UN SUEÑO PRESIDENCIAL

Producción, hisopados masivos y paz social en la industria automotriz

 

Los sueldos bajos en dólares son el principal aliciente de las multinacionales para invertir en la Argentina pero no parecen tentar a los capitanes de la industria, plantea Alejando Bercovich en su columna semanal. “¿Por qué, si no, se habrían abroquelado como lo hicieron en contra de un impuesto a las grandes fortunas que no afecta a la porción de sus patrimonios invertida en empresas y que se paga solo en 30 días? ¿No es el 2% con el que proponen gravarlos Máximo Kirchner y Carlos Heller la tasa de devaluación mensual promedio que toleró hasta ahora Miguel Pesce?”, se pregunta. “Si el 70% de esas fortunas está en dólares o en activos en moneda dura, como consta en los registros de Bienes Personales de la AFIP ¿no alcanza con esperar un mes para saldar el Aporte Extraordinario con la diferencia cambiaria y después jactarse de tal arrojo solidario? ¿O apostarán a una devaluación más brusca?”.

El periodista y economista cuenta el trasfondo del decreto presidencial que recategorizó como servicios públicos a la telefonía celular, la TV por cable e internet. La explicación no debe buscarse en las portadas incendiarias de Clarín ni la agitación en TN, sugiere. “Yo en eso sí que pienso distinto que Cristina. Por mí que escriban lo que se les cante el culo”, cita al presidente en la intimidad. “Lo que convenció a Fernández de dictar el DNU que enfureció a Clarín fue la intransigencia de Personal –parte del grupo– en la discusión del aumento de tarifas de celulares tres días antes”, informa. El presidente entiende que Clarín ya no es un grupo de medios sino una megacorporación diversificada que los incluye y que un gobierno, para regular a una megacoporación, dispone de DNUs, decretos simples y resoluciones. “En otros términos: más Vilma Ibarra y menos Martín Sabbatella. Más congelamientos de tarifas y menos cláusulas sobre pluralidad de voces”, grafica, y anticipa que el gobierno podría revertir el artículo de la ley antimonopolios de 2018 que estableció a partir de qué porción de mercado una compañía incurrría en posición dominante, eliminado por orden de Mauricio Macri.

El presente de la industria automotriz es el sueño presidencial para la nueva normalidad económica: varias terminales produciendo a un ritmo cercano al habitual, paz social entre sindicatos y empresas, y obreros mayores de 60 aislados pero cobrando sus quincenas. El problema es que abarca apenas al 5 por ciento de los trabajadores industriales y al 0,5% de la fuerza laboral del país, apunta Bercovich. “¿Por qué no podría replicarse su modelo en otros rubros fabriles o en otros sectores de la economía? Por empezar, por la propia dinámica del coronavirus y lo cara que resulta su extrema contagiosidad. Las terminales automotrices coordinaron con SMATA un plan de hisopado masivo que permitió testear a más de 10.000 operarios antes de que volvieran a sus puestos. Costó 80 millones de pesos, que financiaron en partes iguales el gremio y las compañías”, informa. Lo contrasta con las “burbujas” de Boca o el PSG, con los desastres en la multinacional Mondelez o el ingenio Ledesma en Jujuy, y se pregunta: “¿Alguien imagina a todas las empresas del país invirtiendo ese dinero en hisopar a su personal?”.

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