¿La DAIA puede asesorar a la Gestapo?

Su ex presidente Julio Schlosser fue designado como asesor del ex ministro Villegas

 

La Delegación de Asociaciones Argentina (DAIA) distinguió en dos oportunidades a Marcelo Villegas, entonces director del capital humano del Grupo Telecom. El primer reconocimiento fue en 2012 por su “su permanente compromiso con la diversidad”. Un año después, siendo Julio Schlosser su presidente, se sumó al reconocimiento otorgado por una de sus entidades asociadas, la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). En este caso el galardón estuvo motivado por “su permanente compromiso con el desarrollo solidario”.

Una vez que Schlosser concluyó su mandato –en los inicios del gobierno de María Eugenia Vidal– fue retribuido por Villegas, quien lo nombró como su jefe de asesores en temáticas de diversidad laboral. Durante ese mismo periodo, quien se desempeñaba como su vicepresidente, Waldo Wolff, iniciaba su primer mandato como diputado y vocero de los sectores más pendencieros del macrismo.

Cuando se hizo público el video previamente presentado a la Justicia por la interventora de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Cristina Caamaño, la DAIA se apresuró a cuestionar la utilización reivindicativa del término Gestapo. Tres días después repudió –para tranquilizar a sus socios cambiemitas– a los editores de C5N por exhibir en su cobertura periodística el rótulo de Gesta-PRO.

El comunicado de prensa relativo a las imágenes del Banco Provincia, difundido únicamente por Twitter –pero ausente de su portal institucional–, omitió referencias a los graves delitos que exhibieron las imágenes. Solo se repudió la utilización de la palabra Gestapo. El espionaje ilegal, el armado de causas para perseguir a gremialistas, la criminalización política y la participación de funcionarios de inteligencia en reuniones gubernamentales no merecieron ningún cuestionamiento.

Dada la íntima relación que la DAIA mantiene con el conglomerado cambiemita, los comunicados omitieron, además, la referencia a las condecoraciones que le fueran otorgadas a Villegas en 2012 y 2013. Tampoco mencionaron la posibilidad de que dichas distinciones pudieran ser restituidas en aras del insulto que supone la reivindicación de la Gestapo, la policía secreta dependiente de las SS hitlerianas, cuya denominación remite a la contracción de Geheime Staatspolizei.

Su actual presidente, Jorge Knoblovits, se desempeñó entre 2012 y 2015 como secretario general de Julio Schlosser, razón por la cual intentó esquivar cualquier comentario respecto a las gratificaciones compartidas entre Villegas y la DAIA. Schlosser fue nombrado en el Ministerio de Trabajo con honorarios de asesor de segundo nivel (el más elevado) a principios de 2016. La remuneración adjudicada por su locación de servicios totalizó durante su permanencia alrededor de 5 millones de pesos, un monto equivalente a unos 60.000 dólares.

La difusión de las imágenes videograbadas de forma clandestina en el Banco Provincia motivó agitados debates entre los integrantes del actual consejo directivo de la DAIA. Una de las mayores inquietudes verbalizadas por sus máximas autoridades se vinculó con la profusa información exhibida en el portal institucional acerca de Villegas.

El día que se divulgó el video, los dirigentes debatieron el tono del repudio y decidieron que no se le iba a solicitar a Villegas la habitual recorrida pedagógica por el Museo de la Shoá, con la cual suelen escarmentar a quienes hacen utilizaciones inadecuadas de la terminología ligada al nazismo. El hecho de que Villegas había sido asesorado por Schlosser –durante los cuatro años de su mandato– motivó tanto la decisión institucional de velar el cuestionamiento al ex ministro de la cartera laboral como la de omitir toda referencia a los graves delitos expuestos en el video. El acuerdo tomado en el séptimo piso de Pasteur 633 tuvo como motivación única la necesidad de bajarle el tono al escándalo para no dejar expuestos los múltiples vínculos recónditos entre la DAIA y otros funcionarios macristas.

 

 

Esos raros derechos humanos

El relevante rol de Schlosser en la confección de las políticas de discriminación del ministerio llevó a que la institución de la calle Pasteur intentara invisibilizar –incluso dentro de su portal institucional– la información sobre las distinciones otorgadas en 2012 y 2013. Una oportuna captura de pantalla logró salvaguardar aquello que los actuales dirigentes pretenden ocultar.

Knoblovits anunció, en noviembre último, cuando asumió su segundo periodo, la decisión institucional de la DAIA de “ampliar nuestra misión: nos constituimos en una organización protectora de los derechos humanos: indivisibles, universales, intransferibles e inalienables”. El mutismo respecto a los graves delitos prefigurados en la videograbación –presentada ante la Justicia por Caamaño– brinda indudables evidencias de ese novel compromiso.

 

Reconocimiento a Marcelo Villegas en 2012.

 

Los premios otorgados por la DAIA muestran el evidente derrotero de sus afinidades políticas y de sus intentos para camuflar su adscripción a los sectores más recalcitrantes de la derecha Latinoamérica. En 2005, luego de que Néstor Kirchner impulsara la derogación de las leyes de impunidad (de obediencia debida y punto final), la DAIA intentó disimular dichas articulaciones premiando al Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH), que había tenido una posición consecuente en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.

La ceremonia de premiación se realizó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires el 30 de agosto de 2005. El encargado de recibir la distinción, el dirigente Pedro Resels, se dirigió a las autoridades de la DAIA pronunciando un discurso imperecedero con el que se rechazaba el reconocimiento. “Nosotros no olvidamos (…) la infame solicitada firmada por la DAIA y la AMIA en la que se nos acusó de favorecer al antisemitismo por realizar un acto donde fueron oradores Hebe de Bonafini y el Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, convocado bajo la consigna ‘Contra el Antisemitismo’. No olvidamos que mientras desaparecían 30.000 argentinos, entre ellos dos mil judíos, el entonces presidente de la DAIA afirmaba que a la comunidad judía le convienen más los gobiernos de facto que los democráticos, porque las dictaduras controlan mejor el antisemitismo”.

La DAIA le dio la espalda a las víctimas de la dictadura. Cuando los familiares se acercaban a sus oficinas eran maltratados y culpabilizados por el rol militante de sus seres queridos secuestrados y/o desaparecidos. Medio siglo después, sus dirigentes continúan negándose a pedir perdón a las víctimas. Y continúan sus alianzas políticas con los herederos de la derecha que consideró a los judíos como sujetos despreciables.

 

 

 

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