Perú: el poder sin la gloria

Con el 81,5% de los votos en disputa, Castillo y Fujimori moderan su discurso para la segunda vuelta

 

Las elecciones del 11 de abril han tenido características insólitas. La segunda vuelta será disputada entre el candidato más temido, Pedro Castillo, de Perú Libre, y la candidata más rechazada y antipopular, Keiko Fujimori, de Fuerza Popular. El primero, por las posiciones radicales de izquierda del partido al que representa; la segunda, porque carga con la mochila de la dictadura presidida por su padre más la de su propia autoría, y por haber sido artífice –desde el Parlamento, donde su partido tenía mayoría– de la inestabilidad política del último quinquenio.

Sin embargo, no es la única particularidad de esta elección. El nivel de ausentismo y votos en blancos y viciados sumó 10,8 millones, el más alto de las últimas cinco elecciones. Por otro lado, la fragmentación del voto por la presencia de 18 partidos políticos determinaron que Castillo apenas recibiera 2,7 millones de votos (10.9% del padrón electoral) mientras que Fujimori obtuvo 1,9 millones (7.6% del padrón). Es decir, el 81,5% de los peruanos en edad de sufragar no votó por ninguno de los candidatos que competirán en segunda vuelta el 6 de junio.

La última encuesta de Datum, publicada el jueves, indica que Pedro Castillo tiene una intención de voto del 41% y su contrincante Keiko Fujimori del 26%. Un 18% de votantes lo está pensando y un 15% votará en blanco o viciado. Entre tanto, hay un proceso de búsqueda por captar los votos de las fuerzas políticas. Verónika Mendoza, candidata de Juntos por el Perú, el gran derrotado de estas elecciones, le ha dado su apoyo a Castillo. La Central General de Trabajadores del Perú (CGTP) también ha anunciado su respaldo. Para ambas organizaciones, el triunfo de Castillo expresa una voluntad de cambio que puede viabilizar una salida democrática y popular a la crisis, cerrando el paso a la opción autoritaria y corrupta que representa el fujimorismo. Asimismo, apoyarán la convocatoria a un referéndum para una Asamblea Constituyente con el fin de escribir una nueva constitución que recoja todas las voces del Perú.

Los respaldos a ambas candidaturas también se dan desde el exterior. Evo Morales ha expresado su respeto y admiración a Pedro Castillo “que tiene un programa similar al nuestro” y José Mujica les ha pedido “a los compañeros socialistas que tengan un grado de apertura, que apoyen la candidatura más progresista y que enfrenten el terrible dilema que tiene Perú de volver a caer en el rumbo Fujimori”. Con un tono más diplomático, Keiko ha recibido el respaldo de Álvaro Uribe, quien ha pedido que el Perú reflexione para la segunda vuelta y proteja su democracia, mientras que Juan Guaidó espera que el Perú decida bien por la democracia y por la libertad.

La voz del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, tampoco se ha hecho esperar. En su columna “Asomándose al abismo” le dio su apoyo a Keiko por considerarla el mal menor. El escritor ha sido un crítico acérrimo no sólo de Alberto Fujimori, ante quien perdió las elecciones de 1990, sino también de su hija Keiko.

Su respaldo ha sido criticado por varios académicos que consideran que, en el actual escenario de ingobernabilidad, no se debería regalar el voto sin que medie un compromiso sobre algunos temas fundamentales que plantean algunas organizaciones de la sociedad civil, especialmente los vinculados con el respeto a la institucionalidad. Ninguno de los candidatos tiene mayoría en el unicameral Congreso. De un total de 130 escaños, Perú Libre cuenta con 37, Juntos por el Perú apenas con 5 y Fuerza Popular con 24.

 

En busca del centro

En el afán de buscar los votos de ese 81.5% de electores que no los eligió en primera vuelta, ambos candidatos intentan moderar su discurso. Keiko promete ser “más democrática” y Castillo intenta desmarcarse del secretario general del Partido Perú Libre, Vladimir Cerrón, así como de su plan de gobierno. Cerrón invitó a Castillo a ser el candidato presidencial de su partido debido a su inhabilitación por un problema judicial.

Perú Libre se autodefine como un partido de izquierda socialista, marxista-leninista-mariateguista. En su programa económico se señala que el Estado no debe reducirse a un simple promotor, supervisor o recaudador de impuestos, sino que se necesita un Estado interventor, planificador, empresario, protector, innovador y regulador del mercado. Asimismo, defiende los procesos revolucionarios en el mundo, especialmente en Latinoamérica: Cuba, Nicaragua, Ecuador, Venezuela y Bolivia. La reciente circulación de un video en donde Vladimir Cerrón señala las diferencias entre ganar el gobierno y ganar el poder, y dice que la izquierda en el poder tiene que quedarse como lo ha hecho Venezuela, ha generado malestar y preocupación en los electores.

A ello se suma la publicación de la última encuesta electoral en la que Castillo le lleva 15 puntos porcentuales a Fujimori. Estos hechos han generado una suerte de histeria colectiva que ha impactado negativamente en la Bolsa de Valores de Lima y en la estabilidad del sol, la moneda nacional.

A pesar de los resultados de las encuestas, algunos analistas políticos consideran que una de las debilidades de Pedro Castillo es su vinculación con el secretario general de Perú Libre. Rápido de reflejos, Castillo ha dicho que está armando un equipo técnico y un programa propio abierto a recoger aportes de otras fuerzas políticas y que, más allá de lo que diga o deje de decir Cerrón, “el que va a gobernar soy yo, Pedro Castillo”. Ha elaborado un manifiesto en el que ha dado su “palabra de maestro” para que sus reformas se realicen respetando la institucionalidad. Asimismo, ha señalado que la Constitución será respetada hasta que el pueblo apruebe su modificación. Para cambiarla se hará un referéndum y, si se aprueba, la Asamblea Constituyente será integrada por las fuerzas vivas, incluyendo a los empresarios.

Castillo se ha reunido con representantes de la Sociedad Nacional de Industrias y otros sectores empresariales y políticos. Se ha curado en salud al dirigirse abiertamente al presidente Nicolás Maduro, a quien le ha pedido que “si hay algo que tiene que decir concerniente al Perú, primero arregle sus problemas internos”. En 2006, Ollanta Humala ganó la primera vuelta de las elecciones y Alan García, quien representaba la continuidad del modelo, quedó segundo. Como Humala proponía un cambio radical, García intentaba asociarlo a Hugo Chávez. Un exabrupto de éste, al tildar al aprista de “ladrón de siete suelas”, dio lugar a que se hablara de injerencia extranjera de parte del venezolano y Vargas Llosa le dio su respaldo a García –quien ganó en la segunda vuelta– por considerarlo el mal menor.

La campaña mediática contra Castillo es feroz. A pesar de haber sido militante de Perú Posible, el partido de centro derecha del expresidente Alejandro Toledo (entre 2005 y 2017) y haber formado parte de las rondas campesinas que se enfrentaron al grupo terrorista Sendero Luminoso, es acusado de tener vínculos con esta agrupación y que por ello liberará terroristas si asume el gobierno. Castillo lo ha negado enfáticamente. A las imágenes televisivas de atentados de Sendero Luminoso, del rescate de los 76 rehenes secuestrados durante cuatro meses en la Embajada de Japón en Lima por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), a las advertencias de la llegada del comunismo y del peligro de que asuma un gobierno infiltrado por terroristas que convertirán al Perú en “algo peor que Venezuela”, la Camboya de Pol Pot, se suman las cadenas de oración que circulan en las redes sociales para que Dios salve a la patria.

 

Humor sobre la demonización de Castillo. Por Carlín, en La República de Perú.

 

La estrategia de Keiko Fujimori consiste en hacerse eco del peligro comunista y terrorista que asecha al país y presentarse como su Juana de Arco. Con una voz más edulcorada, ha dejado de lado el discurso de “mano dura”. No necesita esforzarse en formular algún programa nuevo porque propone mantener el modelo y defenderlo a como dé lugar. Es decir, su programa económico no ofrece algún cambio inclusivo que reactive la economía y genere empleos.

La candidata más antipopular tampoco necesita presentación. La población conoce su pasado antidemocrático y ha sido testigo del sabotaje perpetrado al Ejecutivo por su bancada durante el último lustro. Por eso muchos sectores critican a Vargas Llosa por el cheque en blanco a su candidatura. Al respecto, el periodista peruano César Hildebrandt se pregunta: “¿Cree Vargas Llosa que la primera dama de la dictadura (de su padre) será una demócrata cabal, una presidenta respetuosa de los otros poderes, una líder que respete a la prensa que la juzgue o a la Fiscalía que la investigó hasta descubrir quién era de verdad? ¿Ignora el escritor que Alberto hizo a Keiko a su imagen y semejanza cuando la obligó a traicionar a su madre enferma y a plegarse a su régimen? (…) ¿No sabe el prolífico premio nobel que Montesinos le entregaba a su candidata favorita 10.000 dólares mensuales salidos del tesoro público? ¿Olvida los millones de dólares que la señora Fujimori recibió de los Romero (uno de los grupos económicos más importantes del Perú) y Odebrecht? (….) ¿Quiere Vargas Llosa que demos un salto al vacío y nos dirijamos al cuarto Reich del fujimorismo, esa opción que él tantas veces comparó con la peor de las plagas que podíamos sufrir?”.

En el Perú “los nadies, los hijos de nadie y los dueños de nada”, como diría Eduardo Galeano, no temen al cambio ni al apocalipsis que supuestamente sobrevendría. Los pocos dueños de todo, o de casi todo, en cambio, están verdaderamente preocupados. Los más lúcidos se dan cuenta que la campaña del “terruqueo” y la amenaza comunista no elevará los votos de Keiko.

La candidata necesita remontar esos puntos de diferencia si quiere evitar la cárcel, pues la fiscalía ya entregó la acusación al Poder Judicial y ha pedido una pena de prisión de 30 años. Y de paso dejar tranquilos a quienes apuestan por mantener el modelo económico y la Constitución inamovibles. Keiko necesita cambiar su estrategia rápidamente. Si no lo hace, el maestro rural Pedro Castillo, cabalgando por la sierra con su sombrero de ala ancha, en el mundo de los “nadies”, podría ganar las próximas elecciones.

 

 

 

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