Modelo contra la pobreza

Un ingreso, dos seguridades y tres garantías

 

Esta nota es la primera de una trilogía en la que plasmaré algunas reflexiones sobre el documento “Servir al pueblo: la erradicación de la extrema pobreza en China”, publicado por el Instituto Tricontinental de Investigación Social en julio de 2021. Aquí sintetizaré las grandes líneas del trabajo; en el segundo artículo describiré la metodología usada para erradicar la pobreza extrema en China y, finalmente, en el tercero mostraré que, a pesar de las diferencias demográficas y políticas entre China y la Argentina, es posible encarar una experiencia similar en nuestro país.

El 1° de octubre de 1949, el Presidente Mao Zedong, más conocido como Mao Tse-Tung o simplemente Mao, dijo: “El pueblo chino, que constituye una cuarta parte de la humanidad, se ha puesto de pie”. La independencia de China llegó tras lo que se conoce como un “siglo de humillación” a manos de las potencias coloniales europeas, una sangrienta guerra civil con fuerzas nacionalistas y catorce años de resistencia contra el fascismo japonés, que cobró 35 millones de vidas chinas. A nivel interno, los señores de la guerra, el Partido Nacionalista y los terratenientes priorizaron sus intereses de clase por sobre el bienestar del pueblo y del país. Durante ese período, China pasó de ser la mayor economía global a uno de los países más pobres del mundo. Aunque representaba un tercio de la economía mundial a comienzos del siglo XIX, su Producto Interno Bruto (PIB) cayó a menos del 5% al momento de la fundación de la República Popular China (RPC). En 1950, sólo dos países asiáticos y ocho africanos tenían un PIB per cápita inferior al de China: Myanmar, Mongolia, Botsuana, Burundi, Etiopía, Guinea, Guinea Bissau, Lesoto, Malawi y Tanzania. En otras palabras, la RPC era la undécima nación más pobre del mundo en el momento de su fundación. Cuando Mao llegó al poder, se enfrentaron al reto de revertir el declive económico y social de larga data del país, comenzando por satisfacer las necesidades básicas del campesinado y de la clase trabajadora empobrecida. De 1949 a 1976, bajo el liderazgo de Mao, el gobierno chino se centró en mejorar la calidad de vida de su población, que había pasado de 542 a 937 millones de personas. Como resulta sencillo entender, China tuvo el mayor crecimiento económico, social y cultural de la historia de la humanidad. En apenas 71 años pasó de ser una de las sociedades más atrasadas del mundo a competirle a las grandes economías mundiales. Además, ocupa lugares de privilegio en los grandes foros internacionales, ha obtenido premios Nobel y su cultura recorre el mundo. Se podrá coincidir o no con su estilo de gobierno, pero objetivamente es al menos digno de ser estudiado. En particular, desde el ámbito de la seguridad social, ya que ha logrado erradicar la pobreza extrema y elevado el estándar de vida de más de 1.000 millones de personas. Debe considerarse especialmente que conviven diversas características étnicas, con infinidad de dialectos y formas de organización política, lo cual dificulta notoriamente la ciclópea tarea desarrollada, en especial, en la última etapa que va de 2015 a la actualidad.

A medida que el gobierno chino, con sus características particulares, se adentró en la nueva era, tuvo que afrontar desafíos que dejaron al desnudo contradicciones relevantes. La principal se relaciona con el desarrollo desequilibrado e inadecuado y las siempre crecientes necesidades populares de alcanzar una mejor calidad de vida. China ha satisfecho las necesidades básicas de más de 1.000 millones de personas, ha hecho posible que la gente lleve una vida decente y pronto completará con éxito la construcción de una sociedad moderadamente próspera. Al mismo tiempo, la totalidad de las fuerzas productivas de China han mejorado significativamente, y en muchas áreas su capacidad productiva lidera los estándares internacionales. Pero el principal problema es que ese desarrollo tiene bolsones de concentración de ingresos significativos que representan un factor de restricción al momento de satisfacer las cada vez más amplias necesidades del pueblo. No sólo materiales y culturales, también han aumentado sus demandas por democracia, Estado de derecho, equidad, justicia, seguridad y ambientales.

En el último tiempo tuvo lugar un período de reforma y apertura, consideradas como precondiciones para construir un país moderno. Dos de los tres objetivos estratégicos oficiales fueron alcanzados: garantizar que las personas tengan un nivel de vida digno y que sus necesidades básicas estén cubiertas, quedando pendiente continuar el proceso de reducción de la pobreza para asegurar que la gente pobre se convierta en parte de una “sociedad moderadamente próspera”.

El 25 de febrero de 2021, el gobierno chino anunció que la extrema pobreza había sido eliminada en China, un país de 1.400 millones de habitantes. Esta histórica victoria es la culminación de un proceso de siete décadas que comenzó con la revolución de 1949. Las primeras décadas de la construcción socialista sentaron las bases que fueron profundizadas, luego, en los períodos de reforma y apertura. Durante este tiempo, 850 millones de personas salieron de la pobreza, es decir, el 70% de la reducción total de la pobreza en el mundo tuvo lugar en China. En la más reciente fase “focalizada” que comenzó en 2013, el gobierno chino gastó 1,6 billones de yuanes (246.000 millones de dólares) para construir 1,1 millones de kilómetros de caminos rurales, dar acceso a Internet al 98% de las aldeas pobres del país, renovar las viviendas de 25,68 millones de personas y construir nuevas casas para otros 9,6 millones. Desde esa fecha, millones de personas, empresas estatales y privadas y amplios sectores de la sociedad se han movilizado para asegurar que –a pesar de la pandemia– los 98,99 millones de personas de los 832 condados y 128.000 aldeas que faltaban salieran de la extrema pobreza. En 2019, cuando China entraba en las últimas etapas de su programa de erradicación de la pobreza, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, dijo: “Cada vez que visito China, me sorprende la velocidad del cambio y del progreso. Han creado una de las economías más dinámicas del mundo, a la par que ayudan a más de 800 millones de personas a salir de la pobreza, el mayor logro de la historia en materia de lucha contra la pobreza”.

 

El Presidente chino, Xi Jinping, declaró el “completo éxito en la lucha contra la pobreza en país” en febrero de este año.

 

Mientras China ha estado luchando contra la pobreza, el resto del mundo, especialmente en el Sur Global, ha experimentado un retroceso. Las agencias de Naciones Unidas informan un gran revés en la eliminación de la pobreza fuera de China. En 2020, más de 71 millones de personas, la mayoría en África subsahariana y en el sur de Asia, han caído de nuevo en la pobreza, marcando el primer aumento mundial de la pobreza desde 1998. Se estima que la crisis económica, acelerada por la pandemia, llevará a la extrema pobreza a un total de 251 millones de personas en 2030, elevando la cifra total a más de 1.000 millones. El hecho de que China haya tenido éxito combatiendo la pobreza en tiempos de tantos retrocesos no es un milagro ni una casualidad, sino un testimonio de su compromiso. Esto contrasta con la indiferencia de las sociedades capitalistas ante las necesidades de las personas pobres y de las clases trabajadoras, cuyas condiciones sólo han empeorado durante la pandemia.

El Programa de Reducción Focalizada de la Pobreza de China (RFP) puede resumirse en un slogan: un ingreso, dos seguridades y tres garantías. El ingreso es algo parecido a lo que nosotros llamaríamos el Ingreso Básico Universal (IBU). Además de un ingreso mínimo, el programa de reducción de la pobreza de China asegura que se cumplan otros cinco indicadores: las “dos seguridades” de alimento y vestimenta y las “tres garantías”: servicios médicos básicos, vivienda segura con agua potable y electricidad, y educación gratuita y obligatoria, que en China es de nueve años.

Como bien expresa el documento publicado por el Instituto Tricontinental de Investigación Social, el Programa de Reducción Focalizada de la Pobreza de China no puede abordarse únicamente mediante la distribución del ingreso, ya que implementa un enfoque multidimensional. Este concepto, teorizado por primera vez por el premio Nobel Amartya Sen, examina los factores complejos e interrelacionados asociados a la pobreza, de los que no se da cuenta midiendo sólo los ingresos. Basándose en el trabajo de Sen, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa de Oxford para la Pobreza y el Desarrollo Humano adoptaron, en 2010, el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que mide diez indicadores en tres dimensiones: salud, educación y servicios básicos de infraestructura. Su informe de 2020, lanzado una década después de la adopción del IPM y una década antes de la fecha límite de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), encontró que 1.300 millones de personas, es decir, el 22% de la población mundial, vive en situación de pobreza multidimensional. En comparación, de acuerdo con la línea de pobreza de 1,90 dólares diarios establecida por Naciones Unidas, 689 millones de personas, o sea, el 9,2% de la población mundial, vivía en la extrema pobreza en 2017, antes de la pandemia.

En el informe comentado, consultan con Wang Sangui, decano del Instituto Nacional de Reducción de la Pobreza de la Universidad Renmin, sobre la relación entre los indicadores de China y el marco del IPM. El profesor indica que “el IPM es visto solamente como un enfoque de investigación” y que “a la fecha, debido a su gran complejidad, no ha sido adoptado por ningún país para medir el tamaño de la población pobre”. Al incluir los cinco indicadores clave, añade, “de hecho, China ha seguido un enfoque multidimensional para erradicar la pobreza”.

El método de medir la pobreza es de gran trascendencia, ya que obligaría a los Estados a realizar un mapa de la pobreza en cada país explicando la metodología aplicada. Por lo tanto, esa explicación correría el velo de las trampas que ocultan el verdadero índice de pobreza en cada nación. Resta explicar la metodología aplicada en China para erradicar la pobreza y construir una sociedad medianamente próspera, pero ello será parte de una próxima nota.

 

 

 

 

 

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