¿Celac por OEA?

El encuentro que comenzó ayer en México apunta a delinear un futuro distinto para la OEA y la región

 

Mientras que la VI Cumbre presidencial de la Comunidad de Estados latinoamericanos y caribeños (Celac) comenzó a sesionar ayer en México, la IX Cumbre de las Américas se ha pospuesto para 2022. Por primera vez, desde su creación en 1994, este encuentro trianual de los presidentes del continente (menos Cuba), previsto para este año, ha sido postergado.

Es probable que el gobierno norteamericano, anfitrión del evento, haya evitado coincidir con el mal momento que atraviesa la OEA, organismo que actúa como Secretaría Técnica de estas Cumbres. Además, la administración Biden no parece tener una agenda propositiva para la región. Su estrategia en la frontera con México, e inclusive con el denominado triángulo norte centroamericano (Guatemala, Honduras y El Salvador) está muy lejos de haber sido exitosa.

A Biden lo agobian

  • los problemas internos,
  • las divergencias crecientes con sus aliados europeos,
  •  la forma de la retirada de tropas militares en Afganistán,
  • la culminación de la construcción del gasoducto Nord stream 2,  que llevará gas de Rusia a Europa –que dejará de comprárselo a Estados Unido.

Sin embargo, su principal preocupación es la creciente presencia China en el mundo, y también en la región. Por eso, la administración Biden no se ha apartado de la estrategia de Trump para América Latina frente a China, delineada en agosto de 2019 en el Nuevo marco estratégico para el hemisferio occidental.

El plan identifica como el principal enemigo extra regional a China, por «su influencia maligna». Uno de sus objetivos es construir una «comunidad regional de socios con ideas afines», lo que obviamente implica que Estados Unidos apoyará sólo a los países que compartan su ideología y que participen de una alianza que permita frenar la cooperación entre China y América Latina.

La sensación de amenaza es creciente. En abril de este año el ex director del Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad (NCSC), William Evanina, señaló que «China representa la amenaza más compleja, perniciosa, agresiva y estratégica que jamás haya enfrentado nuestra nación».  El miércoles, Estados Unidos, el Reino Unido y Australia firmaron un pacto de defensa contra China con el fin de reforzar la cooperación en tecnologías avanzadas de defensa, como inteligencia artificial, sistemas submarinos y vigilancia de larga distancia, el cual incluye el apoyo al desarrollo de submarinos nucleares australianos, con el fin de posicionarse mejor en el Indopacífico. Sin embargo, la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, ha anunciado que vetará la entrada en las aguas de su país a los futuros submarinos nucleares australianos, en línea con la política antinuclear adoptada en la década de 1980.

En nuestra región, la legitimidad del presidente Maduro en las negociaciones que se realizan en México es una derrota en la estrategia estadounidense para el cambio de régimen en Venezuela, como también lo es la propuesta de reforma (o reemplazo) de la OEA en el marco de la Celac.

 

La OEA

La OEA ha sido cuestionada recientemente por varios gobiernos, en particular el de México. Tal como señalamos en una nota previa de El Cohete, el canciller  Marcelo Ebrard ha calificado a la OEA de «intervencionista e injerencista» y señalado que propondrá en la reunión de la Celac que sea reemplazada. Un mes antes, en la cumbre de cancilleres, el Presidente de México había advertido que «no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, [basado en] los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias». Por su parte, Alberto Fernández ha señalado que la OEA «tal como está no sirve» y que es un escuadrón que avanza sobre los gobiernos populares de América Latina. Asimismo, ha dicho que trabaja para que la Celac «sea el lugar de reemplazo».

Este organismo ha canalizado los intereses geopolíticos de Estados Unidos desde su creación en 1947. Su partida de origen fue la defensa contra el comunismo en la región en el contexto de la guerra fría. En ese marco, en colaboración con la CIA y en nombre de la democracia, ha organizado golpes militares, intervenido o invadido  países cuyos gobiernos intentaron alejarse de su órbita. El rol de la OEA podría hasta entenderse durante la guerra fría, pero esta terminó hace tres décadas. Sin embargo, continúa ejerciendo su rol de gendarme.

Es tanta su importancia que Donald Trump no la desactivó a pesar de que se retiró de la Organización Mundial de la Salud (OMS), del Acuerdo de París, de la UNESCO, de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), entre tantas otras. La OEA se mantuvo incólume como instancia para intervenir en la región, de formas más sutiles, enarbolando las banderas de las libertades democráticas y los derechos humanos, que siempre evalúa con un doble rasero.

En tiempos recientes, la obediencia de la región al organismo se ha visto un tanto relajada. Por eso, el ex asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, John Bolton, auspició con sus aliados de la región la conformación del Grupo de Lima para sancionar a Venezuela, debido a que no le alcanzaban los votos en la OEA. Quizás por eso, en su libro La habitación donde sucedió; una memoria de la Casa Blanca, Bolton calificó a la OEA «como un organismo moribundo» y a su secretario general, Luis Almagro como un «mentiroso, ladrón, cínico».

El hecho más reciente por el que la OEA es acusada de injerencia en la región es su aval al golpe de Estado en Bolivia, al haber creado una narrativa que indujo a suponer que hubo fraude en las elecciones presidenciales de 2019. Las afirmaciones de supuestas irregularidades han sido desmentidas por expertos en conteo de votos de universidades y por informes divulgados por diarios como el New York Times. Inclusive, a fines de julio, la Cámara de Representantes de Estados Unidos sancionó una ley que hace un llamado al gobierno de Biden para investigar si las denuncias sin fundamento de la OEA sobre irregularidades electorales contribuyeron al golpe de Estado contra el expresidente boliviano Evo Morales en 2019.

Por todo ello,  uno de los objetivos de esta VI Cumbre de la Celac es su reforma o reemplazo. El canciller mexicano se lo ha hecho saber a Kamala Harris y al secretario de Estado, Anthony Blinken, en una visita a Washington el 9 de septiembre, en el marco del Diálogo Económico de Alto Nivel, mecanismo bilateral interrumpido durante la era Trump.

Para Ebrard es fundamental entrar a una nueva etapa y decirle «adiós a la OEA en su sentido intervencionista, injerencista, hegemonista, y que venga otra organización que construyamos políticamente en acuerdo con Estados Unidos para el siglo XXI, ya no el siglo XIV o el siglo XX para la Guerra Fría».

 

La Celac

En un mundo caracterizado por una hegemonía multipolar que pugna por su presencia económica en nuestra región, algunos líderes latinoamericanos buscan fortalecer espacios de diálogo y consenso fuera del ámbito de Estados Unidos.

América Latina y el Caribe tienen un diálogo institucional de baja intensidad. Sus gobiernos se han dedicado a conformar en la última década organismos, supuestamente de integración, cargados de ideología, los cuales sucumben cuando cambian los signos políticos de sus gobiernos. Así, por instrucciones de Washington, se desactivó la Unasur, un tratado internacional creado en 2008 que fue reemplazado por un engendro llamado Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur), en Santiago, en marzo de 2019, bajo el auspicio de Iván Duque y Sebastián Piñera.

A diferencia de nuestra región, la Unión Africana, organización intergubernamental política y de cooperación que agrupa a los 56 países de las más diversas ideologías y culturas de ese continente, ha adoptado una sola voz en temas vinculados con la pandemia. En febrero de este año suscribió un comunicado en el que apoyó la propuesta presentada conjuntamente por India y Sudáfrica a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para suspender las patentes de las vacunas contra la Covid-19 hasta que la población mundial no estuviera totalmente vacunada. En ese comunicado señalaban que la propuesta era el medio más efectivo para abordar la «escasez artificial» resultante del «nacionalismo de las vacunas y los mecanismos impulsados ​​por el mercado».

Asimismo, hicieron suyas las declaraciones de Tedros Adhanom Ghebreyesus, secretario general de la OMS, quien había señalado que «permitir que la mayoría de la población mundial no esté vacunada no sólo perpetuará enfermedades y muertes innecesarias, así como la continuidad de las cuarentenas en curso, sino que también generará nuevas mutaciones del virus a medida que continúe propagándose entre las poblaciones desprotegidas». Estas variantes podrían no ser controladas por las vacunas disponibles hoy.

La voz conjunta de ese continente no se limitó a apoyar esa propuesta sino que utilizaron el Fondo Africano de Adquisición de Vacunas (AVAT) para negociar y adquirir, coordinadamente, parte de las mismas. Lo mismo hizo la Unión Europea y algunas asociaciones del sudeste asiático. En cambio América Latina, a pesar de disponer de plataformas similares en la mayoría de los organismos subregionales de integración, no las utilizó.

La ausencia de diálogo institucional en la región ha dejado lecciones amargas, como la imposición, por el gobierno de Trump, de Mauricio Claver-Carone como presidente del BID, cargo que históricamente le correspondía a un latinoamericano.

En el actual escenario multipolar es fundamental recuperar los espacios regionales para coordinar lineamientos mínimos comunes de negociación con las viejas y nuevas potencias. Si bien se esperaba que México, al tener la presidencia pro tempore de la Celac, impulsara una propuesta unificada para sustituir o reformar a la OEA en la cumbre, esta no formó parte de la agenda. Así lo informó Maximiliano Reyes, subsecretario para América Latina y El Caribe de la cancillería mexicana, quien señaló que el gobierno plantearía la creación de un grupo de reflexión sobre el futuro de ese organismo sólo si el tema se ponía sobre la mesa.

La imprevista participación del presidente Nicolás Maduro, el cuestionamiento del canciller de Nicaragua a la candidatura del gobierno argentino para asumir la presidencia pro tempore de la Celac, la ausencia del Presidente Alberto Fernández, quien suspendió su viaje debido a la crisis post electoral, y la renuncia desde México del canciller Felipe Solá al enterarse que sería destituido de su cargo –lo que dio lugar a que la delegación argentina quedara a cargo de un subsecretario– fueron algunos de los hechos salientes de la reunión.

La insistencia del Presidente de México en eliminar la política de bloqueos económicos, en clara alusión al gobierno norteamericano; la presencia de Charles Michel, presidente del Consejo Europeo; el mensaje virtual del Presidente de China, Xi Jinping, así como el del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, fueron las señales de multilateralidad que el cónclave intentó transmitir. Un paso en el camino de construcción de la soberanía regional.

 

 

 

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