Un cacho de lunfardo

Y pa' escribir mejor, ¡lo hago en lunfardo!...

Berretín de la yeca. Humus de lxs porteñxs. Corte de manga al habla oficial, el lunfardo. No lengua. Sí conjunto de vocablos. No de origen carcelario. Sí de emigración.

¿Quién recuerda el paradero de las palabras esbrufata, pichibirlo o mandria? Tres lunfardismos que han entrado en desuso como otros tantos, pero ¡cuidado!, a un golpe de párpado pueden regresar. Sin ir más lejos, Cristina Fernández en una de las presentaciones de su reciente libro Sinceramente marcó tendencia en redes sociales al avivar las brasas de pindonga y cuchuflito.

Sucede que, por capricho del pueblo, ciertas palabras del argot nuestro resisten los embates del tiempo, cobran nuevos sentidos. La palabra bondi, por caso, que procede del brasileño bonde = tranvía –por extensión lo utilizamos para nombrar al colectivo– ha parido un nuevo significado: ¡Se armó alto bondi!, suelen decir lxs pibxs cuando se refieren a una situación de conflicto o pelea. También lxs freestylers –aquellxs que improvisan rapeando– suelen decir: ¡Dejá de tirar berretines! cuando construyen malas frases o rimas baratas. En otro contexto tirar berretines puede ser sinónimo de burla.

La palabra gato merece un tratamiento especial, pues se ha transformado en el equivalente de Mauricio Macri, decir gato es decir Macri, y hasta se ofrece aumentada por composición de acople: macrigato. Veamos. En el libro Lunfardo: curso básico y diccionario de José Gobello y Marcelo Oliveri encontramos Gato: “Ladrón que penetra furtivamente en los comercios y aguarda escondido la hora propicia para cometer el hurto; mujer y varón que comercian servicios sexuales”. En el Lenguaje del bajo fondo Luis Villamayor y Enrique R. Del Valle la definen como “persona que vale muy poca cosa. Como infeliz.” Gato también tiene su raíz tumbera “lo recoge la cumbia villera –nos lo hace saber la periodista Irene Amuchástegui– con el valor de ‘sirviente’, originalmente aplicado a un preso sometido por otro más poderoso (…) Pero gato también es despectivamente ‘policía’, y en ciertos contextos asociado a la voz bigote, que designa por metonimia al agente de típico bigote y también lleva a pensar en los bigotes del gato.”

Ahora, ¡a parar la paila, a sorprenderse! Se viene el tango Gato (1937), letra de Homero Manzi, música de Edgardo Donato. Versión en voz de Tita Merello.

En el bosque de la vida vive un pájaro sin plumas

que se mezcla entre las gentes en favor de su disfraz.

Que se muestra cuando hay buenas, pero en las malas se esfuma,

que se estira en la aliviada y se encoge en el cinchar.

Que se apropia de lo ajeno, que se viste con espuma,

que aparenta estar “sobrando”, si no tiene pa´ empezar.

¡Gato!

Este bicho es tu retrato.

¡Gato!

Dibujado con carbón.

¡Gato!

Del sombrero a los zapatos.

¡Gato!

Se denuncia en tu ambición (…)

 

 

 

Gato por Tita Merello.

“Así es el tango” (1937). Dirección: Eduardo Morera

 

 

Malevo, sos un tajo en la jeta de la ciudad

¡Juira Gato! Y es que en esta esquina del grillo vengo a hablarles de él. ¿De quién? De Carlos Raúl Muñoz y Pérez, para nosotrxs: Carlos de la Púa: el Malevo Muñoz, acaso la mayor expresión de la poesía lunfardesca. “Nací en un barrio de Buenos Aires el año 1898. Tres generaciones porteñas documentan mi profundo amor ciudadano. Un rango con culadera ‘goal’ en una esquina de Buenos Aires y la trayectoria rea de un farol apedreado marcan el camino de mi infancia.” De espíritu anarquista, ingresó al oficio de escribiente arrimándole a una revista de época sus “crónicas de un conscripto” denunciando las atrocidades de los milicos del cuartel. Quizá, su afilada verba, su repentismo mágico que luego pasaba a papel, sus vivencias de vendedor ambulante con la particularidad de vocear la mercadería con una víbora enroscada al cuello, lo convirtieron en la “joya” del diario de Natalio Botana: Crítica, ya una usina cultural que gozó en sus páginas la presencia de Roberto Tálice, Enrique y Raúl González Tuñón, Roberto Arlt, Nicolás Olivari, Leopoldo Marechal, María Luisa Carnelli, Jorge Luis Borges, entre otrxs.

 

Manuscrito de Carlos de La Púa enviado a Gerardo Matos Rodríguez al terminar la letra del tango Farfala Volatriche

 

La crencha engrasada (poemas bajos)

¿Fue intuición o sabía? Refiero el hecho de lograr con La crencha engrasada (1928) el anhelo de todx poeta: escribir un solo libro y callarse. Treinta años tenía cuando editó La crencha… eso bastó para perpetuarlo en la literatura porteña jerarquizando a su vez la lunfardía y por supuesto la literatura nacional. Porque si unx quiere comprender la médula espinal de esta ciudad rabiosa (pero también compañera) no puede sortear las páginas de este libro que no solo se alimentó de ambientes runfleros, entrevero de hombres de timba, mujeres de la calle, burreros, fiolos, vagabundos, chorros y demás desesperados, también lo hizo al beber de la literatura universal. Quizá, la gracia del Malevo venga de ese equilibrio que va de Shakespeare al levantador de quiniela de Maipú y Lavalle. Sus poemas siendo ásperos, angustiantes, irónicos, canallescos y hasta por momentos inmundos no dejan de tener su brochazo maestro, es decir, debajo de lo que a priori parece ser simple estampa de época, agazapado siempre estará el poeta. Miren este símil del Puente Alsina:

Puente Alsina

sos como un tajo en la jeta de la ciudad.

Supo también –a lo Góngora, a lo Vallejo– torcerle el cuello a las palabras mutando un adjetivo en verbo:

Barrio mío, donde quedara abandonado

el simbólico tejo diezañero y querido

hoy, que en esta quiniela del vivir voy sobrado

tu recuerdo me ABUENA como un verso sentido.

En Bajo Belgrano nos trae el clima de las mujeres de barrio con un imbatible cierre de estrofa:

Portones

con ramos de morochas

a punto de dulzura.

Yo sé de una… ¡me cacho!,

prepotente y diquera,

que lleva la mirada de todos los machos en la cintura

como en un revuelo de moscas bosteras.

Es cierto, Carlos de la Púa: el Malevo Muñoz tampoco supo escapar del patriarcado que imperó e impera en esta cosa que da vueltas llamada tierra; revisen Amasijo habitual, Packard, Sor bacana, La engrupida…

 

Dos poemas para el oído. Uno para el ojo

 

 

 

 

Langalay

Vivió sacándole punta al coraje.
Prepotente y cabrero,
le gustaba clasificar los puntos del reaje,
y a los que no sabían guapear
les ponía cero.

Conocía el santo y seña del cuchiyo,
usaba taco alto
y escupía por el colmiyo.

Del cogote, como un escapulario,
le colgaba un prontuario
de avería.
(Al barrio de Las Ranas
hizo temblar con sus macanas).

Hoy el progreso lo empujó para Villa Madero.
Una mina con cancha le sacó las virutas de cabrero
y el amor al hijo lo hizo amainar.

Sólo conserva de recuerdo un suncho
grabado en la tarimba de un plenario
con estas ocho letras bravas:
L a n g a l a y.

Fue también co-guionista del primer film sonoro de la argentina, Tango (1933), junto a Luis José Moglia Barth; dirigió las películas Galería de esperanza e Internado, autor de una novela corta: El sapo violeta, y se habla de un sainete perdido en colaboración con Enrique González Tuñón. Autor de unas pocas letras de tango y póstumamente musicalizado por Edmundo Rivero como es el caso de esta milonga: línea n° 9

 

 

 

Glosario de Línea N° 9 (para iniciadxs y no tanto)

 

Boncha = Vesre de chabón.
Boleao = Atontado.
Piyó = del genovés piggia (coger). Vale por tomar.
Esparo = Auxiliar del ladrón.
Lancero = Ladrón que emplea la lanza. Lanza: Robo practicado en los bolsillos de las víctimas.
Gil a la acuarela = Muy tonto. Derivado de gil a cuadros.
Polenta = Oro.
Bobo = Reloj.
Marroca = Cadena de reloj.
Empiedrada: Designación festiva de la piedra que lleva el anillo.
Fule = Apócope de fulero, (falso, feo).
Berretín = En este caso, cruce semántico con baratín haciendo saber que la empiedrada es falsa.
Grilo = Bolsillo lateral externo del pantalón.
Casimba = Billetera.
Chiquilín = Bolsillo delantero externo superior del pantalón.
Rropaé = Vesre de esparo.
Laburo = Vale por robo.
Trabucó = Impedir el movimiento a alguien.
Bondi = Tranvía.
Requemada = Vale por muy conocido, remanyada.
Batidor = Delator.
Saltó cabrón = Saltó la bronca.
Mancada = Frustrarse un robo.
Chele = Vesre de leche.
Dope = Vesre de pedo.

Antes de espichar

Héctor Elvio Botana, (Poroto, hijo de Natalio) recientemente convertido al catolicismo le dijo: "No es que quiera asustarte, pero en todo caso conviene quedar bien con Dios. ¿Me dejás que te traiga un sacerdote?" El Malevo –aunque de espíritu anarquista– en el estado de aquel que cuenta los minutos de vida que le quedan, retrucó: “Sí, total… siempre conviene tirarse un lance.”

Se cayó del alma el 5 de mayo de 1950, pero ¡qué se va a morir! Si ni la mismísima huesuda con su ejército de millón de guadañas pudo borrarlo.

Lxs espero en la próxima esquina del grillo. Ah, y no lo olviden: ¡Hasta la ‘Victrola’ siempre!

 

 

 

 

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