CHARLY LARGA DURACIÓN

García, de Fernando Sánchez y Daniel Riera, recopila 15 años de entrevistas al ídolo del rock nacional

 

Durante 15 años, entre 1992 y 2007, los periodistas Fernando Sánchez y Daniel Riera le hicieron numerosas entrevistas a Charly García. Fueron no menos de once en no menos de veinticinco ocasiones diferentes y en medios como La Maga, Mix, Rolling Stone, Soy Rock, Darwin y Soho, de Colombia. Ahora las reunieron en el libro García, que editó Vademecum.

En el texto, de un lado Charly, casi siempre desde la cama, a veces delirando pero en la mayoría de los casos deleitando con su cultura diversa y su sólida y atractiva formación musical. Del otro, Daniel y Fernando queriendo saber siempre algo más, re traduciendo. No debe ser exagerado afirmar que tanto Sánchez, que en la primera charla tenía 22 años, como Riera, con 21, se modelaron y crecieron como personas y periodistas mientras, entrevista a entrevista, intentaban completar al múltiple Charly. “García es la persona que más entrevisté, lejos. Y me alegra –dice Riera–; uno se dedica a oficios como este para ver de cerca a gente como él”. Y Sánchez revela: “A mis 16 años soñaba con conocerlo, abrazarlo, tenerlo al lado andá a saber para qué. El oficio de escribir me permitió cumplir ese sueño pocos años después… Lo conocí, lo abracé y le hice tantas preguntas como pude o me dejó”.

Queda claro: estos cronistas conservan la condición de fans, aunque en el libro le reconocen al artista plástico y diseñador gráfico Mariano Lucano el lugar del mayor conocedor del ídolo del rock nacional de todos los tiempos. A cualquiera de ellos le cabe una reflexión de Charly en el libro: “Toda la creación se da en la adolescencia. Después uno se dedica a recordar lo que creó”. La recuperación de las charlas y que las hayan volcado en un libro parece un tributo a la edad en que iniciaron un viaje directo a sus mejores sueños.

Para los autores se inició formalmente cuando, trabajando para La Maga, lograron que los recibiera. Para García –mente brillante, temprano genio del piano, la teoría y el solfeo– todo empezó cuando a los tres años cayó en sus manos una citarina, un instrumento de juguete que se puso de moda en la Buenos Aires de los años ’50 y que hoy se vende en plataformas de venta a más de 6.000 pesos. Luego, ya inscripto en el Conservatorio Thibaud-Pizzini y aunque sus piernas no llegaban a los pedales, demostraba una sorprendente facilidad para sacar piezas. Más adelante, familiares y profesores –unos lo querían concertista, otros bregaban para convertirlo en compositor– descubrieron el motivo de su precoz habilidad: el chiquito tenía oído absoluto.

Lo que queda evidenciado en el libro es que, al igual que Mozart y Chopin, o Freddy Mercury y Yo-Yo Ma, Charly no sólo contaba con ese privilegio natural. Sus años de estudio y preparación los concilia con una memoria fabulosa. Y si por alguna razón esa condición declinara, de ahora en más el autor e intérprete podrá recurrir a Sánchez (que se sabe todas sus canciones de memoria) y a Riera que, como afirma en el prólogo, será capaz de aclararle que su trabajo discográfico “no tiene tres CD’s como quería la compañía ni tampoco uno solo, como era el deseo de Charly, sino dos”. Ellos son, después de todo y con toda justicia, portadores de la memoria artística y personal de Charly García. Para el músico, para sus millares de seguidores y para la historia misma el libro constituye un inobjetable ayudamemoria. En especial porque, como reconoce Sánchez, “sus anécdotas tienen de todo: protagonistas fascinantes, humor, maldad, cinismo, ternura, amor, música… rock”.

 

 

Portada del libro que editó Vademecum.

 

 

 

 

Recalculando una vida

El libro de la dupla Riera (escritor, periodista, ventrílocuo) y Sánchez (periodista, escritor, humorista, compositor) tiene una clara, doble condición. Por un lado recupera en dimensión importante y necesaria a un personaje que si no existiera habría que inventarlo, y por otro establece, probablemente para siempre, una antología de declaraciones, dichos y conceptos. A todo lo que se sabía sobre Charly hasta hoy ellos le suman varios miles de caracteres desconocidos, archivados o encriptados en formatos pasados de moda e incluso otra extensa conversación que permanecía inédita. Están todos los Charlys: con Nito, con Mercedes, con María Gabriela Epumer, con León, con su hijo Miguel; también tienen un lugar sus principales temas y el recorrido no olvida a los grandes grupos que armó. También quedan reflejados sus cambiantes estados de ánimo, lo que lo llevó a romper guitarras, piezas de hoteles, escenarios completos o a tomar decisiones como zambullirse a una pileta de natación pero desde un noveno piso. El libro retrata a un Charly integral, del que estrenó el Himno Nacional en la Plaza de Mayo al músico que encendió miles de fogones con otros himnos informales; está el Charly analógico y el digital, el acústico y el que hoy dispone de todos los canales de grabación que quiere. Eso que lo hace decir: “Tengo 45 canales… te volvés loco, demasiadas opciones. En mi época ibas a grabar un tema y no podías tocar otro… cada minuto ahí valía 10 millones de dólares y había que aprovecharlo”.

Pero por sobre todas las cosas, lo que a este cronista le resultó más encantador fueron las permanentes observaciones eruditas que salen de la mente y boca de García, eso que hizo de él un maestro tan joven como indiscutido. Por ejemplo, escuchando un disco de Los Beatles, dice “chequeá el pattern de la batería”; “Cuando mezclaban en estéreo quedaba la música de un lado y las voces del otro”; “Acá cantan un re y un sol, pero se olvidaron del sí. O no lo pusieron, para que uno haga la voz ahí, armonizando”. Y, genio y figura, de inmediato se sube al podio e intenta mojarles la oreja a los cronistas: “Parezco yo el crítico de Rolling Stone. Cuánta data que les di, ¿eh? No se pueden quejar”.

Sánchez y Riera, Fernando y Daniel, no se quejan. Frente a su ídolo tuvieron la oportunidad de escucharlo en mono y de aprender en estéreo. En varias ocasiones en el libro Charly apela al neologismo “maravillizar”. Reconoce que ahora se dice optimizar y que con eso basta y se entiende pero va más allá: “maravillicenló”, propone. Su objetivo de “maravillización” no cesará nunca. Parece un diálogo entre amigos pero son entrevistas de enorme calidad que revisan la trayectoria de un personaje como Charly al que nada de la música nacional y extranjera, de la cultura y de la tecnología le resulta ajeno. Es el que con idéntica autoridad y conocimiento se explaya: “¿Kubrick? Es el Maradona del cine. Es mi ídolo y lo admiro, tanto como a Lennon. Kubrick reinventó el cine”. O “me gusta más la voz que tengo ahora… si quiero puedo llegar. Es sólo dormir un par de días”. La cita no es ociosa. Los reporteros fueron testigos que en afán de terminar una grabación Charly pasó cinco o seis jornadas sin pegar un ojo.

 

 

Colofón 1

En comunicación con Fernando Sánchez, el coautor agregó:

  • Desde el 2007 no volvimos a entrevistar a Charly. El motivo: nuestros caminos profesionales se alejaron del periodismo de espectáculos.
  • Roque Di Pietro, editor del libro, buscó la manera de hacerle llegar un ejemplar a Charly pero hasta el momento no sabemos si le llegó.
  • En un nuevo sitio (garcia.publica.la) se puede acceder al libro completo en versión digital y a unos podcasts de alto valor documental: son los audios originales de las entrevistas.

 

 

Colofón 2

Habida cuenta de lo que reveló el director de El Cohete a la Luna en su libro La música del perro acerca de que ya era capaz de diferenciar a Charly García de Paul Mc Cartney, el trabajo de Sánchez y Riera puede ser para HV un muy recomendable manual de iniciación y de ampliación de conocimientos.

 

 

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1 comentario
  1. Alberto Moya dice

    ¡jajajja, qué colofón!

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