El giro a la derecha de España

El nuevo ciclo de la crisis española donde la "indignación" pasa de moda

 

Hubo sucesos en España que nos hicieron pensar en la posibilidad de un nuevo ciclo dentro de la crisis del sistema político, abierta hace siete años con la reactivación de la protesta y la interpelación del 15M, los indignados. Un nuevo ciclo distinto al imaginario hegemónico normalizado como respuesta a la políticas de ajuste y contrarreformas de 2008.

Volvían a aflorar a la superficie contradicciones y relaciones de poder sistémicas que la crisis económica internacional hizo evidentes. Y se tradujo, con el blindaje de la reproducción sistémica de su lógica de poder, en efectos sufridos por la mayoría social. Junto al movimiento por el derecho a la vivienda, el crecimiento del feminista, la lucha por las pensiones y las dispersas huelgas del precariado y los asalariados, comenzaron a movilizarse, de nuevo, sectores públicos acuciados por los resultados de los “recortes” en el tiempo.

La vergonzosa actuación del Tribunal Supremo y el Consejo Superior del Poder Judicial a favor de los privilegios de la banca. El PSOE marketinero en La Moncloa mareando la perdiz sin cumplir promesas referidas a derechos fundamentales, como la derogación de la ley mordaza y la reforma laboral de 2012, el fin de la impunidad del Franquismo, la eliminación de las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla, la suspensión de las devoluciones en caliente y el cese de ventas de armas a Arabia Saudita. Sin medir las tácticas necesarias para la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, evitando que termine en la Catedral de La Almudena. Y sin poder sacar los presupuestos por no ser apoyados por el bloque independentista catalán en el Congreso, ante la situación de los presos (cuatro en huelga de hambre) acusados de rebelión.

Unos presupuestos negociados con Unidos Podemos que implican subida del salario mínimo a 900 euros (decretado esta semana), impuesto a la banca, a las transacciones financieras y a las tecnológicas, subida impositiva a las rentas más altas y al diesel (igualado con la nafta), plata para la dependencia, acomodación de las pensiones con los precios por dos años, limitación de las subidas del mercado del alquiler (en plena burbuja) y bonos sociales para el mercado de la electricidad y el gas.

En el contexto de los 40 años de la Constitución del ’78, entre loas a su cultura del consenso, su reconciliación nacional y su monarquía parlamentaria. Después de haber perdido la izquierda la oportunidad, que no volverá, de una movilización por la República ante la abdicación de Juan Carlos en 2014. Pareciera querer hacerse, sin fuelle, frente a discursos de reforma constitucional con relación a los aforamientos de los políticos y la ley electoral.

Banderas también de la nueva derecha: Ciudadanos. Partido fundado en 2006 en Cataluña y que se expande a nivel nacional en la coyuntura del auge de Podemos en 2014, llegando al Parlamento en las últimas elecciones generales como cuarta fuerza política, cubriendo la necesidad, según el presidente del banco Sabadell, de un “Podemos de derechas”. Partido que por su españolismo unionista venció, en el contexto catalán post declaración unilateral de independencia, las elecciones convocadas tras haberse aplicado el artículo 155 de la Constitución, clausurando la autonomía catalana, hace justo un año. Fueron la fuerza más votada con un cuarto del censo total. Están en la oposición al Govern de mayoría independentista en escaños. Sus líderes, Arrimadas y Rivera, no paran de tildar de “golpistas” —junto a Casado (el nuevo líder del PP), a coro, todos, con el viejo Aznar— al independentismo, exigiendo la aplicación duradera del 155 para “recuperar el control de Cataluña y la democracia, coartada por un golpe de Estado que sigue siendo perpetrado cada día”.

Así, la hipótesis del momento constituyente, después del destituyente, quedó fuera de órbita tras haber menguado a los partidos del bipartidismo pero sin que Podemos, junto a Izquierda Unida, hiciera sorpasso al PSOE en 2016. Tras la tibieza del rechazo a las cargas policiales del 1 de octubre (aunque el proceso haya supuesto una estrategia política de la derecha catalanista vergonzante) en el resto del Estado, no hubo espacio para la república federal.

Ni siquiera lo hubo para la única posición que puso en juego el rechazo a la vía represiva: el reclamo de diálogo, pacto y ejercicio político de seducción, de la mano de Unidos Podemos, en oposición al rigorismo de la ley del Estado moderno – fundamental también en la reforma transicional. Tal y como nos muestran los resultados de las elecciones catalanas, en las que Podemos perdió medio millón de votos respecto al resultado en las nacionales, en las que fueron dos veces consecutivas la fuerza más votada, como en Euskadi. Mientras en el resto del territorio, excepto Andalucía y Extremadura donde ganó el PSOE, la fuerza más votada fue el PP. Alcanzando Podemos la horquilla del 20% en siete, y no llegando en las otras ocho.

La “indignación” podía abrir de nuevo un ciclo en el que la injusticia social no pudiera ser normalizada por el sentido común de los mercados o solo articulada por el buenismo posmo que hoy, especialmente para los migrantes, no alcanza — como nunca alcanzó la caridad para los de abajo. Hablamos de un nuevo ciclo de hartazgo que desplace al ciclo reinante, centrado en la crisis territorial. Pero parece que tuvo lugar al otro lado de los Pirineos, mientras los medios en España siguen paranoicos con el orden público ante la desobediencia civil en Cataluña.

En cambio, las elecciones andaluzas de la última semana desplegaron un panorama preocupante de cierre de crisis por arriba y a la derecha, consecuencia del ciclo vigente cuyo eje ordenador está posado en lo nacional (complicado para España después de lo llovido en los sucesivos cierres de los grandes ciclos de su historia contemporánea). La extrema derecha, antes integrada en el PP, Vox, entra en el parlamento andaluz con casi 400.000 votos. Pese al acting negociador y el tironeo del antieuropeísmo, su programa, si no sus personajes, estarán en el acuerdo de gobierno entre PP y Ciudadanos.

 

 

2 Comentarios
  1. María García Yeregui dice

    Pep, a toro más que pasado, con cambio de año inclusive, estimo que puede que no llegues a leer esta respuesta por lo que siento no haberla efectuado antes.
    Estoy de acuerdo en que circunscribir el Procés sólo a una estrategia de la derecha catalanista -que no catalana (pequeño-gran detalle que puede comenzar a dibujar las diferencias de partida y después las discrepancias en el análisis)- es limitar, casi omitir, las tres características que citas, que comparto caracterizan también al Procés sin duda, aunque no lo definen exclusivamente ni mucho menos, por desgracia.
    Por tanto, mi frase en el artículo: ‘aunque el Procés haya supuesto una estrategia de la derecha catalanista vergonzante”, sería más apropiada usando ‘haya implicado’ en vez del ‘haya supuesto’.
    Ahora bien, creo que tu forma de describirlo también opaca otras realidades que lo caracterizan, así como reducirlo a una estrategia de la derecha opacaría otras historias del movimiento y su proceso, evolución, características y momentos. El caso es que el punto de inflexión del 2012 incluye una decisión de Más y la cúpula de la antigua Convergencia, sin duda, aunque no solo, faltaría más, que leen esa Diada masiva y la articulan con la coyunturan que analizan para trazar una estrategia. Y dicha estrategia no se cumplió pero sí se desarrolló… habría que hablar del ‘España nos roba’ y de otras muchas cosas… en fin,para hacerla corta, Guillem Martínez, por ejemplo, describió características del Procés que estuvieron, que están ahí, con mucha más fuerza, con mucha más posmodernidad, de la que algunos creíamos a priori… y a los hechos de después del 1 de octubre, hasta hoy mismo, me remito… daría para mucho…
    Salud.
    M.

  2. Pep dice

    María, una puntualización. Discrepo de que el procés sea una estrategia de la derecha. El procés surgió como un reclamo de base que superó a todos los partidos políticos. El hecho de que la derecha catalana lo haya aprovechado para tapar sus vergüenzas, no minimiza el carácter progresista, reivindicativo y popular del procés. La apuesta en favor del derecho a la autodeterminación ha sido una demanda histórica de la izquierda catalana. No así de la derecha, que siempre fue autonomista y colaboracionista. Circunscribir el procés a una estrategia de la derecha catalana es, a mi entender, limitar su transversalitat, complejidad y contenido social. A pesar de que la derecha se montara en el carro, el procés ha supuesto un giro a la izquierda de la sociedad catalana. Un saludo.
    Pep desde Barcelona

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