Cantos de sirena

El petróleo y los combustibles que se exportan en cantidades crecientes se derivan de la destrucción del país


Existe un peligroso sesgo exportador en el espacio opositor, sesgo que pretende continuar priorizando la política energética con objetivos netamente exportadores, tal y como viene sucediendo desde 2016 a la fecha. Olvidan, sus animadores, que el excedente hoy verificado es consecuencia de la destrucción del mercado interno, la hiper desindustrialización y el empobrecimiento energético del pueblo argentino. Son los cantos de sirena de un sistema energético generador de dólares frescos, pensando convertirlo ya en parte de la solución al déficit fiscal y al masivo endeudamiento a ser heredados. En efecto, son muchos y muchas quienes erróneamente creen que estos dólares podrían ayudar a paliar la crisis económica más allá de 2019. Por el contrario, es el sector energético el que necesita de recursos frescos, sobre todo de cara a la solución de la cuestión tarifaria (congelar o retrotraer los valores requerirá de ingentes recursos, por supuesto, si es que de entrada se acepta sea el Estado quien pague los costos de la estafa energética macrista).


Excedentes ficticios

En primer lugar, destacar que luego de tres años de destrucción del mercado interno, fue recién en 2018 que el macrismo consiguió incrementar las exportaciones de energía respecto de 2015 (2.2oo a 4.200 millones de dólares). El supuesto boom exportador de la administración más supuestamente integrada al mundo todavía no alcanzó los valores de exportación de energía de 2014 (4.900 millones); mucho menos el récord inmediato anterior de 7.000 millones en 2012.

En segundo lugar, y específicamente, destacar que el gran salto ocurrió en 2018 ya que las exportaciones de energía pasaron de 2.500 millones en 2017 a 4.200 el año pasado. Fue consecuencia del sesgo impreso a la política energética por la dirección del FMI, en paralelo al desplome de la demanda interna y la desregulación/anarquía imperante sobre todo en el downstream petrolero que comenzó a tallar fuertemente durante el tercer año de gestión neoliberal.

Las exportaciones de petróleo y los combustibles explicaron, en términos de montos, los mayores aportes al incremento. Detrás, el gas natural. Para este 2019 las exportaciones habrán crecido aún más en los tres segmentos, agregándose el crudo liviano al mix exportador. En todos los casos, los “excedentes” obedecen a la drástica caída del consumo doméstico que se profundiza en 2019, así como a la anarquía del sector del downstream (refinadoras/comercializadoras) y del upstream (productoras), anarquía que también se profundiza y al ritmo del sálvese quien pueda empresarial de cara al fin de la orgía corporativista en octubre.

Proponer el mantenimiento de estos volúmenes de exportaciones más allá de 2019 resulta un grave error, puesto se trata de excedentes ficticios, como ya nos sucedió en los ’90.

 

El caso del petróleo y los combustibles

El primer cuatrimestre de este año, el parque de refinación fue de 5,4% menos de crudo interanual. La diferencia respecto de 2015 es de -14,3%. Algo parecido con el crudo de origen nacional: en 2019, acumulado a abril, se procesó 13,2% menos que en el último año del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Para tomar real dimensión, se procesa prácticamente la misma cantidad de crudo que a mediados de los ’90.

Las ventas de nafta y gasoil en 2018 cayeron 0,8% en toda la Argentina y para todos los sectores de la economía nacional. En cuanto a las ventas en estaciones de servicio del país cayeron 0,6% interanualmente, ubicándose apenas 0,3% por arriba de los niveles de 2015 . Al adentrarnos en 2019, las retracciones resultan dramáticas: el consumo del mercado interno para los referidos combustibles se desplomó 4,5% en el primer cuatrimestre (versus un crecimiento del 6,2% en los mismos meses de 2018). Por su parte, el consumo en estaciones de servicio cayó 1,4% (versus una expansión del 4,5% en los mismos meses del año anterior).

El petróleo y los combustibles que sobran y se exportan en cantidades crecientes, sino la totalidad una cantidad mayoritaria, se derivan de la destrucción del país.

 

El caso del gas natural

En 2018, el gas demandado por hogares argentinos (entregado por las licenciatarias de distribución) cayó 0,4% respecto de 2017 y 6,5% en relación con 2015. Dicho de otra manera, unos 8,4 millones de usuarios residenciales consumieron el año pasado menos gas que tres años atrás. Pero la retracción es todavía peor, ya que en realidad los volúmenes entregados por las licenciatarias de distribución en el tercer año de gestión neoliberal y para esta categoría de usuarios son similares a los de 2011.

En lo que va de 2019, de acuerdo a los últimos datos publicados por el ENARGAS, durante el primer trimestre el consumo de este energético a nivel nacional se retrajo 6,3%. Se trata de la peor caída desde 2001, año que registró un desplome del 6,9%.

Al posar la lupa sobre los principales tipos de usuarios, se observa que dicha caída fue traccionada por las centrales térmicas, que redujeron su consumo un 21%. ¿Y por qué esta contundente merma? La generación de electricidad, en el primer cuatrimestre, se vino abajo 9,2%, una caída récord. Que en el cuarto año de gestión neoliberal la Argentina requiera la misma cantidad de energía eléctrica que en 2014, mide el grado de retroceso.

Dicha menor generación térmica dejó vacante en términos de volumen de gas no utilizado unos 5,3 millones de m3 diarios entre enero y marzo (inclusive). Precisamente, se trata del mismo volumen que se viene destinando a Chile —más específicamente a sus centrales térmicas— en lo que va del año.

El gas natural que sobra y se exporta en cantidades crecientes se deriva de la destrucción del país.

 

Conclusiones

Gracias al buscado desplome del consumo doméstico, sobran cada vez más gas, petróleo y combustibles. Mientras la expansión de la red de gas domiciliaria retrocede con Macri a valores de casi dos décadas atrás, la infraestructura gasífera y petrolera que avanza y se inaugura es toda con destino exportador, tal y como sucedió en los ’90. A propósito podemos mencionar los denominados Gasoducto Vaca Muerta y el oleoducto Loma Campana-Lago Pellegrini, ambos para evacuar el excedente de recursos no convencionales de Vaca Muerta en una Argentina desmantelada.

El supuesto despilfarro del consumo heredado del populismo fue corregido a fuerza de tarifazo, desindustrialización y pauperización masiva de los argentinos y las argentinas. Lo que hay ahora es despilfarro en la producción de gas, petróleo y combustibles, que como sobran, se destinan a terceras naciones, dilapidando recursos no renovables, estratégicos y escasos; perdiéndolos como palancas del desarrollo local y su función multiplicadora de empleo e industrias de todo tipo.

La generación de dólares a través de una balanza comercial energética superavitaria, desde ya deseable, no puede sustentarse en la atrofia del mercado interno. Deberá encararse una reconversión de las exportaciones, supeditándolas a retomar los niveles de expansión del servicio público de gas anteriores a Cambiemos, un sector del downstream (refinación y combustibles) y del upstream (producción de gas y petróleo) alineados a los costos y a las necesidades nacionales, en el marco de un mercado interno nuevamente en expansión, y siempre con el objetivo prioritario de revertir, desde el mismísimo día uno de gestión, el heredado y masivo empobrecimiento energético del pueblo argentino.

 

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