Romper el silencio

La película militante que convocó a la solidaridad del mundo con los exiliados argentinos

 

En Francia, a mediados de la década de 1950, el joven boliviano Humberto Ríos estudiaba artes visuales y trabajaba como cartonero. Un día enfermó. Mientras se reponía en el hospital, una enfermera le mostró un fotograma de Tire Die, del santafesino Fernando Birri. De acuerdo a Ríos, inspirado, en ese momento decidió pasarse a la carrera de cine y viajar sólo para filmar “las cosas concretas”. Gran parte de su obra, inclusive su única película de ficción, Eloy, gira en torno de las vicisitudes de los perseguidos hasta la muerte, cosas innegablemente concretas. En 1979 él también era un perseguido.

Una voz… entre muchas, de 1979, no es entonces una excepción en la filmografía militante de Ríos, que no aparece siquiera en los créditos. Sin embargo se trata de un documento político de gran valor, en un momento de inflexión en el que la lucha contra la violación de los derechos humanos en  Argentina pasaba a constituirse en el pilar fundamental de las reivindicaciones de las organizaciones político-militares y anti-dictatoriales en el exilio.

El mediometraje da cuenta de tres testimonios fundamentales para entender, por un lado, el funcionamiento del genocidio en Argentina y por otro, la resistencia desde el exilio mexicano. Son los de Laura Bonaparte, psicóloga y Madre de Plaza de Mayo, Carlos González Gartland, abogado de presos políticos, y Luis Fonseca, sobreviviente  del circuito represivo de Santa Fe. Bonaparte relata la historia de su familia: los sucesivos asesinatos y desapariciones de tres de sus hijos y de su ex marido, y las denuncias que desde México sigue impulsando en búsqueda de justicia. A Luis Fonseca la dictadura también le arrebató dos hijos. Su testimonio en la película echa luz sobre dos escenarios claves del terror: el centro clandestino y la cárcel.

A excepción de un breve fragmento de Solo digo compañeros, interpretado por Daniel Viglietti, la musicalización del film está a cargo del Grupo Sanampay, compuesto por ex miembros de Huerque Mapu, también refugiados en México. Esta colaboración de artistas de diferentes medios a la difusión de los testimonios y reclamos por el respeto a los derechos humanos no fue ni por asomo una conjunción espontánea: se trató de un esfuerzo militante, organizado y coordinado. El film fue producido por encargo –en el sentido militante de encargo— por la seccional mexicana del Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino (COSPA), que tras el Mundial ’78 se propuso firmemente redoblar la campaña de denuncias.

 

 

Colonia Tabacalera

La Colonia Tabacalera, en el oeste  del Distrito Federal, ya tenía sus créditos revolucionarios. Es allí donde Fidel Castro pasó parte de su exilio, conoció al Che Guevara y planeó la expedición Granma. Veinte años después, el humilde barrio obrero recibió con los brazos abiertos a otro grupo de exiliados, los argentinos dispuestos a organizarse en torno al lema resistir es vencer. El COSPA estaba profundamente enlazado con la conducción del Partido Peronista Montonero en el exilio. Hasta su muerte en 1976, Rodolfo Puiggrós, fundador del COSPA, revistaba también como integrante de la conducción de la organización político-militar. En México, al igual que en otras grandes capitales que albergaban refugiados argentinos, las organizaciones armadas establecieron bases de operaciones y cultivaron relación con las organizaciones locales. Sus adherentes, junto a numerosos exiliados “de a pie” componían una colonia diversa y unida que practicaba la ayuda mutua y que desarrollaba sus propias discusiones políticas, en base a la información recibida desde Argentina.

En Una voz…, el abogado González Gartland es la voz oficial del COSPA. Su testimonio estructura el film, proveyendo de forma ordenada los datos que dan cuenta del plan sistemático de la represión en Argentina, e incluso delimitando el accionar conjunto de las dictaduras del Cono Sur en lo que pasaría a la historia como el Plan Condor. A su vez, González Gartland desempeñaba un rol importante en la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU), organismo con sede en varias capitales del mundo que coordinaba el despliegue de las campañas de solidaridad con víctimas y presos políticos ante organismos internacionales y personalidades. El concepto “campaña anti-argentina” que acuña la dictadura nace, específicamente, en referencia a la actividad de denuncias de CADHU y demás organismos similares durante el Mundial ’78.  Es CADHU, entonces la encargada de multiplicar las voces de los sobrevivientes y víctimas tomadas por los distintos nucleamientos de exiliados argentinos en el mundo, como el COSPA, incluso este mediometraje.

 

 

Todas las voces

Como común denominador, todos los materiales de denuncia de esta etapa prescinden de nombrar a las organizaciones armadas, o por caso, cualquier consigna política-partidaria, lo que las aleja de gran parte del documental político hasta entonces, por ejemplo, del notable Resistir, de Jorge Cedrón, producido un año antes. En Resistir, el testimonio queda a cargo de Mario Firmenich, dirigente máximo de Montoneros. Una voz… entre muchas está pensado para que las víctimas se expresen en primera persona, no como colectivo aludido, sino como protagonistas. No habría nada similar hasta Televisión Abierta, el especial televisivo del Nunca Más que en 1983 llevó los testimonios de las víctimas y sus familiares a cada hogar argentino.

Otro rasgo saliente del mediometraje es la participación de niños. Los nietos huérfanos de Laura Bonaparte se escuchan llorar de fondo, en otra parte de la casa, mientras su abuela testimonia ante la cámara de Ríos sobre el cruel destino de sus padres. En otros pasajes, uno de los chiquitos se sienta junto a ella, juega, se ríe con ganas. Son la contracara de los niños bien peinados y bien portados que pululan en las publicidades de la dictadura argentina producidas por la Burston-Marsteller. Los niños son una gran preocupación para Bonaparte en el exilio, mucho más allá de la crianza de sus nietitos. Sus aportes profesionales como psicóloga  fueron elementales para la producción de los brillantes análisis, pioneros en los estudios de la psicología del terrorismo de Estado, sobre el impacto psicológico de la represión en los niños. En ellos se los reconoce por primera vez como víctimas, a la altura de los adultos. Son parte de la dedicada labor de Bonaparte en el COSPA, aunque no están firmados por su autora a título personal. Humberto Ríos tampoco firma el film, ni el grupo Sanampay la música. La película es una obra colectiva y militante, con un objetivo claro: ser una voz entre muchas, pero muy fuerte y muy clara.

 

 

Una voz… entre muchas:

 https://youtu.be/VK-G60HD4dQ

 

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