El apostol que escribe

Se presentó la investigación de Luis Miguel Baronetto sobre el asesinato de Angelelli

 

Lo que sigue es un anticipo del libro de Luis Miguel Baronetto sobre el ahora canonizado obispo Angelelli:

Los servicios de inteligencia del Ejército detectaron la meticulosa labor del arzobispo Carmelo Giaquinta, y relanzaron sus maniobras. El 2 de agosto de 2006 le fue remitida al cardenal Bergoglio en su carácter de Presidente de la Conferencia Episcopal una carta firmada por “Señor Jorge Norberto Apa, Presidente del Centro de Estudios Históricos Verdad y Equidad”, adjuntándole documentación en fotocopias. La carta decía:

“Nos dirigimos a S.E.R., en cumplimiento de un deber de elemental prioridad ética, ante lo que consideramos una clara maniobra para involucrar a la Iglesia Católica en un hecho de evidente falsedad. Nos referimos a la muerte de Monseñor Enrique Angelelli, que se está instrumentando como martirio, ubicando como autores de su muerte a miembros de las FF.AA. Adjuntamos para su conocimiento la información documentada (copia fiel del original) que demuestra que la muerte fue claramente un accidente. Si la jerarquía católica desconociese esa circunstancia sería víctima de una maniobra perversa y, como tal, plena de injusticia. Hemos considerado que la magnitud y gravedad del hecho en análisis, amerita su conocimiento por las más altas autoridades de la Iglesia”.

Revelando no desconocer las internas episcopales, pero además sospechando del presidente de la C.E.A, envió igual texto con la documentación, en la misma fecha, al arzobispo de La Plata Héctor Aguer, agregando: “En consonancia con esto le hacemos saber que esta información le fue entregada al Sr. Cardenal Primado, Monseñor Jorge Bergoglio con fecha 3 del corriente”. Y otra en términos similares al vicario castrense Antonio Baseotto. El firmante, Jorge Norberto Apa, era en realidad general de inteligencia del Estado Mayor del Ejército. Había sido jefe de Inteligencia “Subversiva Terrorista” de Inteligencia del Estado Mayor del Ejército en los años 1979 y 1980. Y desarrolló después una intensa actividad hacia miembros destacados del Episcopado Argentino. El mismo general Apa se presentó ante otros obispos sin identificarse como militar.

Pero el cardenal Bergoglio para esa fecha viajó a La Rioja para presidir los actos conmemorativos del 4 de agosto. En la misa concelebrada en la catedral riojana, revestido con la casulla roja martirial, en la homilía dijo: “El diálogo entre el pastor y su pueblo que yo conocí en La Rioja, un diálogo que cada vez fue más perseguido, una Iglesia que fue perseguida, una Iglesia que se fue haciendo sangre, que se llamó Wenceslao, Gabriel, Carlos, testigos de la fe que predicaban y que dieron su sangre para la Iglesia, para el pueblo de Dios por la predicación del Evangelio y finalmente se hace sangre en su pastor. Fue testigo de la fe derramando su sangre” [1].

El 22 de agosto de 2006 el secretario de la CEA obispo Sergio Fenoy acusó recibo al “Señor Jorge Norberto Apa” de la nota y adjuntos para el cardenal primado y presidente de la CEA. Fue el mismo día que el cardenal Bergoglio firmó la constitución de la Comisión Ad Hoc para investigar la muerte de monseñor Angelelli, que presidió el arzobispo emérito Carmelo Giaquinta e integraron el obispo de La Rioja Roberto Rodríguez y el sacerdote Nelson Dellaferrera. El mensaje fue claro [2].

En esta segunda etapa la inteligencia militar elaboró un nuevo “Informe” sin firma ni fecha calificando de “marxista-tercermundista” el impulso judicial de los querellantes. El coronel Eduardo de Casas y el general Jorge Norberto Apa actuaron en forma coordinada pero paralela. Igual que De Casas, el general Apa logró reunirse con la Comisión Episcopal Ad Hoc “Mons. Enrique Angelelli” en “El Cenáculo-La Montonera”, previo a la Asamblea Episcopal del 9 de abril de 2008. Pero para esa fecha los miembros episcopales ya habían advertido los movimientos sospechosos. Después de la creación de la Comisión Ad Hoc que presidió el arzobispo Giaquinta, los agentes de inteligencia del ejército se focalizaron en él. Lo visitaron por primera vez el 8 de septiembre de 2006 y por última, el 9 de abril de 2008. A esa fecha se percataron de que la cúpula del episcopado había percibido sus maniobras confusionistas. Giaquinta le informó al coronel De Casas que “el testimonio de Nacuzzi… depositado en una escribanía, cuya copia Ud. me entregó el 8 de septiembre de 2006… fue entregado a la Justicia Civil el 20 de septiembre de ese año».

Lo que le entregó De Casas a Giaquinta estaba certificado en el 2 de agosto del 2006 por una Escribana de Buenos Aires – Araceli M. González Silva de Murias. Era un ejemplar similar al acta de la escribana de La Rioja en 1988 con lo depositado por Nacuzzi, aunque éste ya había fallecido. Para De Casas no era ese el destino del relato de Nacuzzi. No le había entregado a Giaquinta la copia de Nacuzzi para que la presentara ante la Justicia. Pero Giaquinta además, le hizo saber que también estaba informado de que “el nombre de un señor que, en la conversación, cité como General, es el presidente del Centro de Estudios Históricos Verdad y Dignidad, Jorge Norberto Apa, y que el mismo entregó copia de un Informe bastante similar al suyo al Obispado Castrense y al Cardenal Bergoglio, presidente de la CEA, el 2 de agosto de 2006”. El mencionado “Informe” en realidad no era “bastante” similar. Era idéntico, porque era una fotocopia. Lo que se suponían manejos paralelos se demostraron convergentes.

La comunicación de Giaquinta con Bergoglio fue permanente hasta su fallecimiento en el 2011. El impulso favorable a transparentar la conducta del Episcopado quedó trunco entonces; pero alcanzó para cumplir con el objetivo de aportar a la causa judicial que en el 2014 condenó a dos de los responsables del asesinato de monseñor Angelelli. Aunque en el inicio la operación militar sobre miembros del episcopado pareció exitosa, y en casos visibles coincidentes en su apreciación sobre lo sucedido en relación a la muerte de monseñor Angelelli, las actitudes del cardenal Bergoglio y el arzobispo Giaquinta en 2006 despertando sospechas a tan interesada y generosa colaboración, terminaron por frustrar el cometido de la inteligencia militar.

No cesarían los espurios argumentos destinados a ensuciar la imagen de Angelelli. Los mismos sectores insistirían inclusive a partir de 2018 para oponerse a la beatificación dispuesta por el Papa Francisco.

 

 

Las fotocopias de Videla

Las maniobras de ocultamiento se conocieron a partir del 6 de abril de 2011 cuando declaró como imputado el ex general Jorge Rafael Videla; y dijo que hacía entrega al juez de documentación recibida, en 69 fojas en fotocopias, de un ex colaborador, el coronel Eduardo De Casas. Sin aclarar que el mencionado militar había sido jefe de policía en La Rioja y de Inteligencia del Ejército.

La “documentación” de Videla, en fotocopias sin firmas, era una recopilación de “informes” que pretendía instalar la versión del accidente vial con el “acta testimonio” de Raúl Nacuzzi, el “peritaje mecánico extrajudicial” del coronel Maximiano Payba y un “análisis realizado desde el punto de vista jurídico, que pretende colaborar con lo solicitado por el obispo de La Rioja Mons. Bernardo Witte” -fs.5258. Según la Sentencia, dicho “análisis” habría sido elaborado por De Casas (372), al hacerse públicas –entre los años ’83 y ’84– las versiones sobre el posible homicidio, coincidentes con la iniciativa del obispo de Neuquén Jaime de De Nevares, sin haber sido solicitado por el obispo Bernardo Witte. El juez federal Daniel Herrera Piedrabuena en el 2011 desestimó el valor de esos anónimos por no reunir requisitos de “prueba indiciaria”, y calificó la maniobra como “‘operación’ tendiente a desviar la investigación”. Esas fotocopias, sin embargo, revelaron el activo rol de la “inteligencia militar” y su preocupación ante el develamiento de la verdad sobre el asesinato de monseñor Angelelli. Y fueron analizadas por el Tribunal juzgador, igual que sus símiles aportadas por la CEA en el 2014.

Al sentenciar en el 2014 los jueces dijeron que “[…] puede advertirse que la maniobra para ocultar el asesinato continuó y se intensificó al comenzar los rumores de que no se trató de un accidente, intentando confundir a las altas autoridades eclesiásticas y a la Justicia con pruebas mendaces perfectamente planificadas” [3]. Pero finalmente “[…] la compleja maniobra de ocultamiento y confusión quedó al descubierto” [4]. Y en el veredicto dispusieron: “[…] 10) Hacer lugar a la remisión de los antecedentes al Fiscal Federal para que se investigue la presunta comisión del delito de encubrimiento (art. 277 C.P.) por parte del Coronel Eduardo José María De Casas y del General Jorge Norberto Apa” [5].

Tales maniobras de ocultamiento no pudieron impedir que la verdad saliera a la luz. Y quedó sellada con el pronunciamiento de los tribunales judiciales del Estado democrático. Fracasaron las maniobras a nivel judicial, aunque sirvieron para conservar el silencio de la mayoría episcopal argentina durante treinta años, cuando se produjeron cambios de trascendencia en su máxima jerarquía.

Al final del camino, la verdad sobre la muerte que “le robaron” a Monseñor Angelelli, según palabras del obispo Hesayne en 1984, sería cabalmente conocida por la persistencia de laicos/as, religiosas, sacerdotes y el pequeño grupo de obispos, junto a otros sectores sociales, que en cada conmemoración martirial, año a año, abonaron la esperanza de reavivar la opción evangélica por los pobres.

En el obispo Enrique Angelelli y los mártires riojanos, se resumieron personas que se sabían limitadas, frágiles, llevando el Mensaje “en vasos de barro” [6]; pero dispuestas a asumir roles en la comunidad. “La Iglesia deberá jugarse hasta el martirio si fuere necesario, en el cumplimiento de la misión, para que los hombres y los pueblos sean siempre templos vivos de Dios y tratados como a tales” [7]. La sacralidad inviolable de “templos vivos”, obligaba a “jugarse hasta el martirio” por la dignidad de “hombres y pueblos”.

 

 

 

[1]Homilía del cardenal Jorge M. Bergoglio, 4 de agosto de 2006. Archivo Arzobispado de Buenos Aires.
[2]Comisión “Giaquinta”, F. 20.
[3] Sentencia, p. 370.
[4] Sentencia, p. 375.
[5] Sentencia, p. 602.
[6]ANGELELLI, E., Misas Radiales, T. IV, Ed. Tiempo Latinoamericano, 2014, p. 417.
[7]Id., 9 de junio de 1974, p. 105.
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