En los barrios llueve más fuerte

El poeta y cineasta César González presenta su nueva película

 

En medio de la pandemia, César González presentó su nuevo largometraje. Quien durante años supo llamarse Camilo Blajaquis (Camilo por el cubano Camilo Cienfuegos; Blajaquis, por Domingo Blajaquis, el militante sindical que Walsh reivindicó en ¿Quién mató a Rosendo?) ahora tiene 31 años y una filmografía integrada por siete largometrajes (cuatro de ficción y tres documentales) y tres cortos. Poeta, escritor, cineasta, docente, sigue viviendo en la villa en donde nació, en el oeste del conurbano. El Cohete a la Luna vio la película y dialogó con el realizador.

—¿Donde filmaste?

—En gran parte en la Villa Carlos Gardel, de donde soy oriundo y donde transcurren casi todas mis anteriores películas. También hay fragmentos filmados en la Villa 21, en la Villa Puerta de Hierro de La Matanza y en Fuerte Apache.

—Ese ámbito donde se ven imágenes de Hegel, Descartes y Shakespeare, ¿es tu casa?

—Sí, es una parte de mi casa. Hay cuadros de Velázquez, Van Gogh, Rembrandt, Goya, Monet. Pintores con una manera de percibir la realidad muy diversos entre sí a la hora de expresarla con el pincel, pero similar en cuanto a grados de intensidad y vitalidad, para nada exenta de depresión, porque se relaciona con la forma de vivir de los pibes de las barriadas. Ellos son vitales y a la vez caminan abrazados a la muerte. La imagen del personaje de un “negrito villero” apuntando con una pistola Taurus a un cuadro de Rembrandt lo resume muy bien. Es una metáfora contra aquellos que no paran de hacer fuerza para que el arte no llegue a los de más abajo, o que si llegue lo haga con un mecanismo que garantice pasividad. Un villero puede hacer arte mientras ese arte sea inofensivo. Hay que ser conscientes y dejar la inocencia de lado: poca gente soporta que un pobre pueda ser culto, intelectual o artista experimental, o al menos lo hemos naturalizado tanto que esa figura casi no existe en nuestra sociedad, por lo que ya ni la podemos visibilizar. Lo he dicho antes, cuando un pobre reclama el goce intelectual, literario, cuando exhibe un deseo de saber, activa sentimientos de mucha bajeza entre la clase media en particular. Esta falta en el acceso a determinados espacios del arte por parte de la plebe no se debe solo a políticas de estado orientadas a tal ideología o tal otra. También en los ámbitos progresistas y de izquierda subsiste en forma de murmuro la creencia de que alguien nacido en una villa o de origen plebeyo es innatamente inferior, intelectualmente algo peor. Algo que no es diferente al delirio ese de que “un pobre no puede llegar a la universidad”. Conozco por lo menos una docena de abogados que se recibieron en la cárcel. No pasa por ahí el problema que planteo, sino en el ámbito estrictamente artístico.

 

 

César González.

 

 

—Ese chico que va y viene en transporte público y anda por la ciudad, seguido por la cámara, que a veces se sienta, anota algo en una libreta y en otras lee un libro, ¿ese chico sos vos? Y el que va, solo o con amigos, por el barrio, ¿ese también sos vos?

—Puede ser una lectura valida, pero no deja de ser una película, y ese chico es un personaje. Que obviamente podría ser yo, o él mismo en la vida real, o miles de jovencitos que viven en condiciones de vida similares. Puede ser un alter ego pero no de una persona en particular, sino de todo un segmento de la sociedad. Un Aleph de la juventud descartada.

—En los créditos del final, en los agradecimientos hay una cantidad de nombres. Te los menciono y te pido que cuentes por qué le agradecés a cada uno: Marx, Ángela Davis, Franz Fanon, Deleuze, Guattarí, Frèderic Lordon, Dziga Vertov, Elizabeth Svilova, Chris Marker.

—Porque hay que ser agradecido, y porque son todos autores que me fueron formando a lo largo de mi vida. En esta película sobrevuelan los conceptos de algunos de esos autores, como a la vez las formas fílmicas de directores como Chris Marker, Vertov y Svilova.

—Algo que se reitera en la película son las lluvias. Da la sensación de que en la villa llueve más fuerte, más tipo tempestad. ¿Es así? (Extraordinario el momento del partido de futbol con la cancha llena de agua.)

Lluvia de jaulas tiene algo de título irónico. Una vez escuché a Lucrecia Martel decir que sus primeras tres películas tienen título del estilo de lo que se catalogó como cine clase B. Y cuando uno recuerda los títulos: La ciénaga, La niña santa, La mujer sin cabeza, comprende que el argumento es cierto. En mi caso creo que hay un poco de ese tipo de analogías. Aunque también buscaba relacionarlo con lo que hasta hace muy poco se daba a llamar «lluvia de inversiones”. Fuimos a filmar al Microcentro, a la zona bursátil y al núcleo financiero, mientras —es posible— en alguna de esas oficinas se firmaba alguna deuda-robo contra el país. Lo de jugar en la lluvia por supuesto es (o era antes del virus) habitual, solo tuve que atreverme a salir bajo esa tempestad a registrar, sin dejar de rezarle al Dios de las cámaras por la supervivencia de la mía, fiel compañera de cada aventura.

—¿A qué alude el título de la película?

La lluvia ha sido un cliché ineludible a lo largo de la historia del cine. Bela Tarr, un extraordinario director de pelis muy lluviosas, dice sobre Tarkovski, otro autor inigualable y muy acuático, que en Tarkovski la lluvia expresa elementos metafísicos y poéticos. En cambio, en sus propias películas la lluvia “solo genera más barro”. Creo que eso sucede un poco con una lluvia en una villa, es melancólica, pero a la vez te puede rebalsar las cloacas y condenar a una vivienda al derrumbe mismo. Así y todo, la lluvia no pierde su fuerza onírica. Estamos acostumbrados a destapar la cloaca entre soretes y enfermedades varias con una leve sonrisa pícara y cínica.

 

 

 

 

—Da la sensación de que en el barrio pasa poco, que hay poco para hacer y, según se advierte en la película, se camina mucho.

—No comparto esa mirada. O mejor dicho, justamente en ese «pasa poco» está uno de los elementos centrales. Lo ordinario está lleno de cosas extraordinarias, depende de cómo se perciba el estado de un alma. Además creo que en esa propuesta estética estoy respondiendo a toda una tradición del cine y la televisión argentina, donde a la hora de mostrar a las villas es siempre justamente bajo el mandato de la acción, de las explosiones o de las onomatopeyas diciendo ¡Guau! Como si hubiera que pensar, siempre, que en las villas tiene que pasar algo sí o sí, y ese algo tiene que ser superlativo, heroico, épico, desmesurado, violento per se. Así que sí en mi película hay una apariencia de que «no pasa nada» lo celebro, porque equilibra un poco a tantos años donde preñaron la mentalidad del sentido común argentino con infinita cantidad de imágenes de «porno miseria» (término acuñado por el Movimiento Caliwood de Colombia), “cine paternal» o «cine zoológico» (el que más le gusta a los directores y autores argentinos). Sí, gente: en las villas también puede no pasar nada. Y la insistencia de la caminata es para reforzar que el movimiento ocioso, o no relacionado directamente con lo laboral es así. Se camina por adentro del barrio, no por afuera, donde corrés el riesgo de que te pare la policía, o de que unos vecinos asustados llamen al 911. Hasta hace poco, ese era un momento recreativo sagrado, toda una costumbre inquebrantable: «Vamos a dar una vuelta por el barrio». Y eso dejó de pasar por una pandemia anterior a esta, que se llamó macrismo, que desembarcó en los barrios con cientos de aterradores gendarmes sumados a los que ya estaban de antes, y que cortaron toda la forma de vida anterior. Con el pretexto de la seguridad regularon a muchos barrios con políticas de toque de queda, de estado de sitio, prohibición de reunión, de total e impune terror. Hay barrios populares del Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario o el Gran Mendoza donde se vivía bajo un régimen de apartheid desde antes de la pandemia. Se abandonó naturalmente la vida comunitaria. La gendarmería incluso empezó hasta impedir que los chicos jueguen a la pelota, amparados por una ministra diabólica como fue Patricia Bullrich. El chiste es que todas esas políticas de terror no se fueron, los destacamentos y operativos quedaron instalados e intactos, y lo que es aún peor, la filosofía de la mano dura y de «pibe asesinado por una fuerza de seguridad porque seguro algo habrá estado haciendo», penetró en las almas de los mismos habitantes del barrio. Que ahora vociferan discursos que no les pertenecen, que antes se enorgullecían de ser villeros y hoy lo sienten como una mancha y una culpa eterna. El arribo y la presencia inmanente de una fuerza de seguridad casi siempre hostil y maltratadora del vecino trastornaron todas las relaciones antiguas de la comunidad. Dudo que esas relaciones se recompongan en lo inmediato.

—Decías en una entrevista que la película es una “crónica del macrismo”. ¿La peor marca de esos cuatro años tiene que ver con, como decís en la nota, las villas convertidas en penitenciarías, en espacios de terror?

—Yo no dije estrictamente eso en la nota, primero porque sería resumir bastante y bajarle el precio a mi película y subírselo demasiado al macrismo, que es peor. Dije más bien que la película en cierto punto podría ser vista como… Pero tampoco es que no lo dije y no lo pienso. La película aunque no lo quisiera es una crónica del macrismo, porque empezó a filmarse apenas asumió su gobierno y las imágenes pueden documentar hasta lo que no pretenden, cómo bien lo grafica Blow Up de Antonioni. Ahí las fotos de una pareja de amantes en un parque, tomadas por un aburrido ultra burgués fotógrafo, terminan mostrando otra cosa en la sala de revelado que a primera vista fue imperceptible. Toda imagen tomada en exterior siempre deja la puerta abierta a algo impredecible o no calculado de antemano, imagínese en espacios como las villas. Yo pretendía filmar un árbol, un beso, una ventana y las fuerzas de seguridad se cruzaban en el medio, las imágenes policiales se terminaron imponiendo porque ya son parte del panorama del lugar. Aunque vale aclarar que la abundante presencia de esas fuerzas no es algo fundacional del macrismo. La gendarmería desembarca en los barrios populares durante el 2010 mientras a la vez se urbanizaba, complejo el asunto. Y como decía, 10 años después es tiempo más que suficiente para haber modificado y trastocado las relaciones sociales de una comunidad. Igual a pesar de eso pude también filmar besos, árboles y ventanas. La solución al cine y TV exacerbados con el que se masturba cierta clase social cuando filma a “los negros”, ese cine donde pasa de todo, esos guiones repletos de enigmas, yo no creo que sea un cine inmóvil, de pura contemplación. Hay que tratar de buscar un medio que devenga en algo nuevo, buscar las imágenes que no están, en términos deleuzeanos-guattarianos. Ni romantizar, ni golpe bajo.

—Y de pronto llegó el coronavirus. ¿Estás bien vos? ¿Tu familia? ¿Cómo es la situación en el barrio Carlos Gardel? ¿Faltó agua? 

—En lo personal yo vivo en una casilla precaria y pequeña acá en la villa, que me construí hace 8 años en el patio de atrás de la casa de mi abuela. Pero la villa tiene la dicha de haber sido urbanizada durante el último gobierno de Cristina, en articulación con la municipalidad de Morón. Y no fue una urbanización cualquiera, fue reconocida internacionalmente por su grado de sofisticación de infraestructura. He visto otros ejemplos de villas u asentamientos urbanizados y hasta en esos casos se refuerza un sentimiento de «¡Que suerte tuvimos!» Donde antes vivíamos en una villa hacinados como siguen viviendo tantos compatriotas, nosotros tenemos un barrio donde cada casa tiene agua potable, gas natural, patio, espaciamiento y en el caso de lo que era el antiguo asentamiento (no así en los monoblocks, evidentemente) tenemos la distancia adecuada entre cada casa, calles asfaltadas, iluminadas. Creo que esta urbanización debería ser un modelo a aplicar en todas las villas. Opino muy favorablemente del gobierno nacional y provincial más allá de ciertos detalles y errores de gestión que son los más imperdonables en momentos como estos. Veo funcionarios trabajando sin descanso, que si bien es el trabajo que eligieron y deben hacer, no es poca cosa, no solo para figurar en fotos, sino repartiendo insumos indispensables, exponiéndose al virus, pisando el territorio. Hay momentos que sirven de examen para ver quién es político y militante de alma y no por intereses solo personales. Este es uno de esos momentos. Celebro el nivel de articulación entre Estado y organizaciones sociales para erradicar el hambre, de ese encuentro pueden salir novedades y acontecimientos políticos. Celebro que se tolere la disidencia en el mismo Frente de Todos. También celebro el apoyo y la reivindicación de la ciencia y en especial me da mucho orgullo la comunidad científica argentina. Tener a personas tan idóneas en determinadas áreas brinda un grado de tranquilidad ahora más que necesario. Recordando que la ciencia no es una religión, no es impoluta ni perfecta, más bien en la curiosidad y el error están sus cimientos y origen mismo. Soy de los que creen que acá está el material humano y cognitivo adecuado hasta para desarrollar la vacuna made in Argentina, pero bueno, ese tipo de proyectos requieren de inversiones monumentales, que quizás en estos momentos las arcas del Estado no estén en condiciones de desarrollar. Pero hay que reivindicar incansablemente a la comunidad científica argentina, porque es de las mejores del mundo y hasta con pocos recursos te inventa lo mismo que en otros países costó cinco veces más. Por eso fue tan pesado y para nada inocente el lobby que hizo el macrismo en contra de nuestros científicos. Se sabe que una sociedad con una comunidad científica fuerte y entrelazada con los intereses de su pueblo brinda un alto poder de soberanía, que no es para nada del agrado de las grandes potencias. Apoyo la medida de cuarentena, y en estos momentos más que nunca, ante el inminente arribo del invierno y de temperaturas que de por sí arraigan todo tipo de enfermedades respiratorias y podrían generar un caos en ciertos hospitales.

—Si desde algún sector nacional o provincial te consultaran acerca del mejor modo de controlar la situación en las villas, ¿qué les dirías?

—Creo que la cuarentena en el AMBA debería durar hasta finalizar el invierno, pero esto funcionaría solo si el Estado es capaz de asegurar a cada habitante de los sectores más verdugueados y desamparados una alimentación balanceada, un ingreso monetario acorde, un techo digno, suministro de agua y elementos de higiene, el no corte de ningún servicio, ni siquiera de Internet. También mantener la suspensión de desalojos, de pagos de alquileres y suministro de remedios en los casos que se requiera. Se puede ir registrando gente que vivía solo de changas para que sean los primeros en ser incorporados a la hora que se reinicie la obra pública, que será un gran motor para lo que se viene. De ser así estaríamos dentro de un panorama favorable dentro de las desgracias irremediables que trae este virus sobre cualquier sociedad. Pero, sabemos, existe una gran puja de intereses y poderes corporativos para que la cuarentena se termine, ya que un patrón sabe que si se enferma será atendido hasta los mínimos detalles y en cambio un trabajador tiene mucha más posibilidad de morirse por más esfuerzo que haga nuestro sistema público de salud. Sé que es casi imposible atender tantas demandas a la vez, pero reforzaría y aceleraría cosas como el IFE y la idea de préstamos a monotributistas también es interesante, ya que reconoce un poco al trabajador de clase media baja, y además la situación de precariedad laboral de millones de trabajadores argentinxs. Ya tenemos las estadísticas necesarias en demasiados países para saber que quienes mueren más fácilmente por este virus son los sectores que habitan la base piramidal de la economía o que están más abajo inclusive. A ellos el Estado debe garantizarles la salud más que nunca y brindarles nada más ni nada menos que lo necesario para subsistir como corresponde, siendo realistas dentro de lo extraordinario de la situación, puede y debe mejorarse todo lo enumerado.

—En lo que estás viendo, ¿qué te parece bien y qué inadecuado?

—Dentro de lo criticable, trataría de hacer algo con los excesos de autoritarismo de las fuerzas de seguridad que fueron “malcriadas” por Bullrich y Macri. Veo falencias muy serias en materia de comunicación, cierta subestimación y hasta arrogancia. Creo que, si bien en las últimas elecciones se logró vencer de forma analógica y casi artesanal al modelo hegemónico y totalitario de los mass media y la big data, no se puede ir al otro extremo y subestimar a las redes sociales y esas cosas. También creo que no se ha comunicado bien qué se está haciendo en materia de contención a situaciones relacionadas con la salud mental, otra área devastada por el macrismo. Por lo tanto, esa falencia comunicativa permite a mucha gente (y con todo derecho) pensar que no se está haciendo nada en la materia. La angustia no es abstracta, tiene efectos materiales concretos; suicidios. Una depresión aguda conduce a la autodestrucción o a la violencia hacía los semejantes. Por lo tanto, deberían redoblarse los esfuerzos en ese sentido a mi entender.

 —La revista Todo Piola, ¿sigue saliendo?

—La revista dejó de existir en el 2012. Duró entre 2008-2012. Empezó mientras estaba preso, la creamos junto a mi amigo-maestro Patricio Montesano mientras me visitaba en la cárcel, siguió los primeros dos años que estuve afuera, pero luego el proyecto se terminó y me enfoqué más en el cine. Desde el 2012 he sido un trabajador del arte independiente, muchas veces autogestionado, muchas veces bajo la indigencia, que sigue viviendo acá en la villa y ha sobrevivido de forma austera, porque las ofertas laborales me escasearon siempre y también quizás porque la cárcel, hasta inconscientemente, te enseña a ser austero.

—¿Cuál son tus otras actividades actuales?

—Estoy editando dos próximas películas filmadas de forma autogestiva, una de ellas con un celular. Escribiendo un nuevo libro de poemas, escribiendo el guion de mi próxima película de ficción y tengo un programa de radio en Radio Provincia, AM 1270, los martes de 20 a 22; una invitación de Marcelo Figueras, el nuevo director de la radio.

– ¿Cómo hace el público para ver la película? ¿La exhibición es paga?

—Todas mis películas, salvo esta última, Lluvia de jaulas, están liberadas para ver de forma gratuita a través de mi canal de YouTube. La nueva iba a estrenarse en salas, pero ya sabemos lo que pasó, así que se puede ver por menos de 90 pesos a través de la plataforma Vimeo On Demand en el canal de la productora «Pensar con las manos”, quienes han sido y son un apoyo (en varios sentidos) determinante en mi trabajo como cineasta.

 

 

 

LINK PARA ALQUILAR Y VER LA PELÍCULA; https://vimeo.com/ondemand/lluviadejaulas?fbclid=IwAR0Ea7I6Ea0NzuHJ6__VYa8goLYxgTpRe_qaHDzLArZ6bVWC-kgOSyJwCHM

 

 

 

 

 

 

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9 Comentarios
  1. Juanc dice

    Juanc Puta que vale estar vivo para leer esta hermosa nota Gracias Cesar, Gracias Carlos.

  2. Marisa dice

    Gracias. Muy buena entrevista.

  3. Mónica Ambort dice

    Qué hermosa entrevista. No conocía a César González. Una maza, el pibe. Buscaré sus pelis. Gracias Carlos Ulanovsky. Tanta humanidad, en todo tu trabajo periodístico.

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