive en la calle es porque así lo desea, ya que “en la Ciudad todos tienen la posibilidad de una cama, una ducha y comida caliente”. Narrar la realidad de esta población de forma desvirtuada, no reconocerla, invisibilizarlos hasta en los números, alimenta el desprecio y puede desembocar en violencia desmedida.

 

 

 

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