El silencio no es un mandato

¿Por qué callan los medios la denuncia por violación a un hombre poderoso de Jujuy?

 

Corría la primera semana de noviembre de 2013. Yo aun lloraba emocionada cuando leía el fallo de la Corte en la causa Clarín que había salido el 29 de octubre. La política peronista aun intentaba recuperarse del bofetón que habían significado las elecciones legislativas del 27 de octubre, en las que Sergio Massa, que para esa fecha era algo así como la gran esperanza blanca del poder, había obtenido una importante cantidad de voto en la provincia de Buenos Aires.

A propósito del fallo sobre la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, firmado ese 29 de octubre, se había producido una curiosa situación. El entonces presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, había acordado a través de su equipo de prensa una serie de entrevistas para explicar el fallo en cuestión. Debo aclarar que el fallo no había sido el que los medios más concentrados de la Argentina esperaban. Y estaban indignados. La historia la contó en la revista Noticias María Bourdin, entonces directora del Centro de Información Judicial de la Corte Suprema (CIJ). Este fue el relato

Noticias: La mencionaron Jorge Lanata y Marcelo Longobardi. ¿Qué pasó detrás de escena?

María Bourdin: Pasó lo habitual para cualquiera que hace un trabajo de prensa. El día que sale el fallo de la Ley de Medios, habíamos decidido que Lorenzetti saliera a explicarlo. En este caso, habíamos decidido que hablara en La Red, Continental y Mitre.

Noticias: ¿Con qué periodistas?

Bourdin: Con María O’Donnell, Luis Novaresio y Marcelo Longobardi. Entendíamos lo importante que era este fallo para los medios, en general. Primero hice un intento para avisarle que nos interesaba salir en el programa de Longobardi. Pensé que se iba a abalanzar sobre la nota. Lo hice a través de una persona muy cercana a él y a mí.

Noticias: ¿A través de quién?

Bourdin: Daniel Hadad. A la noche, cuando ya había arreglado con La Red y Continental, hice un último intento con su producción y no me contestaron.

Noticias: ¿Por qué aparece Lanata en esta historia?

Bourdin: En el pase que hace Longobardi al programa de Lanata. Lanata dice que no me conocía. Para nosotros, ya es algo que pasó. Lorenzetti salió al aire en La Red y Continental con normalidad, y no habló en Mitre. Para mí, se terminó. El condimento personal que le agregué está más vinculado a mi historia que a la figura de Lorenzetti. Yo me formé en el Grupo Clarín. Hice la maestría en periodismo ahí, gané la beca “Nuevos Periodistas”, trabajé en el cierre, en Arquitectura, en todo lo que se le ocurra…

Noticias: Usted dice que terminó ahí, pero después tuiteó que no lo entrevistaban a Lorenzetti en Mitre.

Bourdin: Sí. Me había sorprendido la decisión de no querer sacar al aire al presidente de la Corte Suprema.

La revista Noticias también entrevistó a Jorge Lanata a propósito del penoso episodio, y el conductor señaló al respecto: "La Corte no puede, por una cuestión de multilateralidad, entrevistarse con una de las partes sin que esté la otra, y esas audiencias tienen que ser públicas. Entonces, si la Corte lo vio a Zannini, ¿estaba Magnetto en la reunión?

—Pero la Corte también ha tenido reuniones con Magnetto.

—Lo que yo estoy diciendo es que tienen que estar las dos partes juntas.

—¿Usted no quiso sacar al aire a Lorenzetti?

—Obvio, yo no lo voy a sacar. No me interesa discutir con él.

—¿Por qué? ¿No tiene ninguna pregunta para hacerle a Lorenzetti?

—Sí, pero creo que va a mentirme, ¿para qué se las voy a hacer?

—Usted impulsó el "Queremos Preguntar". ¿Cree que toda la gente a la que le vamos a preguntar nos va a decir la verdad?

—(...) Ahora Lorenzetti quiere hablar, yo me pasé la vida llamándolo y no salió al aire. Entonces, no es que yo no quiero hablar con Lorenzetti: no quiero darle en este momento 52 puntos de share para que diga su versión de las cosas.

 

 

 

 

Bienvenido al periodismo que decide callar una versión de los hechos porque no le gusta. Por cierto, eso no es periodismo. Eso es operar. Es decir, solo admitir y difundir una versión y callar las demás. Cuando pasa eso no se informa, se desinforma. Y voy a reiterar que cuando pasan esas cosas, la víctima no es solo quien sufre la censura, sino también todos los ciudadanos, que ven cercenado su derecho de acceso a la información, una de las caras de la libertad de expresión. Porque como señalara hace casi 35 años la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la Opinión Consultiva 5/85: “En su dimensión social la libertad de expresión es un medio para el intercambio de ideas e informaciones y para la comunicación masiva entre los seres humanos. Así como comprende el derecho de cada uno a tratar de comunicar a los otros sus propios puntos de vista implica también el derecho de todos a conocer opiniones y noticias. Para el ciudadano común tiene tanta importancia el conocimiento de la opinión ajena o de la información de que disponen otros como el derecho a difundir la propia”.

Pero verán que para nuestro periodismo, la libertad de expresión es solo su derecho a hablar, mas no a que hablen los demás. Al menos no los que hablen con opiniones diferentes a las de ellos.

Quiero reflexionar sobre el enorme poder que tienen los medios de comunicación y cómo impacta ese poder en un poder de la República que se llama Poder Judicial. Hemos visto cómo un medio puede incluso decidir callar al presidente del organismo máximo del Poder Judicial. Esto es la Corte Suprema. Pero ese acto de censura, si bien no tiene consecuencias sobre el medio que lo dispone ni sobre el periodista que lo ejecuta, sí tiene consecuencias sobre todos nosotros, los que no accedemos a la información, porque un medio decide que no accedamos.

Les voy a dar un ejemplo más reciente e incluso más dramático. El domingo pasado, El Cohete a la Luna publicó una entrevista donde una mujer contaba la violación que había sufrido por parte del presidente del Superior Tribunal de Justicia de Jujuy. Ningún medio de los que responden a la famoso circulo rojo reprodujo la noticia. Y la razón es bastante sencilla de explicar. El acusado de violación era diputado provincial de Jujuy a finales del 2015. Apenas asumió, el gobernador Gerardo Morales ordenó ampliar el número de miembros del Superior Tribunal de Justicia de Jujuy, que, para los neófitos, es la Corte Suprema provincial. Pablo Baca era uno de los legisladores de la Unión Cívica Radical que votó ese aumento de miembros. Voto que fue por demás provechoso, sobre todo para el propio Baca, quien luego fue promovido por el propio Morales como miembro de ese Superior Tribunal. Lo que llamaríamos una prodigiosa carrera judicial.

El hacerse con el control tanto del Superior Tribunal como de ciertas fiscalías estratégicas significó para Gerardo Morales la posibilidad de pasar de gobernador a supremo visir, marajá y zar de la Puna. Porque le permitió tener la más absoluta injerencia en el Poder Judicial de la provincia que gobierna. Y mantener arbitrariamente presa a su principal opositora política, Milagro Sala.

Es extraño y trágico también que Pablo Baca, una de las piezas que ha permitido mantener en prisión a Milagro Sala, una mujer, hoy esté acusado de violar a otra mujer. Frente a la silenciosa indiferencia de los medios de comunicación y de buena parte de la política.

Hoy es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Y cuando lea las grandilocuentes notas de los medios que responden al círculo rojo, relativas a las luchas feministas, los derechos de la mujer y su reivindicación, le pido que tomen nota que cada uno de esos medios ESTÁ INVISIBILIZANDO UNA DENUNCIA DE VIOLACIÓN que, claro, tiene impacto político, pero que más allá de ello, implica una desprotección de la víctima. Pareciera que hay violadores buenos, o violaciones que no son tan graves o que no importan.

En el Senado de la Nación tenemos un caso similar, en términos de impacto político. Un senador del peronismo, José Alperovich, también está acusado de violación. Los medios le dieron amplia difusión al tema. De hecho, fue portada de diarios. Ese señor acusado de violación actualmente está de licencia. Y fueron sus propias colegas, las senadoras mujeres, quienes activaron el protocolo de defensa de la víctima. Diferencias que hay que hacer notar. Porque importan.

Escribo esto con espanto. No puedo creer el silencio de los grandes medios respecto a la denuncia de la mujer de Jujuy. Me parece vergonzante. Y me pregunto qué les dirán los gerentes de línea editorial a los cientos de mujeres periodistas que callan la denuncia de violación en Jujuy.

Pero más aun, me pregunto qué pensarán en su fuero intimo esas mujeres periodistas que callan. ¿Les dará vergüenza aparecer ante las cámaras o firmar sus notas con la noción de aquello que callan? ¿Justificarán silenciar esa denuncia creyendo que ese silencio es parte de su aporte a algún sector político? ¿Qué dirán entre ellas en los camarines y vestidores de los canales de televisión? ¿Serán conscientes que podrían ser ellas las que un día denuncien una violación y sus colegas quienes la invisibilicen?

Tengo la sensación horrible de que detrás de tanto pañuelo verde que se muestra en TV, hay una dosis enorme de cinismo e hipocresía. La situación de abuso, aun sutil, es algo que hemos pasado la mayoría de las mujeres argentinas. Sea un profesor desubicado, un desconocido en la vía pública, un jefe idiota y machirulo, un familiar más o menos cercano, un ex novio o un ex marido.

Yo no tengo que refrescar en la memoria de ninguna mujer de este país las situaciones de abuso que sufrimos solo por ser mujeres. Pero sí me veo en la obligación, que me apena, me avergüenza y me enoja de recordar que los derechos de las mujeres, que la dignidad de las mujeres, es innegociable. No importa en qué medio trabajás, ni de qué partido sos, ni qué conviene. Si nosotras no nos defendemos entre nosotras… ¿en serio creen que el patriarcado va a caer? Si nosotras, que conocemos en primera persona de qué se trata esa historia de humillaciones y situaciones incomodas nos callamos, ¿quién va a hablar por nosotras?

Cuando normalizamos el silencio, normalizamos nuestro propio yugo. Hay infinidad de opciones para no callar sin defender o atacar a nadie. Podés explicar la presunción de inocencia. De la que también gozan quienes son denunciados por violación. Podés decir que no creés en la denuncia y que la misma está orientada políticamente. Lo que no podés es callarte solo porque el acusado es alguien poderoso. O porque el acusado tiene relevancia política.

Les voy a contar que hace un tiempo, casi dos años, acusaron a un dirigente de mi espacio político, Jorge Romero, de haber encerrado a una militante en un baño y haber intentado obligarla a hacerle sexo oral. El dirigente en cuestión salió a dar explicaciones. “Soy un varón criado en una sociedad patriarcal. (…) puedo ver que en el pasado tuve prácticas machistas que en ese momento parecían naturales”.

Dije entonces y sigo pensando lo mismo, que la sociedad patriarcal no es la excusa absolutoria para los abusos. Está perfecto que cada hombre que cometa un abuso, si su conciencia así se lo indica, se disculpe, asuma su error y dé las explicaciones que pudieren corresponder. O si cree que es inocente de la acusación, la niegue y explique.

Lo inadmisible, lo degradante, lo horrible, es que las mujeres callemos cuando una víctima hace pública su situación, porque al hacerla pública busca la protección que sólo da salir del ámbito privado y exponerse al escrutinio, no siempre humano ni piadoso, de la opinión de muchos.

Hoy es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Y decido escribir un agradecimiento a un hombre. Se llama Horacio Verbitsky. Creó este sitio donde publico y lo dirige. Y quiero señalar que el “Perro” —así le decimos todos— ha creado un espacio de libertad, donde jamás me han indicado qué decir ni qué callar. Yo lo di siempre por sentado, pero hoy, frente al silencio de muchas mujeres periodistas, que me espanta, quiero reivindicar este espacio que llamamos El Cohete a la Luna. Donde se ha publicado todo. Y donde jamás nos han aconsejado, ni sugerido, ni hecho sentir que tenemos que callarnos una denuncia de abuso por no ser conveniente políticamente.

Porque acá, en El Cohete, el silencio no es regla, ni salud y por sobre todas las cosas NO ES MANDATO.

Eso señores, se llama Libertad.

 

 

 

 

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