Por otro nunca más

La economía argentina no es viable si el proceso de endeudamiento y fuga no es erradicado

 

El sistema monetario internacional funciona con una enorme variedad de monedas. Sin embargo, entre ellas existen grandes diferencias de rango. Esencialmente, lo que las diferencia es que algunas son aceptadas en el resto del mundo (nos referimos a las divisas), mientras que otras tan solo funcionan a nivel doméstico en la economía emisora. Incluso dentro de los mismos límites de los países emisores, las monedas locales pueden ser puestas en tela de juicio y deben competir con las que circulan en el resto del mundo. Por ahora la dominancia del dólar a nivel global es incuestionable, aunque nadie puede arriesgar un pronóstico sobre la continuidad de la situación a partir de la aparición de Covid-19, y la profundidad de la crisis que aparece en el horizonte cercano. En 2018, las reservas internacionales de divisas estaban formadas por 61,7% en dólares, 20,7% euros, otras monedas como la libra y el yen japonés 15,7%,  y sólo 1,9% en yuanes.

Hasta ahora nadie puede dudar de que, si existe un sistema mundo que tenga dominancia por sobre el resto de los sistemas nacionales, ese sistema funciona con el dólar como patrón de medida. A contramano de lo que afirma la teoría neoclásica, para la cual la escasez es la madre del valor, la moneda global tiene que estar difundida y ser abundante, pues en caso contrario corre el riesgo de ser reemplazada por otra.

 

 

La emisión de deuda

Si los países llamados periféricos fueran capaces de emitir deuda denominada en su propia moneda, y si, a su vez, esta fuera aceptada por agentes internacionales, la desigualdad se restringiría. Asimismo, si los déficits de la balanza de pagos de los países periféricos fueran financiados a través de la emisión de deuda externa denominada en moneda local — teniendo esta un riesgo de impago prácticamente inexistente—, la restricción externa por carencia de divisas no sería tal. Frente a la necesidad de las mismas, sea por importaciones o por fuga de capitales, los países periféricos podrían emitir deuda en moneda local, atraer de esa manera a inversores extranjeros y disponer de los fondos suficientes para financiar cualquier drenaje que exista en sus cuentas externas.

Sin embargo, la evidencia demuestra que, al igual que en el caso del comercio exterior, las monedas aceptadas internacionalmente son pocas y la emisión de deuda externa en moneda propia de los países periféricos es realmente baja.

 

 

 

La transnacionalizacion del capital dinero

En los países de la periferia se generan excedentes en moneda local, tanto en la esfera de la economía real, como por su valorización financiera.

El hecho de que las monedas periféricas se constituyan como provisorias para los inversores nacionales —y en mucha mayor medida para los extranjeros— y que la forma definitiva del valor sea el dólar (o moneda internacional vigente), constituye un problema para los países emisores de monedas “de paso”, debido a las eventuales consecuencias que esto trae tanto en el corto como en el largo plazo en el frente externo.

Este rol de equivalente parcial que tiene la moneda nacional en su vinculación con la moneda mundial es puesto periódicamente entre signos de interrogación, en especial cuando se trata de equivalentes vinculados a ámbitos de valor sustentados en un bajo desarrollo de las fuerzas productivas. Así se explica que las monedas nacionales solo actúen como encarnación de valor en la medida en que estén respaldadas por monedas fuertes, y en particular por la moneda que actúa como moneda internacional. Por eso, si bien la validación de los trabajos privados en la economía nacional se realiza reduciendo las mercancías al equivalente nacional, este a su vez tiene que estar respaldado por la moneda mundial. La moneda nacional debe revalidar permanentemente su título de equivalente, de encarnación de tiempo de trabajo abstracto y su vinculación con el tiempo de trabajo general mundial. Esta situación demuestra que el espacio de valor nacional debe articularse con el espacio de valor mundial.

En este sentido, las reservas internacionales son el activo financiero de respaldo último de la base monetaria nacional; una moneda nacional respaldada exclusivamente en crédito interno (títulos públicos) estaría sujeta al cuestionamiento y a la crisis de confianza. En última instancia, cuando esto sucede, la moneda nacional es reemplazada por la moneda mundial; primero en sus funciones de reserva de valor y atesoramiento, luego como medio de pago y, finalmente como medio de cambio.

Lo anterior explica por qué las economías de los países dependientes pueden verse forzadas a acumular enormes reservas de dinero-divisa muy por encima de lo que dictan sus necesidades comerciales o de transacciones corrientes. Incluso la relación base monetaria/reservas internacionales juega un rol en la determinación del valor de la moneda en períodos de crisis, cuando la desconfianza lleva a los tenedores de activos monetarios a demandar divisas.

Lo expuesto previamente no hace más que tratar de demostrar la necesidad de los capitales —que se valorizan en el seno de los ámbitos nacionales— de garantizar el regreso del valor en proceso a su encarnación última, al dinero mundial. Es claro que para los capitales de dimensión internacional o multinacional el ciclo de reproducción comienza en el dinero mundial y debe regresar a la divisa extranjera, ya que la remesa de utilidades y la amortización del capital exigen el reflujo del dinero a su forma originaria. El problema se agudiza cuando al capital internacionalizado se le suma el capital de origen local, que dolariza su excedente y lo fuga.

En una estructura económica como la argentina, altamente concentrada y extranjerizada, esta cuestión explicada anteriormente adquiere significativa importancia y dan cuenta de ello las sucesivas crisis del sector externo que periódicamente sufrimos.

Como las divisas sólo se obtienen por un saldo favorable del comercio exterior, cuando esto no ocurre, sumado a la imposibilidad de emitir la moneda internacional (el dólar en la actualidad), se recurre a la toma de deuda, de modo que dicha toma de deuda sea la que abastezca la demanda de dólares de quienes quieren dolarizar el excedente para la posterior fuga.

Endeudar y fugar no sólo es el título del libro editado por Eduardo Basualdo sino que resume de manera acabada el funcionamiento de la macroeconomía argentina desde la dictadura hasta el gobierno de Mauricio Macri. Hay una gran diferencia entre el periodo de los gobiernos kirchneristas —en que hubo fuga financiada por el superávit comercial pero también una clara política de desendeudamiento— y la política llevada a cabo durante el macrismo, en el que la magnitud de la fuga y la toma de deuda funcional a esta alcanzó niveles nunca antes vistos.

Los números crudos de esta realidad durante los años del gobierno de Cambiemos fueron expuestos en El Cohete a la Luna en la nota central de la semana anterior, sobre la base del informe “Deuda y formación de activos externos, 2015-2019”, publicado por el BCRA el 14 de mayo de  2020..

Ahora bien, es preciso recordar que antes del golpe cívico militar, y más precisamente hasta la implantación de la Reforma Financiera de 1977 —si bien es cierto que el endeudamiento externo era una pieza clave para que los organismos internacionales de crédito impusieran sus políticas de ajuste en momentos de crisis por los periódicos estrangulamientos de la balanza de pagos—, la deuda externa era una variable dependiente de la economía real y más claramente de la expansión industrial, en la medida en que permitía garantizar las divisas necesarias para adquirir bienes del exterior en los años que se registrara déficit en el comercio exterior. Lo mismo se puede decir con respecto a la fuga de capitales, ya que, hasta dicho momento, sus dimensiones también estaban en función de la evolución de la economía real, pues su principal vía de salida eran los precios de transferencia de las importaciones y de las exportaciones.

A partir de 1977 se produjo un cambio sustancial y el carácter dependiente de la deuda externa y la fuga de capitales modificó su comportamiento. Tanto una como otra se independizaron de la economía real, se autonomizaron y adquirieron dimensiones impensadas pocos años antes, convirtiéndose en variables determinantes para una nueva configuración social.

Es evidente que la economía argentina no es viable si el proceso de endeudamiento y fuga del excedente no es erradicado y reemplazado por un modelo de acumulación que tenga como protagonista al Estado y a sectores sociales comprometidos con el desarrollo nacional. El control de la cuenta de Capital y Financiera y el mercado cambiario deben ser políticas de Estado de aplicación permanente, en un marco de un plan económico que incluya, entre otras cosas, un profunda reforma tributaria, la reforma financiera y una política de ingresos que mejore su distribución.

Lo acontecido durante el gobierno de Cambiemos fue reflejado por Alberto Fernández en las palabras pronunciadas en el discurso de apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación, el pasado 1° de marzo: “Todos hemos visto impávidos cómo los dólares que deberían haber financiado el desarrollo productivo acabaron fugándose del sistema financiero, llevándose los recursos y dejándonos la carga de la deuda. Esas prácticas son absolutamente reñidas con cualquier idea de progreso. Es la especulación más dañina que puede enfrentar una sociedad: endeudarse solo para el beneficio de los especuladores y del prestamista. Debemos saber lo que pasó, quiénes permitieron que ello suceda y quiénes se beneficiaron con esas prácticas. Necesitamos no hacernos los distraídos ante lo ocurrido, porque el riesgo que acarrea tal distracción es la concreción de un daño inmenso que deberían soportar varias generaciones de argentinos”.

Es el camino iniciado por el primer informe del BCRA citado, que esperamos se profundice por el pedido que le efectuara esta semana la Comisión Bilateral de seguimiento de la Deuda Externa del Congreso Nacional.

Nunca más a un endeudamiento insostenible.

 

 

 

 

3 Comentarios
  1. apico dice

    eXCELENTEMENTE CLARA SU NOTA. El gobierno tiene la palabra,que por cierto no tiene nada que ver con el discurso de AF. Una cosa es lo que se dice y otra ,la que se hace. Como diría C Pavesse, una cosa es parlare de morir, e otra morir. Un saludo peronista.

  2. raúl emilio dice

    muy clarito! gracias

  3. JJ dice

    Gracias por la nota.

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