Shakespeare, Ellington y Strayhorn

La música que escuché mientras escribía

 

En 1957, la sangrienta dictadura militar que derrocó a Perón intentaba legitimar sus imposiciones con una reforma constitucional realizada al margen de los requisitos que la propia Constitución reclama. Fracasó porque sumados los votos de la UCRI conducida por Arturo Frondizi y los que el peronismo proscripto emitió en blanco, los partidarios del general Aramburu y el almirante Rojas no consiguieron mayoría en la Convención Reformadora. A ello contribuyó Emilio Mignone, cuyo partido Unión Federal Demócrata Cristiana restó su representante al quórum porque postulaba la vigencia de la Constitución de 1949 que los gobernantes de facto derogaron por decreto.

La Convención sólo alcanzó a aprobar un añadido al artículo 14 que consagró en el papel todos los derechos del trabajador que el gobierno había eliminado a sangre y fuego en  1955 y 1956: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada, descanso y vacaciones pagos, retribución justa, salario mínimo vital móvil, igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario, estabilidad del empleado público, organización sindical libre y democrática. También prometía los beneficios de la seguridad social obligatoria, jubilaciones y pensiones móviles, protección integral de la familia y acceso a una vivienda digna. A los gremios les aseguraba convenios colectivos, conciliación y arbitraje sobre salarios y condiciones de trabajo, estabilidad en el empleo de los delegados y derecho de huelga.

El artículo fue votado por unanimidad. Los convencionales y el público aplaudieron de pie y entonaron el himno nacional. Pocas veces el divorcio entre la palabra y la acción había sido más nítido.

En esos mismos días, Duke Ellington y su otro yo musical, Billy Strayhorn, dieron a conocer una suite que compusieron basada en las obras de William Shakespeare. El poeta y crítico musical A.B. Spellman la considera una de las piezas orquestales más destacadas de toda la música de los Estados Unidos. «Nunca escuché una discordia tan musical, un trueno tan dulce», dice Puck en Sueño de una noche de verano,y de allí tomaron Ellington y Strayhorn el título de la obra, Such Sweet Thunder, que se estrenó en la sala del municipio de Nueva York en abril de 1957. Poco después, la suite se transmitió por radio desde el festival musical de Ravinia, en las afueras de Chicago. Allí se congregaron especialistas académicos en Shakespeare, a quienes Strayhorn asombró al sostener una conversación de igual a igual, citando de memoria escenas de las obras y sonetos de Shakespeare, que era una de sus pasiones. Strayhorn quería ser un compositor de música clásica, pero la barrera racial lo desvió hacia el jazz.

Esto retoma la eterna discusión sobre la importancia de Strayhorn en la obra de Ellington, quien incluso fue acusado de firmar material de su tímido socio musical. Esto es injusto, porque el Duke nunca ocultó el aporte de Strayhorn a toda su obra. Lo llamaba «mi brazo derecho, mi brazo izquierdo, los ojos en mi nuca».

Ellington y Strayhorn.

Ellington también era un devoto de Shakespeare y el año anterior había participado en el festival Shakespeare de Ontario, Canadá.

En la introducción, Ellington enumera los temas que se escucharán y los respectivos solistas:

1:48 Sonnet For Sister Kate [solo: Quentin Jackson]
4:53 Up And Down. Up And Down [solo: Clark Terry]
8:04 Star-Crossed Lovers [solo: Johnny Hodges]
12:38 Madness In Great Ones [solo: Cat Anderson]
16:25 Half The Fun [solo: Johnny Hodges]
20:42 Circle Of Fourths [solo: Paul Gonsalves]
23:23 Jam With Sam [solos: Willie Cook, Paul Gonsalves, Britt Woodman, Russell Procope, Cat Anderson]

 

 

 

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