Ser y parecer Ernesto

La dudosa honorabilidad del mecanismo de autovoto que consagró nuevas autoridades en la Corte Suprema

 

La importancia de llamarse Ernesto es una obra de teatro en tono de comedia de enredos, escrita por Oscar Wilde. En su momento fue un éxito, pero que no deparó buena fortuna para su autor. Se estrenó en Londres el 14 de febrero de 1895, apenas tres meses antes que su autor fuera enviado a prisión acusado de indecencia, dado que Wilde era homosexual. Allí permaneció mas de dos años y fue obligado a hacer trabajos forzados. Cosas de la Inglaterra victoriana. Cuando concluyo su prisión se exilió en Francia, donde murió en la pobreza. Final triste para este irlandés extravagante y de charla mordaz y brillante.

Confieso haber llorado de risa cuando en uno de sus cuentos más brillantes, El fantasma de Canterville, reproduce la observación sobre la conducta de un fantasma que, para acreditar su existencia, usa las acuarelas de una de las protagonistas para reeditar la mancha de sangre que da cuenta de esa existencia. “Lo único que les llamó la atención fue la reaparición continua de la mancha de sangre sobre el piso de la biblioteca. Era realmente muy extraño, ya que la señora Otis cerraba la puerta con llave por la noche, y las ventanas permanecían con las rejas cerradas. Los cambios de color que sufría la mancha, comparables a los de un camaleón, produjeron también frecuentes comentarios en la familia. Una mañana era de un rojo índigo oscuro, otras veces era bermellón, luego de un púrpura intenso y un día, cuando bajaron a rezar, según los ritos sencillos de la libre Iglesia episcopal reformada de América, la encontraron de un hermoso verde esmeralda. Como es natural, estos cambios caleidoscópicos divirtieron grandemente a la reunión y hacíanse apuestas todas las noches con entera tranquilidad... La única persona que no tomó parte en la broma fue la joven Virginia. Por razones ignoradas, sentíase siempre impresionada ante la mancha de sangre y estuvo a punto de llorar la mañana que apareció verde esmeralda”.

Poco después en el cuento escucharemos a Virginia decirle al fantasma: “—¡Basta! —exclamó Virginia dando con el pie en el suelo—. El brutal, horrible y ordinario es usted. En cuanto a lo de bandolero y ladrón, usted bien sabe que me ha robado las pinturas de mi caja para restaurar esa ridícula mancha de sangre en la biblioteca. Primero me robó todos los rojos, incluyendo el bermellón, y ya no pude seguir pintando las puestas de sol; después se llevó el verde esmeralda y el amarillo cromo; y por último no me han quedado más que el azul añil y el blanco de China, de manera que sólo puedo pintar escenas de claro de luna, que siempre son tristes y nada fáciles de pintar. Nunca lo acusé, aunque ello me hacía sentir furiosa, y todo resultaba grotesco, porque, ¿quién ha oído decir que exista la sangre de color verde esmeralda?”

 

 

El divino Oscar Wilde.

 

 

Me acordé mucho en estos días de la obra de Wilde a propósito de la elección de autoridades de la Corte Suprema de Justicia de la Nacion, que se produjo el jueves 23 de septiembre de 2021.

El estado de situación en la Corte Suprema no es ajeno al estado de situación general del Poder Judicial argentino. Y decir eso no es bueno. Porque el Poder Judicial argentino es el poder de Estado que menos confianza inspira en la sociedad. Y no es porque la sociedad se haya tornado paranoica, sino porque los hechos del Poder Judicial son vergonzosos y vergonzantes en los últimos años. Para quienes tenemos la poca fortuna de circular por sus pasillos, todo se presenta bastante mal aspectado. De la tergiversación de las normas para encarcelar ex funcionarios al derecho penal creativo que promovía Bonadío como juez –y que fue validado por las instancias superiores de la Justicia Federal argentina—, pasando por la manipulación que llevo adelante el macrismo sobre dicho Poder Judicial y que nadie se atreve a investigar –la causa de la mesa judicial va por su tercer juez y contando—. La impunidad de algunos de sus miembros, como es el caso del doctor Carlos Stornelli, a lo que sucede con las causas de espionaje judicial, donde los jueces involucrados en esa causa rechazan sus propias recusaciones y permanecen resolviendo causas donde están mencionados en la prueba, pasando por los jueces y fiscales que visitaban asiduamente la Quinta de Olivos y que siguen resolviendo en causas que los involucran a ellos y a los entonces residentes de Olivos. La filtración de fallos judiciales a la prensa antes de que se dicten: por ejemplo, ya sabemos por cortesía del diario La Nación que los jueces Llorens y Bertuzzi se aprontan a declarar parcialmente nula la causa de espionaje ilegal que involucra al ex Presidente Mauricio Macri. Lo muy curioso del caso es que tanto Llorens como Bertuzzi aparecen mencionados en la prueba obtenida en dicha causa, esto es en el celular de Darío Nieto. Y aunque son recusados por las partes, ellos rechazan esas recusaciones. La parte de que no se puede ser juez y parte, parece olvidada en eso tribunales abandonados de la mano de Dios. Ni qué hablar de las pericias que, cuando finalmente se realizan, demuestran la fragilidad de las acusaciones. Magnífico ejemplo es lo que sucedió hace pocos días cuando en la causa Gas Licuado llegó finalmente la pericia sobre sobreprecios en la compra de GNL, que dio negativa. Adiós a la tesis de Marcelo D’Alessio al respecto y adiós a lo sostenido por Diego Cabot y Carlos Stornelli para fundar la conexidad de GNL con la Causa Cuadernos y hacer el forum shopping que les permitió quedarse con la causa cuadernos a Stornelli y Bonadío. Y todo eso pasa mientras la Corte Suprema mira con cara de vaca que ve pasar un tren.

Esta Corte Suprema, que permanece pastando, está cruzada por internas varias. Son sólo cinco señores muy aseñorados que hace poco y después de que se conociera la presunta visita de Jorge Rendo —director de Relaciones Externas del Grupo Clarín— a las oficinas de Horacio Rosatti y después que el diario Clarín adelantara que Horacio Rosatti sería designado presidente de la Corte Suprema, ordenaron retirar las cámaras de seguridad de la República del Cuarto Piso, donde tienen los jueces de la corte sus despachos. Porque desde siempre el problema no es que pase, sino que se sepa.

Estos cinco señores tienen cada uno su historia. Voy a señalar dos o tres de ellas. La primera es de Carlos Rosenkrantz, hoy vicepresidente recién (auto)electo y Horacio Rosatti, presidente (auto)electo. Refiere al modo en que llegaron a la Corte Suprema. Que fue mediante una designación en comisión, hecha por el Presidente de la Nacion, Mauricio Macri, mediante el Decreto 83/2015. El detalle no menor es que Rosatti había cuestionado en su tratado de Derecho Constitucional que dicha forma de designación “genera una situación de provisoriedad que no se compatibiliza con la seguridad jurídica”, dada la limitada temporalidad en el cargo. Objeciones y reparos que no aplicó a sí mismo.

Sabemos —porque lo declaró Macri— que la idea de su designación irregular fue craneada por el entonces asesor estrella de Macri, el hoy prófugo de la justicia Fabian Rodríguez Simón. Que extraño resulta que Pepín señale que el teme al Poder Judicial, cuando él mismo fue artífice de dos nombramientos claves, tal como son los jueces de la Corte. Y qué absurdo que manifiesta dicho temor, porque de lo que resulta de una causa judicial, tenía un asiduo trato telefónico con ambos.

Pero volvamos a Ernesto o mejor dicho a Wilde. El título en inglés de la obra de teatro– idioma original en el que fue escrita la obra— es The Importance of Being Earnest. A Trivial Comedy for Serious People. Being proviene del verbo to be, que se usa indistintamente para ser o estar. En el titulo en ingles hay un juego de palabras con earnest, que significa honesto, serio, formal. Una buena traducción del título de la obra sería la importancia de ser honesto, de ser formal. No de ser Ernesto. Pero años de malas traducciones lo han consagrado en castellano como La importancia de llamarse Ernesto y así los hispanoparlantes hemos perdido la ironía del título.

Releyendo la obra de teatro reparé en esta intervención de uno de los personajes:

ALGERNON: Tú siempre me has dicho que eras Ernesto. Yo te he presentado a todo el mundo como Ernesto. Tú respondes al nombre de Ernesto. Tienes aspecto de llamarte Ernesto. Eres la persona de aspecto más formal que he visto en mi vida. Es perfectamente absurdo decir que no te llamas Ernesto. Está en tus tarjetas. Aquí hay una. (Saca una de su cartera.) «Míster Ernesto Worthing, B. 4, Albany». La conservaré como prueba de que tu nombre es Ernesto, si alguna vez intentas negármelo a mí, a Gundelinda o a cualquier otro. (Se guarda la tarjeta en el bolsillo.)

Horacio Rosatti se presenta como un juez honesto. Y creo con honestidad que lo es... menos en lo intelectual. Intentó diferenciarse de los demás jueces haciendo pública su declaración Jurada patrimonial, algo que reclamaba en esos días incesantemente Carrió. Fue el único intento de diferenciación que hizo, para luego someterse a la lógica de tribunales. Recuerdo con precisión su voto en la causa que pretendía aplicarle el beneficio del 2x1 a los detenidos por delitos de Lesa Humanidad y la pirueta que hizo para desdecirse, después de la manifestación popular en repudio de dicha sentencia. Aclaro, en honor a la verdad: no fue el único que hizo piruetas en dicha oportunidad.

Pero sabe de piruetas. Allá lejos y hace tiempo Rosatti fue ministro de Justicia de Néstor Kirchner y se enojó mucho cuando este no lo propuso para la Corte Suprema. Para renunciar, decidió invocar una situación muy propia de Ernesto, y denunció públicamente sobreprecios en la construcción de establecimientos penitenciarios y en lugar de hacer la correspondiente denuncia penal, prefirió renunciar con mucho ruido.

Otra asombrosa pirueta fue la que lo vinculó a la Causa Amia. Como ministro de Justicia impulsó la declaración sobre la responsabilidad del Estado en el encubrimiento del Atentado, pero años después contrató como secretaria a Soledad Castro, que venía de trabajar con Alberto Nisman, fiscal de la causa Amia que paralizó la causa por años. Soledad Castro no es culpable de nada, más que de tener mala suerte con las personas con las que trabaja.

También Rosatti recusó a Bonadío como juez en base a la denuncia que presentara con Alejandro Rúa contra dicho magistrado en el Consejo de la Magistratura, por haber paralizado durante años la causa del atentado a la Amia. Tiempo después rechazó como juez de la Corte los recursos de queja que presentaban los abogados, Alejandro Rúa incluido, las recusaciones denegadas por Bonadío, en razón de que Bonadío llevó adelante maniobras de forum shopping para quedarse con la causa que se originó a partir de la denuncia de Alberto Nisman. Causa en la que claramente no podía intervenir. Tal vez Rosatti no tuvo la fuerza suficiente para hacer algo al respecto. Eran los días de Lorenzetti sacándose fotos con Moro y Bonadío.

Hay varios nombres que se reiteran a lo largo de la biografía de Horacio Rosatti. Uno de ellos es el de Alberto Fernández, que fue jefe de gabinete de Néstor Kirchner cuando Rosatti renunció. Y hoy es el Presidente de la Nación. Los rumores dan cuenta de que se quieren poco. El otro nombre es el Elisa Carrió, quien aparece como otra de las impulsoras de la designación de Rosatti como miembro de la Corte. Muy gráfica resulta esta noticia que apareció publicada, en la que se da cuenta del diálogo entre Carrió y Rosatti en la asamblea legislativa del 1 de marzo de 2019 y que refiere que Elisa “saludó cariñosamente a Highton y de inmediato giró y le extendió la mano a Rosatti. La líder de la Coalición Cívica le dijo en tono fuerte: 'Sabés que yo te respeto como siempre' y le guiñó un ojo y agregó: "Cada día estás más buen mozo". El comentario y el gesto de Carrió le sacaron una sonrisa a alguien que justamente no se caracteriza por sus sonrisas”.

Hay que aclarar que Carrió venía de declarar su decepción con Horacio a raíz de que este había suscripto con Lorenzetti y Maqueda un sistema que limitaba las atribuciones de Rosenkrantz como presidente de la Corte, luego de desbarrancar a Lorenzetti. Ironías de la vida cortesana, ahora será Rosatti quien deberá lidiar con las limitaciones que supo suscribir.

Verán que menciono mucho a Lorenzetti. Porque su nombre también aparece vinculado a Rosatti. No se tienen ni un poquito de simpatía, dicen los que saben de las internas de la Corte. Hay que decirlo, Ricardo Lorenzetti quería volver a ser presidente de la Corte. Y a juzgar por las crónicas periodísticas, lo intentó casi todo para conseguir ese objetivo. Incluyendo que Diputados del PRO presentaran un raro proyecto para la designación de las autoridades de la Corte por antigüedad. Idea que fue abortada no sólo por uno de los firmantes, dado que Ritondo retiró su firma del proyecto, sino por las declaraciones públicas de Maqueda, a quien le correspondería antes que a Lorenzetti y que salió a aclarar que, de aprobarse, no renunciaría a la presidencia. Casi al mismo tiempo que se hacían publicas las declaraciones de Maqueda, también Lorenzetti declaraba que no tenía interés alguno en ser presidente de la Corte y que prefería dedicarse a lo académico.

Sin perjuicio de las cuestiones académicas, es Lorenzetti quien ha hecho públicas sus críticas al modo en que se designaron las autoridades de la Corte, poniendo así fin a la pax que parecía acordada en el Cuarto piso, respecto a que “los cortesanos evalúan que la dupla presidencial quiere subirlos al ring. Acordaron no contestar ni operarse en los medios entre sí, que fue como blanquear que hasta hace poco sí lo hacían”.

Como le hace decir a uno de sus personajes Oscar Wilde en la obra de teatro: “En cuestiones de gran importancia, lo esencial es el estilo y no la sinceridad”.

Digo esto porque, para hacer las críticas que hace Lorenzetti, se toma de los dichos de un gran juez que tuvo la Corte Suprema, que fue Enrique Petracchi y cuestiono fuertemente aquella designación mediante el autovoto de Nazareno en el año 2000.

Esos dichos habían sido reiterados por Carrió, algo así como la archienemiga de Lorenzetti. Así, bajo el N° 2261-D-03, se encuentra en el registro de proyectos presentados ante la Honorable Cámara de Diputados de la Nación un viejo proyecto de Resolución firmado por Elisa Carrió en el cual se buscaba promover juicio político contra el ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, doctor Julio Salvador Nazareno, por mal desempeño en el ejercicio de sus funciones, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 53 de la Constitución Nacional.

De dicho proyecto resultan interesantes estos párrafos que paso a transcribir: “II.5. La percepción social acerca del autovoto de los ministros Nazareno y Moliné O’Connor para continuar siendo las autoridades del alto tribunal. Mediante la acordada 27/00, la Corte Suprema de Justicia de la Nación determinó la continuidad de los ministros citados en los cargos de presidente y vicepresidente del tribunal. Ese resultado se obtuvo mediante el autovoto de aquéllos. La lectura de la acordada y de las constancias sobre el debate previo a la designación por ella instrumentada pone de manifiesto, de cara a la sociedad, una situación escandalosa, inclusive considerada carente de ética y de responsabilidad por alguno de los ministros disidentes (Petracchi y, por adhesión, Boggiano, Vázquez y Bossert)”.

Esto que denunciaba Elisa Carrió en el año 2003 es lo mismo que sucedió en las elecciones de autoridades de la Corte en el 2021.

De los cinco miembros de la Corte Suprema, participaron del debate sólo tres. Maqueda, Rosenkrantz y Rosatti. Maqueda propuso a Rosatti como presidente y a Rosenkrantz como Vice. Y procedieron a auto votarse entre ellos. Algo que yo, sin asomo de duda, llamo un PAPELÓN.

En honor a la verdad, creo aplicable concluir como en su momento hizo Carrió que “la sociedad ha captado la realización de maniobras en el seno del alto tribunal para retener el poder, con todas las implicancias negativas que ello implica para la honorabilidad republicana y el prestigio y crédito público del órgano”.

Lo hago con más sinceridad que Lorenzetti, que estuvo muy de acuerdo en tomarles el juramento a Rosatti y a Rosenkrantz para que asumieran como miembros de la Corte sólo con un decreto de Macri y sin pasar por el Senado de la Nación, como ordena la Constitución. Porque para reclamar legitimidad, no me cabe duda de que hay custodiarla siempre, no sólo cuando nos fastidia el resultado de algo.

Y con mas sinceridad de lo que lo hizo en su momento Elisa Carrió, que consultada sobre lo que pasó este jueves en la Corte se olvidó de lo que había escrito respecto a Nazareno y de la valentía que tuvo Petracchi en decirlo.

Mientras tanto los abogados miramos con atención estas cosas que pasan –y la elección de las autoridades de la Corte es como nuestro SuperBowl— y la sociedad toda observa cómo se degrada cada vez más la institución que es cabeza del Poder Judicial argentino y que llamamos Corte Suprema de Justicia.

Sólo voy a decir que la elección de autoridades de la Corte Suprema en efecto carece de honorabilidad republicana, pero es legal.  Que será tarea de Rosatti y de Rosenkrantz dotar de esa honorabilidad republicana al máximo tribunal de la Nación. Y de hacer justicia, y de solucionar tanto desaguisado que supieron ver cuando pastaban.

Ojalá que, dentro de tres años, puedan decir la frase final de la obra de Wilde que en su versión original en inglés y sin problemas de traducción dice: On the contrary, Aunt Augusta, I’ve now realized for the first time in my life the vital Importance of Being Earnest. 

“Por el contrario, tía Agusta, yo he comprendido por primera vez en mi vida la vital importancia de ser Honesto”.

Creo que es lo que todos esperamos de ellos.

 

 

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