La desigualdad mata

Si la sociedad es desigual, es porque de alguna forma permitimos y toleramos esa desigualdad

 

¿Se murió? ¿Lo mataron? Más allá de lo que creo en mi fuero íntimo, no tengo una respuesta concluyente sobre que pasó con Facundo Astudillo Castro. Su mamá, Cristina Castro, aseguró desde el principio mismo de la investigación que se trataba de una desaparición forzada de personas y directamente se la imputó a la Bonaerense. Y por definición les creo a las víctimas. Como abogada reviso expedientes, y busco ahí las respuestas. Pero en este caso simplemente aquello que consta en el expediente no ha tomado estado público.

Sea como sea, el caso de Facundo nos pone de cara ante un problema real. La desconfianza que una parte de la sociedad siente ante las fuerzas de seguridad. Y es extraño –o tal vez no lo sea realmente-, son los sectores vulnerables en lo económico quienes manifiestan más masivamente su desconfianza sobre dichas fuerzas. Eso no implica paradójicamente que los sectores vulnerables no hagan el reclamo de más y mejor seguridad –reclamo que se traduce en más fuerzas de seguridad—, porque y de nuevo acá una paradoja, son también masivamente los principales sectores que son víctimas de la inseguridad. A medida que los grupos sociales ascienden en términos materiales, la desconfianza sobre el accionar de las fuerzas de seguridad disminuye.

No menos cierto es que las víctimas de las prácticas abusivas de las fuerzas de seguridad pertenecen mayoritariamente a los sectores vulnerables, lo cual explica la mirada plagada de desconfianza y reparos que esos sectores tienen. Me cuesta expresarlo en términos de premisas claras, pero creo que a mayor de cantidad de bienes materiales, se tiende a tener una mirada mas permisiva sobre la conducta de las fuerzas. Y afirmo, asumiendo el sesgo propio y si se quiere ideológico, que a medida que aumentan los bienes materiales, la necesidad de preservarlos extiende los limites de lo admitido a quienes deben protegerlos, haciendo de sus abusos sobre sectores mas vulnerables apenas un daño colateral.

Una sociedad desigual. Y la desigualdad es una forma de violencia y genera más violencia.

Borges escribió en uno de sus cuentos más maravillosos que “los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.” Con mucho menos poesía que los heresiarcas de Uqbar, hay días en los que no abomino de los espejos y hay noches en las que no abomino de la cópula. Pero no existe momento en el que no abomine de la desigualdad, porque multiplica —y justifica— hasta el infinito más horrible los padecimientos del hombre.

Algo parecido al doble standard que existe respecto a la ocupación de terrenos. Pienso en lo que vimos en Guernica estos días, donde un montón de personas tomaron terrenos que estaban sin utilizar y montaron allí sus precarias viviendas.

Cada vez que aparecen estos casos me surge la pregunta respecto a dónde vivían esas personas antes de tomar un terreno ajeno. Supongo que la aberrantemente desigual distribución de la propiedad de la tierra tiende a explicar el déficit de terrenos para vivir, sobre todo de quienes carecen de los recursos para adquirir un terreno. Y también me intriga donde podrían vivir la enorme cantidad de personas que duermen en calles y puentes de esta ciudad. Porque desde las diversas órbitas de gobierno, a quienes duermen en las calles de la ciudad se les proporciona, en el mejor de los casos, un “refugio”. Así se llaman esos lugares que garantizan un lugar para dormir en la noche y un poco de comida, pero el resto del día las personas que durmieron en el refugio deben vagabundear, como si eso fuese normal, una forma de vida aceptable para las personas.

Respecto de las tomas tengo clarísimo que sólo son delitos en cuanto se encuadran en las premisas de Código Penal, esto es “1º) el que por violencia, amenazas, engaños, abusos de confianza o clandestinidad despojare a otro, total o parcialmente, de la posesión o tenencia de un inmueble o del ejercicio de un derecho real constituido sobre él, sea que el despojo se produzca invadiendo el inmueble, manteniéndose en él o expulsando a los ocupantes; 2º) el que, para apoderarse de todo o parte de un inmueble, destruyere o alterare los términos o límites del mismo; 3º) el que, con violencias o amenazas, turbare la posesión o tenencia de un inmueble”.

Es decir que debe mediar violencia o engaño de alguna naturaleza para que en las tomas pueda configurarse un delito.

Las comparo con la incontable cantidad de consultas que recibí a lo largo de los años sobre terrenos ubicados en el Delta del Tigre. Y señalo, las consultas se vinculan a la transferencia de esos terrenos, sujetos a la usucapión, es decir a la ocupación por prolongado tiempo y la realización de actos que externalizan dominio. En el Delta he visto cómo las personas venden los derechos sobre esos terrenos, y que luego son adquiridos por personas que no fueron aquellas que tuvieron y ejercieron la posesión durante 20 años para activar el mecanismo de usucapión. Sé perfectamente que es legal, pero no deja de parecerme un derecho constituido tramposamente de alguna forma que no puedo terminar de explicar.

Como sea, la diferencia de valoración entre una y otra situación no dejó de llamarme siempre la atención, porque finalmente la conducta es similar, aun cuando señalo, en las tomas se ve sin dudas un despliegue de acciones colectivas, mientras que en las usucapiones la acción es individual. Y claro está que la acción colectiva es entendida por muchos como una forma de violencia, razón por la cual califican la ocupación de delictiva y llamándola usurpación.

En cualquier caso, sigo sin poder responder dos preguntas. ¿Dónde deberían vivir quienes no tienen lugar para vivir?  Y la otra: ¿cómo justificamos la enorme cantidad de terrenos sin uso cuando hay personas de carne y hueso que no tienen dónde vivir? ¿Acaso esos inmuebles sin uso y sin custodia son el gran monumento a la propiedad privada, que como sociedad estamos dispuestos a tolerar?

¿Por qué en algunos casos está bien y es legal ocupar un terreno, e incluso se permite la transferencia –que llaman cesión— de los derechos que derivan de la ocupación, y por qué en otros la conducta es vista como delictiva?

No tengo nada contra la propiedad privada, de hecho el sueño de mi vida es tener mi propia casa y dejar de pagar por el derecho de uso de propiedades de terceros – léase harta de pagar alquiler—, pero creo que nadie se preocupa realmente por contestar la pregunta crucial en el tema. ¿Dónde viven las personas que no tienen dónde vivir?

Porque las cosas en Tlön se duplican y “propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro”. No pasa en nuestros días ni esta tierra lo mismo. Ni las cosas de multiplican ni la tierra desaparece cuando se olvida. Está ahí, se use o no se use. Está ahí como monumento mudo e inútil en homenaje a una sociedad desigual.

Parte de esa desigualdad también podemos atribuírsela a la falta de árbitros que establezcan con claridad un modo razonable de solución de conflictos. Y cuando digo razonables, subyace –hago explícito para evitar confusiones— la idea de un modo no violento.

Pero estos árbitros no parecen estar arbitrando demasiado, debo ser justa. Y terminan recurriendo a modos violentos. Lo vimos en la Cámara de Diputados de la Nación hace unos días, donde los legisladores de la oposición tensionaron la posibilidad del debate democrático en vías a subordinarlo o en todo caso anularlo.

Habiéndose vencido el protocolo de las sesiones virtuales, sectores de la oposición pretendían que se sesionara en modo presencial en un recinto que ni por casualidad está preparado para poder sesionar presencialmente asegurando a todos – legisladores y trabajadores de la Cámara— las condiciones de distanciamiento necesarias para evitar los contagios de Covid. Razonablemente las autoridades señalaron que ello no era posible y los legisladores opositores dijeron que entonces solo renovarían su conformidad a las sesiones virtuales si se aceptaba la predeterminación de temas que podrían tratarse.  Señalaron que hay temas que requieren su discusión presencial (¿?). ¿Fundamentos para dicha petición? Ninguno, por cierto

Como nadie es tonto, todos entendieron –entendimos— que era la forma de impedir que esos temas se trataran. Porque en atención al creciente numero de casos de Covid las posibilidades de sesionar presencialmente son un riesgo cierto para la salud e incluso la vida de diputados y trabajadores, y eso las hace inviables. Mientras eso sucedía dentro de la Cámara de Diputados, fuera de ella y durante horas, una variopinta peregrinación de sujetos daban rienda suelta a sus delirios y a sus manifestaciones más violentas.

Me llamó poderosamente la atención una ex diputada, que aseguró que lo que pasaba dentro de la Cámara era un golpe de Estado. Yo entiendo la cuestión levemente delirante de quien se atribuye la maternidad de la república –una república de plástico y sin vida, a decir verdad—, pero lo que pasaba dentro de la Cámara no era sino uno de los modos razonables de solución de conflictos. Se llama democracia e incluye mayorías y minorías. La mayoría decidió prorrogar las sesiones virtuales y la minoría luego de hacer una serie de manifestaciones bastante poco felices, procedió a retirarse de recinto. Porque finalmente, lo que no querían era sesionar.

¿Por qué no quieren sesionar? ¿Por qué quieren usar como escudo humano la salud y la vida de diputados y trabajadores? La respuesta es sencilla: porque en lugar de actuar como árbitros, le dan preeminencia a la defensa de intereses que, de tan mezquinos, espantan. No quieren discutir temas como la contribución a las grandes fortunas ni la reforma judicial.

Y además una parte de mí cree honestamente que buscan, incluso sin asumirlo, que crezcan los enfermos y los muertos. Porque ciertos sectores de la oposición se han constituido en la guardia pretoriana de intereses mezquinos. Y porque en una sociedad desigual, el 2% de algunas fortunas justifica muertes, porque con cadáveres y enfermos, un sector de la oposición espera construir las barricadas que le pongan límites a un gobierno peronista, que con todos los errores que se le puedan imputar (yo le imputo pocos) no ha dejado de intentar preservar la salud, la vida y la integridad de la sociedad asolada por la pandemia.

¿Hablaran de la democraciadura en el futuro? Ellos, los que aman los juegos de palabras mas que los debates democráticos. Como los metafísicos de Tlön,  no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro.

Árbitros violentos que no son árbitros. Y árbitros que hacen trampa. Digo esto y pienso en la conducta de algunos fiscales. Los fiscales son parte del Ministerio Público, que por cierto tienen atribuida por la Constitución Nacional la función de “promover la actuación de la Justicia en defensa de la legalidad de los intereses generales de la sociedad en coordinación con las demás autoridades de la República.”.

Este grupo de fiscales hacen exactamente lo contrario. En 2018 la vicepresidenta Gabriela Michetti designó a un abogado como representante del Senado en el Tribunal de Enjuiciamiento. Pero olvidó un detalle no menor: que la designación no es una competencia de la presidencia del Senado sino de la mayoría de Senado, conforme lo dice la ley de Ministerio Publico (ley 27148) en su artículo 77.

El Senado nunca emitió opinión y por cierto, quien propuso al abogado designado, ni siquiera era la mayoría. Una designación irregular y nula de forma insalvable, y eso sin entrar en consideraciones penales hacia quienes llevaron adelante dicha designación. Pero por motivos variopintos, la Asociación de Fiscales y funcionarios del Ministerio Público está reclamando judicialmente que dicha designación sea válida. Sí, por absurdo que sea.

Pero más aún, para hacer ese reclamo primero adhirieron a la presentación que hizo sin ninguna legitimación legal una fundación que se llama “Sea Justicia”. Detalles tan hilarantes como sórdidos, es que la precitada fundación ni siquera esta inscripta como tal, porque no completó los papeles. Es decir que, en términos legales, NO EXISTE. A esa presentación adhirieron los fiscales, ya en el colmo de descalabro. Cuando se enteraron de que la fundación tenía este problema de no existir legalmente, se despegaron de su presentación. “Maria la paz, la paz, la paz…”. Ahora dicen que están preparando otra acción. Cuyo objetivo es intentar validar una designación que a todas luces fue hecha de modo contrario a la ley.

¿Y qué decir de los árbitros que no cumplen las reglas? Hay un grupo de jueces que fueron trasladados sin acuerdo del Senado. Para decidir sobre las designaciones se le enviaron sus pliegos para que el trámite constitucional de obtener su acuerdo por parte del Senado se concluyese. Y se convocó a audiencia. De los 10 jueces, hubo 3 que no concurrieron, invocando derechos que según ellos derivan de leyes y reglamentaciones y que los eximen de cumplir con la propia Constitución. Creo que debemos recordarles a los jueces de este país que la Constitución no admite excepciones. Y que las reglas legales están para cumplirse. Es absurdo pretender la excepción de pasar por el Senado para obtener el acuerdo. Sólo por eso es probable que no lo obtengan. De los tres jueces que no concurrieron, hay uno que lamento mucho su conducta. Porque le tengo afecto sincero.

Pero no quiero olvidarme de Tlön, cuya literatura parte de la idea de un sujeto único. “Es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. La crítica suele inventar autores: elige dos obras disímiles –el Tao Te King y las 1001 Noches, digamos–, las atribuye a un mismo escritor y luego determina con probidad la psicología de ese interesante homme de lettres”.

¿Por qué recuerdo a Tlön? Porque el absurdo de sujeto único en la literatura, no es absurdo en la sociedad. La sociedad —más allá de nuestras particularidades como integrantes de ella— es una sola. Y si la sociedad es desigual, es porque de alguna forma nosotros permitimos y toleramos esa desigualdad y esos árbitros que no son árbitros.

Queremos Verdad y Queremos Justicia. Por Facundo y por cada uno de los que desaparece. Queremos saber qué les paso y por qué, queremos saber si hay responsables y también queremos que reciban un castigo si los hay.

Creer en la Justicia es dar la pelea por la igualdad. Sin esa pelea que tan ética y necesaria, nuestro destino como sociedad se presenta horrible. Alejada de la belleza metafórica de Tlön y muy cerca del infierno donde la desigualdad ejerce su dominio opresivo. Donde la desigualdad, si lo permitimos, causa infinito dolor, y es capaz de matar.

 

 

 

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10 Comentarios
  1. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo la doctora Peñafort expresa:

    Una sociedad desigual. Y la desigualdad es una forma de violencia y genera más violencia.
    Borges escribió en uno de sus cuentos más maravillosos que “los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.” Con mucho menos poesía que los heresiarcas de Uqbar, hay días en los que no abomino de los espejos y hay noches en las que no abomino de la cópula. Pero no existe momento en el que no abomine de la desigualdad, porque multiplica —y justifica— hasta el infinito más horrible los padecimientos del hombre (…)

    Creer en la Justicia es dar la pelea por la igualdad. Sin esa pelea que tan ética y necesaria, nuestro destino como sociedad se presenta horrible. Alejada de la belleza metafórica de Tlön y muy cerca del infierno donde la desigualdad ejerce su dominio opresivo. Donde la desigualdad, si lo permitimos, causa infinito dolor, y es capaz de matar.

    Efectivamente, la desigualdad es capaz de matar, de aniquilar todo vestigio de convivencia social basada en la libertad, la justicia y la igualdad. La desigualdad genera un odio que se traduce, como diría Hobbes, en la guerra de todos contra todos. Cuando la desigualdad se impone la democracia como filosofía de vida se torna inviable.

    A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir parte de un ensayo de Edgardo Lander titulado “El fin de la democracia liberal: la desigualdad en las sociedades post-democráticas” (*).

    “En las últimas décadas han operado dos fuertes tendencias inter-relacionadas en los centros capitalistas, especialmente en los Estados Unidos y la Unión Europea: el incremento sostenido de las desigualdades y la amputación igualmente sostenida de los ámbitos de la democracia. Los sistemas políticos de las democracias liberales, sus Estados, sus partidos políticos, están siendo crecientemente controlados por el capital financiero, no por la voluntad democrática de los ciudadanos. Con ello se está produciendo, lo que Slavoj Zizek ha denominado como el fin del matrimonio entre el capitalismo y la democracia. En un evento que tiene como centro de atención el tema de las desigualdades, todos sabemos de qué estamos hablamos y no es necesario insistir con la abundancia de información disponible sobre estas tendencias. Diré sólo unas palabras al respecto: La actual desigualdad en la distribución de la riqueza no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Es notoria esta creciente concentración en manos de una oligarquía del dinero global. Se cuenta cada vez con más información sobre este proceso. El grupo financiero Credit Suisse, ha comenzado una publicación anual en la que analiza la distribución de la riqueza (bienes reales como viviendas, más bienes financieros) de la población adulta de todo el planeta. De acuerdo a sus cálculos, la mitad más pobre de la población adulta global es dueña de sólo 1% de la riqueza global. Un total de 3.051 millones de adultos, que representan 67,6% de la población adulta global, es dueña de sólo 3,3% de la riqueza global. En contraste con esto, el 10% más rico es dueño de 84% de la riqueza global, el 1% más rico posee 44% de la riqueza global, y el 0,5% más rico es dueño de 38,5% de la riqueza global. Son muchas las tendencias y dinámicas que nos ilustran la reducción de los ámbitos del ejercicio de la democracia en estos países.

    Nombraré brevemente sólo algunas de estas tendencias. El poder creciente de los mercados financieros en la definición de las principales políticas públicas, especialmente en el ámbito económico. En el debate europeo actual sobre cómo responder a la crisis, ya se ha dejado de un lado toda pretensión de democracia. Se ha impuesto con trasparencia el gobierno de los mercados. Los mercados y sus agencias de calificación de riesgo quitan y ponen gobiernos, lo que ha sido denominado golpes de Estado Goldman Sachs, exigen drásticos recortes en el gasto público, socaban los derechos de los ciudadanos e imponen transformaciones constitucionales. Hablar en estos momentos de voluntad popular, o de participación democrática en la toma de decisiones sobre el presente o el futuro del país, en Grecia, en Italia, en Irlanda, en España, una vez que se ha constatado la creciente soberanía de los llamados “mercados”, no pasa de una ser complicidad culposa. Los gobiernos no toman sus decisiones sobre la base de la opinión de la población afectada sino en base a la evolución interdiaria del llamado “riesgo país”, los movimientos de la bolsa, las tasas de interés y las rigurosas exigencias de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI y de la nada desdeñable opinión del gobierno alemán. Ya América Latina pasó por la experiencia de gobiernos que ganaban elecciones a partir de un programa electoral, y terminaban haciendo exactamente lo contrario de lo ofrecido, como consecuencia del mecanismo político de la deuda externa impuesto por el FMI. Nadie pretendía que eso fuese particularmente democrático. Hay que dejar de pretender y decirlo en forma contundente. El emperador está desnudo, esto se parece cada vez menos a una sociedad democrática.

    Sistemas electorales cada vez más controlados por el dinero.

    En los Estados Unidos, el último obstáculo al pleno dominio del dinero sobre el sistema político lo eliminó la Corte Suprema en el caso conocido como Citizens United vs. Federal Election Commission en el año 2010. Esta corte dictaminó que, en la medida en que las corporaciones tienen los mismos derechos que los ciudadanos, establecer limitaciones al gasto de las corporaciones y los sindicatos en los procesos electorales constituiría una violación constitucional de su libertad de expresión, tal como ésta fue establecida en la Primera Enmienda Constitucional. Dados los costos extraordinariamente elevados de las campañas electorales en los Estados Unidos, esta decisión incrementa aun más el poder de los grupos económicos para comprar decisiones legislativas y ejecutivas que favorezcan sus intereses. Los impactos en la campaña presidencial de este año han sido notorios.

    Sociedades vigiladas que hacen realidad las peores pesadillas premonitorias de George Orwell

    Cámaras en lugares públicos y privados, supervisión a voluntad de los organismos de seguridad del contenido de las conversaciones telefónicas, correos y otros medios electrónicos, ubicación permanente de los ciudadanos mediante los teléfonos celulares, aunque estos estén apagados. De acuerdo a una investigación de dos años realizada por el Washington Post, después del ataque a las Torres Gemelas se ha creado en los Estados Unidos un aparato secreto de seguridad de tan enormes proporciones que nadie sabe cuánto cuesta, cuántos programas incluye, ni cuántas personas están involucradas. Entre los resultados de esta investigación destacan que se trata de un entramado de 1271 organizaciones gubernamentales y 1931 empresas privadas que trabajan en actividades de inteligencia y contraterrorismo, empleando a 854 mil personas que cuentan con un estatuto de “seguridad certificada” en diez mil localizaciones diferentes a través de la nación, y produce unos 50 mil informes de inteligencia al año. Los medios y políticos de la derecha instalan miedos e inseguridades que operan como dispositivos que buscan reducir la resistencia a la imposición de medidas que avanzan paso a paso en la dirección de una sociedad de vigilancia. Surgen en estas condiciones enormes oportunidades comerciales que ofrecen las nuevas tecnologías para las empresas que trabajan en lo que ha sido denominado el complejo industrial de seguridad. Ha sido ampliamente documentada la participación directa de las empresas dedicadas a estas actividades y sus lobbies en la definición y expansión de políticas en el campo de la seguridad tanto en Europa como en los Estados Unidos.

    La guerra infinita

    En los Estados Unidos se ha naturalizando un estado de guerra infinita contra todos los enemigos imaginables: terrorismo, Estados fallidos, armas de destrucción masiva, piratas, drogas. A diferencia de épocas históricas anteriores, la guerra no ocurre como una sucesión de eventos discontinuos que comienzan y terminan, sino como un estado permanente que se pelea en forma abierta o encubierta en muchos frentes en forma simultánea: Irak, Afganistán, Libia, Sudán, Somalia, Irán, Siria…. Esta lógica bélica no fue una aberración temporal, producto de las políticas de los neoconservadores durante el gobierno de Bush. Ha demostrado tener una extraordinaria continuidad durante el gobierno de Obama. Estados Unidos tiene aproximadamente 1.000 bases militares fuera de sus fronteras, lo que constituye el 95% de las bases militares en el extranjero que hay en el mundo hoy. Como señala el historiador Chalmers Johnson, se trata de una nueva forma de colonialismo que no está caracterizado, como lo fue en el caso europeo, por la ocupación del territorio, la “…versión americana de la colonia es la base militar”. Según uno de los centros más confiables de estudio de gasto militar, el Instituto Internacional de Investigación de Paz de Estocolmo, los Estados Unidos realizó en el año 2010, un 43% del gasto militar total del planeta, gasto muy superior al de los siguientes nueve países con mayor gasto militar (32%). No es este imperialismo militar de modo alguno compatible con la democracia, ni dentro ni fuera de las fronteras de dicho país.

    Construcciones políticas y jurídicas de sistemática segregación y exclusión social

    Hasta hace poco tiempo, al interior de Europa fue posible una ciudadanía universal sobre la base de que los “otros” estaban en otra parte, en las colonias, en los países del Sur. Era así posible una ilusión de democracia inclusiva. Los excluidos no eran visibles. Esto cambia con la migración masiva de las últimas décadas. Los otros ya no están en otra parte, los otros son una población migrante que pasan a vivir en forma permanente en el propio territorio europeo. Hasta aquí llega la ciudadanía universal, la inclusión y la igualdad. Aquí desaparece la ilusión de que todos son iguales y reaparece con fuerza un racismo sistemático tanto en las políticas públicas, como en el sentido común de sectores crecientes de la sociedad. No se puede calificar de democrática una sociedad con ciudadanos de primera categoría, con derechos, y los otros de segunda categoría, migrantes, indocumentados, musulmanes, extranjeros, que carecen de estos derechos. En los Estados Unidos, donde los otros siempre han estado al interior de territorio del país, los mecanismos racistas de exclusión se han recompuesto una y otra vez desde la esclavitud hasta nuestros tiempos. Como señala Michelle Alexander en su extraordinario libro The New Jim Crow. Mass Incarceration in the Age of Color Blindness, en los Estados Unidos la guerra a las drogas y el régimen judicial y carcelario se combinan para garantizar que la población sobrante –fundamentalmente afroamericana– quede excluida de la sociedad y pierda en forma permanente sus derechos políticos. De acuerdo a Alexander: Hoy en día, debido a los recientes descensos, en los Estados Unidos las tasas de delincuencia han descendido por debajo de la norma internacional. No obstante, los Estados Unidos ahora tiene una tasa de encarcelamiento que es de seis a diez veces mayor que la de otros países industrializados –un desarrollo que puede atribuirse directamente a la guerra contra las drogas. La cruda y triste realidad es que, por razones básicamente ajenas a las tendencias reales del crimen, el sistema penal norteamericano ha surgido como un sistema de control social sin precedentes en la historia del mundo.

    El actual sistema de control bloquea en forma permanente a un enorme porcentaje de la comunidad Afroamericana fuera de la corriente mayoritaria de la sociedad y la economía. El sistema opera a través de nuestras instituciones de justicia penal, pero ésta funciona más como un sistema de castas que como un sistema de control de la delincuencia. El hecho de que más de la mitad de los jóvenes negros en muchas grandes ciudades estadounidenses están actualmente bajo el control del sistema de justicia penal (o con la carga de antecedentes penales) no es -como muchos sostienen- sólo un síntoma de pobreza o las malas decisiones, sino más bien evidencia de la operación de un nuevo sistema racial de castas. En estas condiciones, ¿podemos hablar de Estados Unidos como una sociedad democrática? Dada la operación de estos mecanismos sistemáticos de exclusión, no debe llamarnos la atención que sobre la base de datos del gobierno federal de los Estados Unidos, el Centro de Investigación Pew afirma que en el año 2009 la riqueza promedio de los hogares «blancos» era 20 veces superior al de los
    hogares «negros» y 18 veces superior a los hogares hispanos, la mayor brecha desde que el gobierno comenzó a publicar estas estadísticas hace 25 años. Esto en un país en el cual la elección del primer presidente negro ha sido celebrada como expresión de la superación del racismo.

    Sistema jurídico internacional que, a través de la OMC y los múltiples tratados multilaterales y bilaterales de inversiones, le dan prioridad a los derechos del capital sobre los derechos de la gente.

    Una dimensión medular de la re-configuración global del régimen de acumulación que ha operado con la globalización neoliberal de las últimas décadas, ha sido la instalación de un régimen jurídico global que le da prioridad a los derechos de los inversionistas sobre los de los ciudadanos, y establece un régimen sistemático de prohibiciones referidas a políticas públicas que potencialmente pudiesen afectar las ganancias esperadas por parte de los inversionistas extranjeros. Esto, independientemente de la voluntad de los ciudadanos del país en cuestión y de los objetivos sociales o ambientales que pudiesen orientar dichas políticas públicas. El régimen de derechos de propiedad intelectual es un aspecto medular de esta nueva realidad jurídica global y, desde el punto de vista del impacto sobre la democracia y la desigualdad, constituye su dimensión más perversa. Los actuales procesos de cambio en América Latina difícilmente hubiesen podido ocurrir si no hubiese sido derrotado el proyecto imperial del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que buscaba constitucionalizar para todo el continente esta prioridad neoliberal de los derechos del capital sobre los derechos de la gente.

    Separación entre quienes producen y quienes consumen en la globalización neoliberal

    En la época del fordismo y de la primacía de los mercados internos, la generación de demanda efectiva para una producción industrial en acelerado crecimiento dependía de ampliar la base social del consumo hacia nuevos sectores sociales, especialmente los trabajadores. Esta fue la base de un modelo en que, tendencialmente, los salarios de los trabajadores aumentaban y, en cierta medida, se acortaban las diferencias en la distribución del ingreso. En los tiempos neoliberales se va produciendo una distancia creciente (tanto social como geográfica) entre quienes producen y quienes consumen. En estas condiciones el mercado de las corporaciones industriales depende cada vez menos de la capacidad de consumo de los trabajadores en el mismo territorio (incentivo para mayores salarios) y por el contrario cada vez más de la capacidad de competir con menores costos, siendo en esto uno de los factores determinantes la posibilidad de pagar bajos salarios. En este sentido, no ha existido contradicción alguna entre bajos salarios y acelerado crecimiento industrial en China durante las últimas tres décadas. Sus mercados más dinámicos han estado en otra parte. El incentivo empresarial fundamental con relación a los salarios es, por lo tanto, el que sean lo más bajos posibles para poder competir en el mercado mundial. Esto constituyó un factor fundamental de ruptura del pacto socialdemócrata.

    Limitación de la capacidad reguladora de los Estados

    El extraordinario poder político que adquiere el capital financiero como consecuencia de la descomunal riqueza que controla y las lógicas de la especulación a corto plazo que caracterizan a esta forma del capital, han terminado por socavar las bases mismas de las formas de reproducción ampliada del capital en las condiciones de legitimidad democrática que fueron posibles en el período de oro de la democracia liberal. Una razón principal por la cual la actual crisis capitalista es tan severa reside en la pérdida de la capacidad regulatoria del sistema. La globalización neoliberal ha creado nuevas condiciones en las cuales los capitales pueden desplazarse libremente sin obstáculo alguno. La capacidad de regulación, por parte de los Estados, aún de los Estados más poderosos, está en declive. El logro de la tan ansiada utopía del mercado total se va convirtiendo en pesadilla en la medida en que no se cuenta con instrumentos para moderar sus inevitables excesos y los intereses a corto plazo del capital especulativo tienen primacía sobre toda noción de interés general de estabilidad del sistema. Una vez que este genio ha sido liberado, difícilmente puede volver a ser metido en la lámpara”.

    (*) Conferencia en el Segundo Foro de la Asociación Internacional de Sociología dedicada a “La justicia social y la democratización”, Buenos Aires, agosto de 2012.
    http://www.tni.org/es/paper/el-fin-de-la-democracia-liberal

  2. Iris dice

    Excelente, gracias por tu claridad y lucidez. El mundo está organizado de modo que «sobra» la mitad de la gente. Tal vez lo que sobra sea ese mínimo porcentaje dueño de todo. Tal vez sea hora de poner la lupa y hablar más de la minoría «ricos» y las consecuencias de sus actos sobre las mayorías. Tal vez desenmascarando y limitando sus acciones podamos ir a ese país/mundo menos desigual.

  3. Diego dice

    Qué te sorprende Grace? Que el poder judicial, la justicia y la policía estatal o paraestatal sea creada en el siglo xviii como moneda de cambio de la revolución industrial para proteger el privilegio de los privilegiados? Qué novedad. Por eso temen a la justicia popular, a los tribunales revolucionarios o populares, a la calle….

  4. Norberto dice

    No solo admiro el intelecto de Graciana, sino tambien su calidez humana.

  5. Elida de Bianchetti dice

    Graciana, querida Graciana, gracias, un articulo maravilloso. Te abrazo!

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