A las patadas

La deuda y su renegociación por el próximo gobierno

 

Buscado o no, la formula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner significó un bálsamo para el mercado financiero argentino, que incluso le permitió al gobierno nacional colocar títulos de deuda más allá del 10 de diciembre de 2019, aunque a una tasa mayor que la imperante a esa fecha: el martes 21 de mayo se adjudicaron 300 millones de dólares en LETES (Letras de Tesorería) a una Tasa Nominal Anual (TNA) del 6,21% y, el jueves 23, la Secretaría de Finanzas de la Nación recibió oferta por $ 5.885 millones para los Bonos del Tesoro Nacional en Pesos a Tasa Fija con vencimiento en noviembre de 2020 (BOTE 2020) a una TNA de 26,35%

El FMI le autorizó al BCRA a vender reservas internacionales al mercado financiero local, sin otro condicionamiento que informarles a ellos de dicha operación. Reservas que se constituyeron con deuda y principalmente con ese organismo, para frenar una posible corrida cambiaria que se avizoraba a medida que se acercaran las elecciones y ante el temor de un nuevo  gobierno que pusiera fin al carry trade, o bicicleta financiera, que hace que el dólar que valía $ 39,20 en noviembre de 2018 ronde los $ 46 en mayo de 2019 (acrecentándose solamente en un 17%, menos del 2% mensual) y que las tasas de las LELIQs (letras de Liquidez del BCRA) hayan rendido en dicho lapso más del 70% anual. En seis meses, los bancos que tienen la posibilidad de comprar LELIQs ganaron en dólares más del 20 % de lo que invirtieron y todavía sigue.

El grave problema es que ese 20% de rentabilidad en dólares de los especuladores financieros en solo seis meses, lo pagan la producción y el trabajo presente y futuro.

Presente porque las tasas activas (las que le cobran al tomador de crédito) son confiscatorias del capital, rondan el 90% anual, cuando el INDEC reconoce una inflación anualizada del 55,8% entre abril de 2018 y 2019, y la mayoría de las paritarias cerraron o cierran con un incremento de los salarios en torno al 28% anual para 2019 (excluido el arrastre por la diferencia con respecto a 2018 que se otorgó en algunos casos).

La apropiación del ingreso también beneficia a quienes pueden fijar precios en torno a esas tasas de interés, como son las tarifas de suministro eléctrico, de gas, de combustible y, en menor medida, el precio de la leche y sus derivados, de la harina y sus derivados, de la carne, del aceite que son bienes-salario. Lo mismo pasa donde los empresarios tienen mercado cautivo como son los casos del acero, aluminio, cemento, productos petroquímicos y algunos más.

Esa desigual posibilidad en que el capital financiero se beneficia y el productivo se perjudica, es la que explica que en marzo de 2019 la economía haya caído un 6,8% con respecto al año pasado y, en su conformación, la industria se haya reducido un 13,2% y el consumo global caído un 14,6% en ese período. Asimismo, el INDEC dio a conocer el valor de la canasta básica y de la canasta total y demuestra que ambas crecieron por encima de la inflación, de manera tal que una familia tipo requiere $ 11.845 para poder alimentarse y $ 29.494 para no ser pobre (no se computa aquí el costo del alquiler), lo que significa que más argentinos caen en la pobreza y en la indigencia, como Macri que decía que caemos en la educación pública.

Esto es, la renta financiera castiga de sobre manera al aparato productivo y esencialmente a las pequeñas y medianas empresas. Muchas de ellas ya bajaron sus cortinas y otras desesperadamente luchan por sobrevivir.

El aumento de la desocupación y con ello la presión a la baja generalizada de los salarios hace que los trabajadores, jubilados y pensionados perciban una parte cada vez menor del ingreso nacional. Durante la gestión de Cambiemos, la disminución de esas remuneraciones es, en términos reales, en torno al 20% del PIB. Sin exageraciones, al contrario, pecando de prudencia, la participación del conjunto de los asalariados [1], jubilados y pensionados de todo tipo, es a lo sumo del 35-38% del PIB. La inversión bruta fija es un 17%, quiere decir que los no asalariados se llevan no menos del 45% del PIB.  Porcentaje que se apropia básicamente el sector especulativo y rentístico, pero no para aumentar la inversión que era el apotegma del macrismo al iniciar su gobierno, sino para fugarlo, como lo demuestra el Balance Cambiario del BCRA que sostiene que entre enero de 2016 y abril de 2019 se fugaron (FAE formación de activos externos en el exterior) 66.364 millones de dólares

 

Tipo de cambio, carry trade y fuga

La literatura económica y los estudios econométricos demuestran que los países del este asiático crecen porque combinan tipo de cambio competitivo con tasas de interés internas bajas (y hasta negativas con respecto a los precios). En cambio la Argentina de Martínez de Hoz y su tablita cambiaria; del Austral, de la Convertibilidad y ahora de este engendro indefinible, comienzan con un tipo de cambio alto y lo van atrasando sistemáticamente con tasas de interés y precios internos que lo igualan y lo superan en corto tiempo, con el único objeto de destruir cadenas internas de valor y generar negocios financieros a una minoría parasitaria que lo fuga [2].

Esa minoría encuentra el apoyo del FMI y de los Estados Unidos porque pretenden que produzcamos lo que podemos por encima y por debajo de la tierra, con lo que son funcionales a una división internacional del trabajo que nos da un lugar marginal en el mundo. Sino preguntémonos cuánta mano de obra demanda una tonelada de soja. ¿Cómo generamos trabajo para 44 millones de habitantes?

El gobierno de Cambiemos festeja que se obtiene superávit de mercancías (bienes) porque se frenan las importaciones y se exporta combustible y productos agropecuarios con bajo valor agregado. Se festeja un magro superávit primario obtenido frenando la obra pública, los gastos en salud, en educación y con el salario de los trabajadores estatales que crece la mitad que la inflación [3]. Lo que no dice es que se opera con déficit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos y en el Presupuesto de la Administración Nacional, por el pago de los servicios de la deuda, ante el alto endeudamiento y las altas tasas de interés.

El objetivo del FMI y del gobierno es que las ventas de dólares del BCRA permitan mantener el tipo de cambio bajo control y mejoren las expectativas del mercado financiero, que deriven en un alza de las paridades de los títulos públicos y con ello en una baja del riesgo país. Con la suba de los bonos, se benefician bancos y fondos de inversión nacionales y extranjeros que tienen papeles argentinos en sus propias carteras y en las de sus clientes. Es lo que les piden a las nuevas autoridades, que semejante endeudamiento, fuga y destrucción de riqueza sea administrado con nuevas deudas y nuevos plazos, durante al menos ocho años.

O sea, no se administra la política cambiaria para construir un modelo de integración comercial y de inversión sustentable, no se está pensando en un tipo de cambio que estimule nuestras exportaciones y ponga un dique natural a las importaciones, como diría Anthony Thirlwall en un apotegma que hoy se considera ley económica: “El crecimiento depende de la elasticidad de las exportaciones y de la elasticidad ingreso de la demanda de importaciones”

Porque si fuera así, después del derrape cambiario iniciado a fines de abril de 2018 por ineptitud del gobierno de Cambiemos, paradójicamente no estaríamos lejos de un tipo de cambio de equilibrio real. Pero lo que les interesa es seguir atrasando el valor del dólar para continuar con el negocio del carry trade y la fuga de capitales, dando como resultado que una minoría social (interna y externa) gire fondos  al exterior, a cambio de pobreza y destrucción de valor en el mercado interno argentino.

Los referentes en economía del nuevo gobierno repiten esa letanía como si fuera una oración larga y tediosa y no enfrentan la dura realidad: se debe cortar de cuajo con todo lo que nos ate al altar de la deuda. Deuda de la que el pueblo argentino no vio un dólar y paga como si fuera una necesidad.

Hace unas semanas atrás había dos planes económicos en discusión, el del FMI y el de Roberto Lavagna y Aldo Pignanelli, este último impulsado por un sector de la UIA, que eran los 14 puntos que se presentaron el 4 de julio de 2018 y a los que les contestaron con las fotocopias del “cuaderno de Centeno”.

Los referentes que hablaron o escribieron hasta ahora del candidato nacional y popular no plantean nada distinto a lo que dice el FMI, utilizan su lógica y su lenguaje. Es más, ya entran a justificar la necesidad de reducir el gasto previsional por ser el componente más importante del gasto público.

En su libro Sinceramente, Cristina Fernández de Kirchner cuenta la reunión con Roberto Lavagna y con Guillermo Nielsen, Ministro y Secretario de Finanzas respectivamente, sobre la quita de la deuda. Néstor Kirchner les dice “Tenemos que hacer una oferta menor porque no vamos a poder pagar eso”. Cuando Nielsen escuchó a Néstor, dijo: “Yo no voy, no puedo ir con una reducción de la deuda mayor porque nos van a sacar a las patadas”. La respuesta de Néstor Kirchner fue inolvidable: “Mirá, Nielsen, es mejor que te saquen a vos solo a las patadas de allá y no que nos saquen a todos a las patadas de acá” (pp.197 y 198).

 

 

De eso se trata.

 

[1] Basta como referencia que el salario promedio actual es de aproximadamente $32.300.- por mes, lo que implica una reducción del 25,4% en relación al salario promedio del año 2015
[2] Asociada a capitales financieros internacionales  como son los grandes bancos y fondos de inversión como el Goldman Sachs y Franklin Templeton, ambos con importante posición en títulos de deuda argentina. Recordar que en el primero de los nombrados trabajó 17 años el actual Secretario del Tesoro de los EE.UU., Steven Mnuchin, quien personalmente habló al FMI para que flexibilizara la venta de dólares de las reservas del BCRA.
[3] Superávit primario de solo $ 10.846 millones acumulados en el primer cuatrimestre de 2019, pero de intereses se pagaron $ 191.701 millones, con lo que el déficit total fue de $ 180.855 millones en ese lapso.
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6 Comentarios
  1. Horacio Rovelli dice

    Muchas gracias por los comentarios, y la predisposición. Es muy bueno el artículo que trae Luis Juan, el FMI es un instrumento del capital financiero internacional y de Washington, que actúan en forma conjunta, asegurando altas tasas de ganancia a esos capitales y a la vez no dejando que el país se industrialice y sea soberano e independiente

  2. Luis Juan dice

    Estimado Horacio:
    Embarcado en busca de papeles perdidos, vine a dar con algunos escritos propios y de prestigiosos periodistas con los que nos encontrábamos luchando a pluma tendida contra el menemato y su continuidad cómica que significo la Alianza.
    En esta oportunidad, quisiera rescatar lo que dijera uno de ellos que, lamentablemente, ya no se encuentra entre nosotros, pero sus comentarios aún contienen una vigencia imperturbable, máxime cuando los que vienen manejando los destinos de nuestra patria desde diciembre de 2015 resultan los peores -por lejos- de toda nuestra historia democrática.

    27/09/2004
    EL QUE TRAICIONÓ SUS ORÍGENES
    Por JORGE CONTI

    “El Fondo Monetario Internacional no es el principal responsable de la crisis argentina”. “El Fondo Monetario Internacional no es el principal actor en la Argentina en los últimos diez años, lo son sus instituciones políticas, civiles y sociales”. “No somos el gobierno económico del mundo, cada país tiene su propio gobierno económico”. “Estamos al servicio de los gobiernos del mundo, con la función de mejorar su política económica”. “Existe la propensión a pensar que lo único que sucedió en la Argentina es lo que el Fondo Monetario Internacional hizo y eso me parece un error”. (Declaraciones de Rodrigo Rato, director gerente del FMI al diario español “El País”, reproducidas por el diario “Clarín” en su edición de ayer).
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    El que traiciona sus orígenes y los fines para los que fue creado está condenado a mentir. Al contrario de sus antecesores en el cargo, que asumieron el papel de servidores de las grandes corporaciones internacionales, de la especulación bursátil y de la economía norteamericana, impusieron sin arrepentimientos las famosas recetas y mintieron sobre su presunto beneficio, Rodrigo Rato prefiere negar que se haya hecho lo que se hizo.
    No, el FMI no tuvo actuación principal, nunca se amenazó con el abismo si no se seguían sus recetas, nunca fue el gobierno económico del mundo y la culpa es de los gobiernos locales, particularmente los de la Argentina, y sus instituciones. Podría ser uno de los chistes de gallegos que circulan entre nosotros si no fuera porque esos chistes manifiestan una presunta brutalidad, mientras que las políticas del FMI son en realidad muy inteligentes y adecuadas a los intereses del “establishment”.
    Desde que las críticas al FMI adquirieron protagonismo mundial, se insiste particularmente en las “políticas equivocadas” del organismo como causantes de las crisis en el sudeste asiático, Japón, Rusia, Malasia, México, Brasil y Argentina. Tal hipótesis, la de la “equivocación”, demuestra que hasta en las críticas pareciera respetarse la condición “sagrada” del Fondo, porque nadie bien intencionado insiste tanto en una equivocación sino que, al primer fracaso, modifica su línea de conducta.
    Al contrario, yo creo que las políticas del FMI no fueron equivocadas sino -como suele decir Menem de su gobierno- “exitosas”. Cumplieron -el FMI y Menem- con los objetivos que se proponían, es decir, mantenerse en los lineamientos del “Consenso de Washington” hacia la más enorme concentración de la riqueza en la historia de la economía y consecuentemente la más monstruosa marginación social en la historia de la humanidad.
    Resulta aceptable que nadie percibiera lo que iba a pasar cuando el experimento estaba en sus momentos iniciales, allá a principios de 1980, cuando nosotros entrábamos en la inocente alegría de la democracia recuperada.
    Es comprensible que el ciudadano de a pie no comprendiera los verdaderos motivos de la caída del gobierno de Raúl Alfonsín y confundiera con incapacidad (más allá de medidas criticables que no eran precisamente del orden económico) con lo que en realidad fue un golpe de mercado.
    Pero que nadie se percatara del rumbo que tomaban las cosas en los ’90 o se hicieran los “chanchos rengos” por oportunismo personal, ya no es aceptable, ni comprensible, sino injustificable.
    Por eso mismo y siempre con la misma lógica, hay algo en lo que Rodrigo Rato tiene razón: las instituciones políticas, civiles y sociales argentinas fallaron. Pero fallaron precisamente porque acompañaron al manso y obsecuente gobierno de Carlos Menem y su puntual seguimiento de las recomendaciones del Fondo.
    En un nada casual paralelismo, les pasó lo mismo que a los militares de la dictadura: cuando llegó la hora del fracaso, Estados Unidos y el FMI los pusieron en el primer plano de los culpables, cuando en realidad habían sido un instrumento de los intereses mundiales. Hasta Martínez de Hoz renegó de ellos, siendo así que se había servido del terror de Estado para imponernos sus políticas.
    Es de esperar que hayan aprendido, pero ¿lo hicieron las instituciones políticas, civiles y sociales de las que habla Rato?. ¿O, si se presentara la ocasión, de nuevo los caciques sindicales entregarían a sus representados, los partidos de oposición se sumirían en un desconcertado silencio y las organizaciones no gubernamentales se mantendrían en el reclamo sectorial?.
    Las declaraciones de Rodrigo Rato exponen la hipocresía de las políticas del Fondo, pero también exhiben nuestro rostro social ante nuestros ojos. Lo que hace de la década de los ’90 lo más cercano a la “década infame” de la historia argentina, es que el FMI mintió en sus recomendaciones para que sacaran partido las corporaciones y los especuladores, pero también porque gran parte de la sociedad argentina no es inocente, al tirar por la borda los valores y los principios a cambio de un televisor o una lata de atún importados. También traicionaron sus orígenes, que eran los de Mariano Moreno, Juan José Castelli, Manuel Belgrano y José de San Martín. El que traiciona sus orígenes está condenado a mentir.
    Hay una formidable lección que deberíamos aprovechar los argentinos después de la hecatombe: la de ponernos de pie y decir “no” a quien quiera convencernos de adoptar medidas de ajuste y reducción del déficit, justo cuando nuestra economía está entrando en un ciclo recesivo. Eso fue lo que provocó las tragedias de Corea, Tailandia, Indonesia, Rusia, México, Brasil y Argentina: aceptar el ajuste cuando lo indicado era lo contrario, aumentar el gasto del Estado para reanimar al mercado interno.
    Lo triste es que justamente para eso había nacido el FMI: para ayudar a los países en crisis y proveerles los fondos necesarios para realizar políticas expansionistas, no restrictivas. Hay que decirlo: el FMI nació keynesiano. Pero con el tiempo –y ya convertido en una patota de burócratas elegantes, capaces de cualquier trapacería para conservar sus cargos- el FMI se interesó más en garantizar la devolución de los préstamos, que en ayudar a los países pobres a mantener el empleo.
    Por eso Rodrigo Rato miente. Porque no tiene el coraje de admitir que han traicionado sus orígenes.

  3. carlos sanchez dice

    ese nielsen es mas de lo mismo, el apellido lo vende…!!! la cara y lo que dice también…!!!! ojo primero que nada van a intentar ir por las jubilaciones, el poder no va a aflojar así nomas y si la cupla fernandez le da lugar se la ponen.

  4. Daniel dice

    Como cada acusación M, verifica luego ser un pecado M, a la presente asociación para delinquir sólo le queda cumplir con el «plan bomba». Vienen con impulso pero capaz erran con el tamaño de la mecha.

  5. Lujan dice

    Dice Nielsen: » nosotros estuvimos en ese laberinto y sabemos como salir» – deuda-FMI-. Además del CV en el orden nacional, es interesante conocer su intervención en el escenario externo. Ante una nueva y posible actuación de un equipo comandado nuevamente por este economista, queda para pensar: El establishment podría estar gestando una nueva -y van…- maniobra política para que decisiones forzadas que aún a un nuevo gobierno, les haga retener el poder en sus manos. La intrigante pregunta que puede hacerse el ciudadano no cambiemita claro, es si todo el arco -unido o no- de la oposición es consciente de esta posible jugada o le es totalmente ajena. Bueno de ser así, en ambos casos la Argentina esta en serio peligro con todos lo que estamos dentro.

    1. Héctor de Troya dice

      Correcto.

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