ME CONVENCISTE, PIBE

La música que escuché mientras escribía

La música de hoy no la seleccioné yo, sino uno de mis hijos. Es un investigador, que trabaja hace dos décadas en una de las grandes capitales científicas del mundo. Pero su pasión es el tango, e incluso da clases de baile. Su preferido es Angel Vargas, con la orquesta de Angel D’Agostino.
Creo que te conté el escándalo que me armó cuando no incluí a Angel Vargas entre mis cantores preferidos. Y su argumento para convencerme fue irrefutable: «Es el mejor».  Si él lo dice.

Tampoco estoy seguro si te hice conocer la historia familiar con el llamado Ruiseñor de las Calles Porteñas. La hermana menor de mi padre era tan fanática de Vargas como mi hijo. Se fue a vivir a Italia y regresó de visita medio siglo después. Gran comida familiar, con tres generaciones de parientes. Y a los postres la sorpresa. Una de mis primas mellizas hizo sonar el disco y todos nos callamos para que se escuchara bien. La única que no se dio cuenta fue la tía. Cuando preguntó qué pasaba, se atropellaron para contestarle:

—Es Angel Vargas, tía.

Con su mejor cara de nada, la viejita italiana preguntó:

—Anchel Varga, e chi e?

Yo estaba esperando a una persona querida, a quien iba a ver por primera vez en ocho meses de pandemia, y él me mandó un tema muy apropiado: Qué lento corre el tren. Me mató. Después fue agregando otros, de a uno. Y además me escribió: «En mi experiencia subjetiva cuando uno baila tango, baila a la música de la orquesta, con el contrabajo marcando el tiempo, cuando se escucha, y si no, los bandoneones o el piano. Pero cuando canta Angel Vargas, se baila siguiendo su voz. Y en eso él es único (o D’Agostino es único)».

Me convenciste, pibe. A ver qué piensan ustedes.

 

 

Barbecho Vargas

Tango

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