TRAIGAN DE DONDE SEA

La carta de Alberto al CEO de AstraZeneca y la lucha desigual por el acceso a las vacunas

 

Argentina cerró el contrato de Oxford-AstraZeneca en noviembre pasado por 22,429 millones de dosis. El contrato estableció un acuerdo de entrega para el primer semestre de 2021 que hoy es su paraguas legal, pero describió una hoja de ruta posible con entregas parciales: 2,383 millones de dosis en marzo y 4,040 millones tanto en abril como en mayo que luego iban a continuar. La ruta tentativa quedó escrita en el contrato confidencial filtrado desde la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados. Aquellos términos alentaron inicialmente al gobierno desde comienzos de año a establecer cronogramas con las vacunas como parte del calendario de abastecimiento. Pero hoy las vacunas todavía no llegaron. AstraZeneca está amparada por la letra fina del contrato, el país no tiene sobre la mesa establecer un pleito pero la ruptura de esa hoja de ruta posible explica imágenes de los últimos días, y el enojo del gobierno.

Argentina no está en escenario de colapso sanitario porque Alberto Fernández tomó medidas que sabe antipáticas como el cierre de escuelas. Pero el país debió volver a golpear las góndolas del mundo como Estados Unidos para rescatar acuerdos y buscar partidas de AstraZeneca que el gigante del norte stockea pero no habilitó ni utiliza. También acelera contratos de transferencia tecnológica. Y Casa Rosada espera los resultados de las pruebas en Rusia de las partidas enviadas por el laboratorio Richmond. Todo ocurre cuando se sabe que dos de las tres principales bocas de entrada de vacunas eran India vía mecanismo Covax con partidas de AstraZeneca y China: India anunció esta semana la suspensión de envíos debido a su propio colapso. Y China parece disponerse a hacerlo empeñada en la campaña de vacunación masiva por la celebración de los cien años del Partido Comunista. En ese contexto, aparece la necesidad de acelerar el ingreso de las vacunas comprometidas por el grupo anglo-sueco.

 

 

Xi Jinping.

 

 

Alberto Fernández escribió esta semana una carta personal al francés Pascal Soriot, director ejecutivo de la multinacional farmacéutica AstraZeneca. Soriot respondió. No se conoció el contenido ni de una ni de otra, pero se sabe que el Presidente escribió bastante enojado. “Enojadísimo porque ellos no están cumpliendo con los tiempos comprometidos”, dijo un colaborador con despacho en La Rosada. Y agregó: “Alberto exigió que saquen vacunas de donde sea para cumplir los contratos, no importa que las vacunas tengan el principio activo que la Argentina ya mandó para México, que sean de cualquier otro lado, pero que empiece a mandar las partidas que ya comprometieron”.

El movimiento sumó otros encuentros que buscaron mover la polea de la apuesta más importante del país en materia de vacunas. Y tuvo algún efecto. Quienes siguen detalles de las partidas enviadas de Argentina a México, sostienen que la demora fue en realidad de 20 días; que fue producto del desabastecimiento de insumos estratégicos como resultado del bloqueo a la exportación de Estados Unidos; que lo que hubo fueron malos entendidos y comunicación oficial indebidamente anticipada porque desde enero se sabe que era imposible terminar el proceso antes de abril. Desde allí, también esta semana, delinearon nuevo cronograma ahora con entregas a partir de fin de mayo, con una primera partida (parte de 2,2 millones de dosis) y luego partidas continuas. La noticia añadida es que también se aceleró el mecanismo de control. La primera parte de la producción debe salir al mercado con el estudio de cuatro lotes aprobados. De acuerdo a la última información, el lote 1 ya está envasado y bajo análisis del organismo de control sanitario de México. La novedad es que los otros tres lotes (2,3 y 4) que iban a analizarse de manera sucesiva, es decir, uno después de otro, se analizarán de manera simultánea. Eso es lo que produce ahora cierto aliento. Pero desde el gobierno se han quemado con fuego, y nadie se atreve a afirmarlo.

La apuesta inicial de AstraZeneca tiene un punto de origen atractivo que es su potencia, pero también su problema. La vacuna de la Universidad británica es la única con patente liberada y se diseñó con el objetivo de que tenga un precio accesible de 4 dólares, y lo es frente a compañías que venden a 20 dólares. El problema es que bajar costos también implica escalar la producción y esa escala gigantesca que baja el precio también es un problema cuando necesitan alimentar una cadena de producción con todo tipo de insumos en un mundo con rueda de producción continúa, sin estacionalidad.

 

 

La fila para rellenar tanques de oxígeno en Villa El Salvador, a las afueras de LimaMarco. NYT

 

 

 

¿Qué pasó con la vacuna?

La vacuna de Oxford-AstraZeneca se hace entre la Argentina y México. Argentina fabrica el principio activo en el laboratorio de mAbxience del Grupo Insud en Garín. Y México envasa en el Liomont de Ocoyoacac. Argentina comenzó a enviar partidas el 17 de enero. Y esta semana embarcó el lote 9 y 10. Cada lote contiene un equivalente a 6 millones de dosis. Los primeros dos lotes fueron a la planta de México, los siguientes a una planta ociosa en Estados Unidos y los últimos volvieron a envasarse a México. Las fechas del primer envío de enero contemplaban un período de 45 días de reposo para las vacunas que es el tiempo de estabilización exigidas por protocolo, aún así eso suponía que el producto podía volver al país hacia el mes de marzo como marcaba aquella hoja de ruta. No sucedió.

Carlos Tomada llegó a México como embajador a finales de 2020. Tenía tres mandatos, producción de satélite binacional, vacunas y estimular un fondo de producción cultural. Las vacunas se transformaron para las embajadas en agenda central. Jorge Arguello creó en Washington una mesa de vacunas que hoy busca rescatar el contrato con Pfizer, fenecido menos por el planteo soberano de la Argentina y más debido al bloqueo a la exportación de vacunas de Estados Unidos. Y busca una porción del botín de 60 millones de dosis de AstraZeneca que ese país compró pero no usa. Sabino Vaca Narvaja también prioriza esa agenda. Pidió a Alberto Fernández que escriba cartas a Xi Jinping que dicen que está encantado desde que Alberto asumió la conducción del PJ, espejo monumental para el PC. Con esas mismas prioridades, el 8 de enero Tomada recorrió la planta de Liomont en México. Era el primer funcionario de ambos gobiernos que visitaba las instalaciones de las que dependía el abastecimiento de la región, centralmente de México y Argentina con partidas acordadas de 77 y 22 millones de dosis respectivamente.

 

 

Tomada publicó imágenes en redes sociales, todavía impactado. Pero ya entonces, el director general del laboratorio mexicano Alfredo Rimoch estaba preocupado por las fechas que manejaba Argentina. Trascendía que el gobierno esperaba las primeras vacunas a fines de febrero o en marzo pero ellos decían que era un mal entendido, una agenda imposible y programaban borradores con salidas desde la segunda mitad de abril. Y durante mayo.

Hasta entonces nada en el proceso productivo estaba demorado. Argentina envió primer lote con el principio activo para llenado, envasado y estabilización. Pero entonces sí surgió un problema. El 20 de enero asumió Joe Biden. Y para diferenciarse de Donald Trump, priorizó políticas sanitarias con esquema de vacunación masiva, continuó con cierre de fronteras para exportación de vacunas con trabas que también alcanzaron a la producción de insumos. AstraZeneca trabaja con filtros norteamericanos. Y Liomont necesitaba filtros y tapas de envases. Así se bloqueó el comienzo de la producción.

Todo esto es conocido, pero las reuniones de esta semana reactivaron la escena. Felipe Solá habló en una entrevista con El Destape. “Empezó a fallar Liomont porque tenía problemas de insumos que no podían salir de Estados Unidos, por la misma prohibición de antes de que asumiera Biden que prohibía salir cualquier vacuna, de cualquier marca. Durante mucho tiempo el gobierno norteamericano no dejó salir ni vacunas, ni insumos, y eso limitó aparentemente muchísimo la producción de vacunas de Liomont”, dijo. Sostuvo que el principal problema de abastecimiento para el país se llama AstraZeneca. Y también habló de acaparamiento cuando se refirió a las políticas de vacunas del gobierno norteamericano. Celebraría si fuera norteamericano, dijo, pero como soy argentino, no lo hago.

Finalmente, para esa época Alberto viajó a México. 10 de febrero. Cuando preparaba el viaje, el gobierno recibió un pedido. Alfredo Rimoch le pidió al Presidente que dijera lo que quisiera decir de la vacuna, pero que no dijera nada de fechas ni de envíos. Alberto ponderó en público el acuerdo, la colaboración entre países, habló de desarrollo pero no dijo nada de fechas ni de envíos. Visitó la planta de Ocoyoacac con el canciller Marcelo Ebrad, hombre fuerte del gabinete de Juan Manuel López Obrador que a la vez era el primer funcionario de México que iba oficialmente a la fábrica. Y lo que hasta entonces era un acuerdo entre privados, obtuvo con esa foto el respaldo político de los gobiernos. En Buenos Aires, los fabricantes bendijeron esa visita porque estaban seguros también que era un gesto político que iba a contribuir a acelerar los tiempos.

 

 

Para entonces, Liomont sí estaba seriamente preocupada. La falta de insumos era un imprevisto pero a tal punto estaba preocupada, explican, que le pidieron al Presidente argentino que no hable de fechas. Y en forma paralela comenzaron a gestionar un acuerdo transitorio para fraccionamiento y envasado en Estados Unidos, donde había plantas ociosas. Finalmente el acuerdo se hizo con el laboratorio Albany Molecular Research Inc. (AMRI) de Albuquerque, Estados Unidos. Argentina comenzó a enviar partidas allá de acuerdo a lo que iba determinando la compañía en cada embarque. En marzo, Liomont normalizó la producción. El día 24, el canciller de México anunció que las primeras dosis terminadas iban a llegar a la Argentina la última semana de abril. Tampoco pasó.

Ahora la información es fragmentada. Pero al parecer el laboratorio terminó de envasar efectivamente el primer lote que ahora está bajo la esfera de control de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) donde debe hacerse el control, verificación y certificación de vacunas. El Cofepris es el equivalente mexicano del ANMAT argentino. Aplica un total de 10 controles a todas las vacunas del mundo, pero con AstraZeneca aplica 14 controles: 10 controles por protocolo y 4 exigidos como plus por la compañía. Pero además, no son sólo esos 14 controles sino que también se hacen tres verificaciones de manera paralela: uno de Cofepris, otra de Liomont y finalmente un tercer testeo entre los dos resultados que deben ser coincidentes.

El dato añadido, es la cantidad de lotes que debe ser aprobado para la primera exportación: cuatro y no sólo uno. La noticia positiva es que los lotes serán estudiados de manera simultánea. La pregunta ahora es dónde están esos lotes. Y si están en Estados Unidos van a requerir aprobación primero de la Federación de Medicamentos y Alimentos (FDA) y luego de México. Cada lote tiene unas 930.000 dosis de vacunas. Si todo sale bien, Argentina recibiría así su primer lote a fin de mayo. Teniendo en cuenta toda esta dinámica, ¿eso es posible? ¿Es posible saltear parte de los controles? Y qué pasa si una parte de los análisis se terceriza, y el exámen debe hacerse en laboratorios de Estados Unidos.

 

Historia de una tapita

El gobierno de Joe Biden celebró el jueves los 100 primeros días con cuentas sobre vacunas: colocó 220 millones de dosis, inmunizó 70 por ciento de los mayores de 75 años con dos dosis, tiene a más de la mitad de los adultos inmunizada al menos con una dosis. Argentina celebró en cambio el acceso a 10 millones de dosis. Según datos del ministerio de Salud, 70,2 por ciento de los mayores de 60 años recibieron al menos una dosis. Y entre los mayores de 70 años, 76,25 por ciento. Los números no son malos en un mundo donde el acceso a la vacuna no sólo implica una lucha por el producto terminado, sino una batalla desigual por cada una de las piezas.

“Hace unas semanas, 90 por ciento de las vacunas estaban en 20 países entre ellos la Argentina”, dice Juan Castelli, subsubsecretario de Estrategias Sanitarias del ministerio de Salud. “Eso te muestra que es un bien preciado que deseamos que tenga una distribución equitativa, pero tiene mecanismos de oportunidades muy desiguales. Con países con contratos bilaterales que acordaron cinco esquemas por habitante, mientras otros lograron tener menos de 0,2 por ciento de vacunas por habitante lo que da una dimensión de la desigualdad que afecta a los países. Hoy no solo la producción está concentrada, también es desigual el acceso a los insumos que no sólo es la vacuna sino todo lo que necesita ese proceso.

–Como ocurrió con las tapitas y los filtros con Estados Unidos.

–Pero más allá de donde se haga, hoy hay que ver por ejemplo que la mayor parte de los viales son de vidrio. Tenés más de 1 billón de dosis de vacunas aplicadas en el mundo, miles de millones de dosis producidas y muy pocas que se envasan en ampollas individuales. La mayoría viene en viales multidosis porque lo que se está pensando en la escala para el envasado es tener cantidad de vidrio suficiente. Miles y miles de millones de vacunas para todos los países del mundo y todas al mismo momento. Es una situación inusual para la producción usual de vacunas. La gripe se da en diferentes lugares del mundo pero en diferentes momentos en el Hemisferio Norte y en el Sur porque tenes estacionalidad. Acá no tenes estacionalidad porque estas en pandemia desde el 2020, y es pandemia porque todos los países del mundo están afectados y necesitamos las vacunas todos al mismo tiempo.

–¿Con los procesos de calidad sucede lo mismo?

–Hay plantas que hacen las evaluaciones o procesos de calidad y son los lugares especializados, con la mejor voluntad y siempre pensando bien, lo que vos podés hacer es uno o dos procesos en simultáneo pero no podés hacer veinte. La calidad en un producto biológico como la vacuna o en un hemoderivado es fundamental. Es lo que va de la mano de la seguridad. La seguridad no solo tiene que ver con los efectos adversos, sino con la calidad. La calidad tiene que ver con todos los puntos de proceso desde que la vacuna se desarrolla con el principio activo hasta la entrega para la aplicación. Ese proceso tiene muchísimos puntos de calidad y si tiene falla, el lote se descarta de forma completa. Y debe reiniciarse la producción de un nuevo lote. Y eso es lo que finalmente te da la certeza de que cuando te la están dando, cumplan con los estándares originales.

–Hasta ahora llegaron 10 millones de vacunas. ¿Cuáles son los próximos cronogramas?

–Nosotros aprendimos de la experiencia, desde que empezamos con Sputnik a confirmar fechas una vez que tengamos la certeza de la carga en el avión. Continúan los acuerdos con Rusia, China y el mecanismo Covax. Está ingresando este fin de semana otro vuelo de Rusia. Y son los que nos dan la oportunidad de continuar con la campaña de vacunación. Hoy tenemos vacunadas con al menos una dosis el 70,2 por ciento de los mayores de 60 años. Es decir, 7 de cada 10 de mayores de 60 años han recibido una dosis, según los números vía proyección de población Indec 2021. Y entre los mayores de 70 años, es el 76,25 por ciento. La franja de 70 a 79 es casi 80 por ciento. Y mayores de 80 es el 73 por ciento. Hay más de 7 millones de personas mayores de 60 años. El 1 por ciento aproximadamente de esa población notificó enfermedad una vez inmunizada, aún así lo que decimos es que esto no evita la transmisión por eso siempre recomendamos a los vacunados mantener las mismas medidas de cuidado.

Con el avance de la segunda ola crecen además las agendas. Coco Garfagnini de la Tupac Amaru está pidiendo vacunas para referentes de comedores sociales que son quienes sostienen otra primera línea de fuego, en este caso la línea contra el hambre en un país donde la desigualdad tiene su propias marcas con horrorosos datos de pobreza.

 

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