Teorías de una catástrofe

Informe del Panel de Expertos convocados por la OMS para explicar la pandemia

 

Explicar

El 12 de mayo pasado, el Panel Independiente para la Preparación y Respuesta ante una Pandemia convocado por la Organización Mundial de la Salud hizo público su informe final después de ocho meses de trabajo. El Panel de expertos dijo, en modo un tanto pretencioso, que había producido “un relato definitivo hasta la fecha de lo que sucedió, por qué sucedió y cómo se podría evitar que vuelva a suceder”. Sus conclusiones se resumen en que pese a algunos hechos positivos como los datos y la colaboración científica abierta que fueron fundamentales para el alerta y la respuesta, tal como compartir la secuencia del genoma del nuevo coronavirus, la pandemia Covid-19 ha sido una catástrofe evitable. Y daban razones que explicarían ese fracaso:

  • El sistema de alerta internacional no operó con suficiente velocidad, el Reglamento Sanitario Internacional (2005), jurídicamente vinculante, fue un instrumento conservador que restringió la acción rápida en lugar de facilitarla, los países no tuvieron respuestas inmediatas a la declaración de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional por la OMS el 30 de enero de 2020, y febrero de 2020 fue un mes perdido en retrasos, vacilaciones y negaciones que permitieron a la epidemia y luego a la pandemia eclosionar.
  • Los países exitosos actuaron rápidamente, tomaron medidas concertadas, coordinaron sus acciones a través de los diversos organismos gubernamentales, aislaron minuciosamente a las personas infectadas, y pusieron en cuarentena a las personas expuestas.
  • Los países con malos resultados, en cambio, optaron por “esperar y ver” y sólo reaccionaron al ver desbordadas las camas de terapia intensiva. Tuvieron enfoques descoordinados, devaluaron la ciencia, negaron el impacto potencial de la pandemia, retrasaron la acción integral y permitieron que la desconfianza socavara los esfuerzos conjuntos con falta de voluntad para abordar las desigualdades y sin considerar que la mejor manera de prevenir y frenar la transmisión era y es estar bien informado (cualquier parecido con las estrategias de la oposición política en la Argentina es pura coincidencia).

 

Nueva Delhi, Cremación masiva, 2021.

 

 

 

Predecir

Además de explicarla como fracaso evitable, el Panel de expertos también recomendó tres acciones inmediatas para terminar con la misma y trece acciones de mediano y largo plazo de lo que se considera “un cambio transformacional” en la preparación y respuesta ante futuras pandemias. El Panel recomienda que los países de ingresos altos proporcionen mil millones de dosis de vacunas a los 92 países de ingresos bajos y medianos para el 1° de septiembre de este año y 2.000 millones para mediados de 2022, que los países productores y los fabricantes de vacunas liberen las patentes y transfieran tecnología, y que el G7 se comprometa de inmediato con 11.400 millones de dólares de los 19.000 millones necesarios para acelerar en 2021 el acceso a los recursos Covid-19 para vacunas, diagnósticos, terapias y fortalecimiento de los sistemas de salud.

Este miércoles, la Cumbre Internacional “Un mundo protegido” convocada por GAVI (Alianza Global para Vacunas e Inmunización) y el gobierno de Japón recaudaron 2.400 millones de dólares de 40 países encabezados por Japón con un aporte de 800 millones, seguido de Australia con 50 millones, más organizaciones del sector privado y fundaciones, llevando a 9.600 millones de dólares el total de aportes a COVAX (Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19)-AMC (Compromiso Avanzado de Mercado). Cinco países (Bélgica, Dinamarca, Japón, España y Suecia) se comprometieron a donar más de 54 millones de dosis de vacunas a países de bajos ingresos, llevando el número total de dosis compartidas a 132 millones más la donación de Estados Unidos. Los fondos y donaciones recaudados permitirían a GAVI asegurar 1.800 millones de dosis de vacunas Covid-19 entre 2021 y principios de 2022 para los países de bajos ingresos que participan en la instalación COVAX. Con esta afirmación se podría satisfacer la primera recomendación inmediata del Panel y vacunar al 30% de la población de los 92 países. Pero no ha habido respuesta a los continuos reclamos de que el G7 (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Japón) se comprometa a liberar patentes y destine 11.400 millones de dólares para fortalecer los sistemas de salud y el acceso a los insumos necesarios para enfrentar la pandemia.

 

Mapa de países GAVI.

 

Para una futura pandemia, por otro lado, el Panel propuso crear un Mecanismo de Financiamiento Internacional que movilice contribuciones a largo plazo (10 a 15 años) de aproximadamente 5 a 10.000 millones de dólares por año para tener la capacidad de desembolsar entre 50.000 y 100.000 millones de dólares con poca antelación en caso de crisis. De lo que algunos han llamado una suerte de Plan Marshall, nada se sabe.

 

 

Comprender

El Informe del Panel de Expertos convocados por la OMS trata de explicar la pandemia y de predecir los cursos de acción deseables para evitar una catástrofe como la que venimos enfrentando. Es una teoría, entre las tantas posibles para explicar la hecatombe, cuya visión es procedimental antes que sustantiva. Es decir: el punto de partida es el análisis de las acciones correctas o incorrectas según el estado actual de la gestión internacional (OMS) y nacional (gobiernos) de la pandemia en un orden económico mundial que pragmáticamente se considera inalterable por lo que lo único que cabe es restaurar su equilibrio. Es una visión sincrónica y no diacrónica, una fotografía y no una película. Es la idea de la ayuda humanitaria compensadora para los países empobrecidos para que el actual orden internacional injusto siga funcionando. Pero es una teoría con muchas inconsistencias.

Si los países no actuaron rápidamente, no tomaron medidas concertadas y no realizaron el aislamiento debido, y si reunieron todos los supuestos para los malos resultados es porque el enfoque preventivo de la salud postulado por la Declaración de Atención Primaria de Alma-Ata (1978) fue boicoteado para que fracase ya en el origen por los países industrializados que apostaron al enfoque asistencial de desarrollo del mercado biotecnológico de alto costo, que es el que tenemos y se quiere continuar, porque los enfoques neoliberales han minimizado el rol del Estado en la salud pública y su enfoque en la población en su conjunto, y porque se ha promovido la tendencia centrífuga en todas las esferas del poder del federalismo liberal, incluyendo a la salud pública. Y si los países no han tenido rápido acceso a vacunas es, entre otras cosas, porque son pobres o porque el poder concentrado de las corporaciones farmacéuticas globales extiende su mano visible hasta la prevención o abandono a la muerte de poblaciones enteras. Estas son condiciones previas a las respuestas.

Y no se trata sólo de una cuestión política sino también cultural. El cisne negro de las teorías explicativas de la catástrofe pandémica ha sido Japón. No estableció medidas de aislamiento, no realizó testeos masivos, no impidió el flujo del transporte en la mayor megalópolis con 36 millones de habitantes, y tiene baja mortalidad, poca transmisión y ha vacunado tan sólo a 14 millones de habitantes en su población de 126 millones. Pero sin considerar la hipótesis de una exposición previa de la población a un virus parecido al coronavirus que habría dejado a la población japonesa con inmunidad natural adquirida, lo cierto es que desde la gripe de 1918 los japoneses han hecho habitual el uso del barbijo (y confieso que en Tokyo, hace treinta años, vi por primera vez a personas con barbijos en la calle y el subte) y que aunque el gobierno sólo recomendó el restringir la circulación hubo un alto seguimiento de esa recomendación, además de identificar rápidamente a los principales focos de diseminación del virus como los lugares cerrados y con mucha actividad física y respiración agitada como las discotecas.

 

 

¿Respuestas o condiciones catastróficas?

 

René Thom, Parábolas y catástrofes, 1985.

 

Hacen falta otras teorías. En septiembre de 1985 se realizó en Gijón el Tercer Congreso de Teoría y Metodología de la Ciencias organizado por la Sociedad Asturiana de Filosofía. En ese encuentro supe de un tema del que nunca había tenido información alguna. Un matemático francés, René Thom, quien afirmaba que la única magia honesta es la geometría, expuso entonces su teoría de las catástrofes. Su teoría pertenece al campo de las matemáticas aunque ha tenido aplicación en las ciencias de la vida y otras áreas. Sin embargo, lo que resulta metafóricamente muy estimulante para la reflexión en el intento de comprender una catástrofe como la causada por una pandemia es la precisión que ha de tener la definición de los términos que se utilizan.

Thom estudia cómo es que en los sistemas dinámicos, estructuralmente estables dado que son insensibles a pequeñas perturbaciones en tanto dada su condición inicial pueden restaurar su equilibrio, existen condiciones iniciales inestables para las que no se puede predecir el resultado dando lugar a que el sistema esté en condiciones catastróficas. El punto crítico de una catástrofe no resulta ser así dependiente de una topología estable según la cual podamos deducir su “evitabilidad” (como quiere el Panel de expertos) sino que su singularidad se puede poner de manifiesto con una pequeña variación en alguno de los parámetros en juego y sin tener en cuenta el análisis de la totalidad de los mismos.

 

 

Una condición catastrófica

 

Imagen: Lucía Bianchi.

 

La publicación periódica más prestigiosa en el campo de la bioética, The Hastings Center Report, publicó el 20 de mayo un artículo titulado “Covid-19 en Argentina y el abuso de la bioética”, firmado por Sergio Litewka y Jonathan Moreno. El trabajo se dirige a criticar los últimos informes del Comité de Ética y Derechos Humanos que funciona como asesor del Ministerio de Salud de la Nación, y bajo la apariencia inicial de una crítica académica al modo de hacer bioética del Comité tildándolo de partidista, se dirige a atacar al gobierno argentino con la retórica por todos conocida en este país de quienes se ocupan día tras día de inundar de descalificaciones sin límite ni sujeción alguna al gobierno y a quienes puedan tener cualquier cercanía de cualquier tipo con el mismo.

Moreno es un bioeticista de una trayectoria muy seria y no se sabe cómo puede haber prestado su firma a un texto que claramente no es suyo. Pero Litewka, graduado en la UBA, que integra el Instituto de Bioética de la Facultad de Medicina de esta universidad como investigador, y es director de bioética global de la Universidad de Miami, es también el investigador principal de una subvención otorgada en 2019 por la Oficina de Integridad de la Investigación del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, cuyo objetivo es “promover una mayor conciencia de los beneficios de la política institucional y la formación en la realización responsable de la investigación (RCR)” en la Argentina. Las actividades en Buenos Aires fueron auspiciadas por la Facultad Latino Americana de Ciencias Sociales (FLACSO) e incluyeron una encuesta de académicos argentinos y funcionarios gubernamentales sobre la prevalencia percibida de la mala conducta en la investigación académica. Además de Litewka, los investigadores incluyen a la doctora Elizabeth Heitman, del Programa de Ética en la Ciencia y la Medicina de la Universidad de Texas Southwestern, y a la doctora Florencia Luna, Directora del Programa de Bioética de FLACSO.

Sergio Litewka.

Litewka desarrolla a la vez una activa campaña por las redes sociales y en su sitio de Twitter circulan los comentarios de personajes tan lejanos a la bioética como Roberto Cachanovsky, Fernando Iglesias o Daniel Sabsay. En mi respuesta a esa diatriba (ver Tealdi- Covid-19 en el mundo y la corrupción de la bioética) señalo cómo el artículo de Litewka cierra el ciclo de regresión radical en bioética iniciado en 2003 con la declaración de Ruth Macklin del carácter “inútil” de la dignidad humana para la ética. Ese movimiento es un ejemplo de cómo se generan condiciones catastróficas para un sistema.

Sin embargo, hay otros movimientos que tienden a afirmar las condiciones estables del sistema de convivencia. El frente político a cargo del gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires ha tomado dos iniciativas destacables en perspectiva de ética política aunque quizá no tengan mucha prensa. Una es la propuesta del ministro de salud bonaerense de zanjar las diferencias con el gobierno de la CABA respecto a las medidas preventivas que incluyen la escolaridad presencial en un debate público con expertos de uno y otro gobierno. La segunda es la convocatoria del Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación a una audiencia pública y televisada para exponer los alcances de acuerdos y negociaciones de los laboratorios con el gobierno nacional para la provisión de vacunas contra el Covid-19. Las dos medidas, cuya sustancia es la deliberación pública, introducen con esta uno de los ejes fundamentales para la construcción de una teoría que nos ayude a comprender y responder en la práctica a la catástrofe que vivimos restaurando la estabilidad dada en el verdadero sentido de la política. O sea: en el sentido de la ética.

 

 

 

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