Ciudad de P(R)Obres corazones

Las inequidades geográficas coinciden con las de clase en el distrito más rico del país

 

La injusticia en la ciudad de Buenos Aires acaso sea tan vieja como la data el decir popular, o eterna como la etiqueta la rima más fácil, homónima, de Jorge Luis Borges: como el agua o el aire.

Por mucho que su jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, sea el tercero en un cuarto de siglo en intentar el salto a la Presidencia de la Nación, lo cierto es que en pleno siglo XXI la injusticia persiste, afianzada y creciente, como en la previa centuria de cambalache, problemática y febril.

Esa preeminencia política opositora se explica más en su condición de distrito subnacional más rico del país que en la distribución que hace de esa opulencia a su interior.

Para el primer año de la década, el Producto Geográfico Bruto porteño per cápita ascendió a 22.619 dólares y concentró un 13,9% del PBI nacional, contando con el segundo presupuesto público detrás de la provincia homónima, que multiplica por cinco su población.

Un informe del Ministerio Público de la Defensa (MPD) de la propia ciudad autónoma, fechado en marzo de 2023, da cuenta de las desigualdades al interior del territorio porteño, patente en una fragmentación norte-sur que atraviesa los principales ejes de preocupación social: salud, educación, vivienda e ingreso.

 

 

Paredón y después

Al completarse la primera mitad de 2022, la Dirección General de Estadísticas y Censos de la CABA estimó que la pobreza alcanzaba al 25,2% de sus hogares y superaba el 30% para sus habitantes.

Los recursos extras que el entonces Presidente Mauricio Macri obsequió a su sucesor en el gobierno porteño y la Corte Suprema reafirmó no muestran impacto positivo sobre la serie histórica. Entre 2016 y mediados de 2022, siempre administrada por el PRO y con cuatro años completos de una Presidencia afín, tanto la indigencia como la pobreza se incrementaron.

Para 2021, el último año completo de la serie analizada, los números demuestran que las desigualdades económicas empalman con las geográficas: la pobreza en el sur superaba al doble de la registrada en el norte de la misma ciudad.

 

 

Lo mismo se verifica con los porcentuales de indigencia, concepto que incluye a personas y hogares con ingresos menores a la canasta alimentaria, es decir lo indispensable para comer.

 

 

Los grupos vulnerables son los que más sufren la situación. En menores de 14 años, el índice de pobreza trepa al 45,3% y alcanza en el sur a casi 7 de cada 10 personas. Los hogares en que viven niñas, niños y adolescentes marcan también la diferencia entre zonas: en el norte rondan el 20% pero en el sur se acercan al triple.

La feminización de la pobreza e indigencia también se verifica en registros de descuentos jubilatorios, indicador de acceso al mercado laboral formal: sólo cubre al 35,4% de la población de las villas, pero es casi cinco puntos menor para las mujeres.

Desde el prisma de las zonas geográficas, para el tercer trimestre de 2022 el índice global de población porteña sin aportes era del 25.4% pero en el norte de la ciudad se ubicaba por debajo de ese porcentual, en 21,4%, mientras en el sur trepaba a 32,5%.

 

 

Amargura del sueño que murió

A mediados de 2021, el gobierno porteño realizó un relevamiento de personas en situación de calle en su territorio, contabilizando 968. Sumadas a las 1.605 distribuidas en los denominados Centros de Inclusión Social, totalizaban 2.573.

Ese número es sensiblemente menor al que en 2019 había arrojado el Segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle que llevaron a cabo en los 48 barrios de CABA su Ministerio Público de la Defensa (MPD), el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y otras organizaciones, que además habían advertido que el del Ejecutivo daría por resultado un subregistro, evitaría recoger datos sobre minorías e incumpliría las recomendaciones de una mesa de trabajo que integraba.

Todo indica que así fue, a juzgar por la distancia entre ambos estudios. El Segundo Censo Popular encontró en situación de calle a por lo menos 7.251 personas, lo que además representó un salto importante respecto de las más de 4.000 que se habían detectado en 2017. Siete de cada diez vivían a la intemperie. Un 80% eran varones y el 16%, niñas, niños o adolescentes.

El reciente informe del MPD admite que “una de las políticas de intervención más amplia que realiza el GCBA se relaciona con la emergencia habitacional”. Pero también aclara que la participación de su principal programa, “Asistencia a Familias en Alta Vulnerabilidad Social”, representa el 0,31% del presupuesto total.

 

 

Todo ha muerto, ya lo sé

La ciudad de Buenos Aires es una de las jurisdicciones del país con mayor esperanza de vida al nacer, en torno a 75 años para varones y 82 para mujeres. El dato en expectativa compagina con la edad promedio actual de muertes, que ya ronda los 74 y 81 años.

Sin embargo, habitar las villas de la comuna 8 –Soldati, Lugano o Riachuelo– puede ser equivalente a vivir entre cinco y diez años menos, para mujeres y hombres respectivamente, que en Recoleta. Al surgir de promedios de fallecimientos sobre comunas que son heterogéneas no sólo entre sí sino en su interior, la diferencia entre indigentes y alcurnia probablemente sea aún mayor en cuanto a años de vida.

Algo similar ocurre con la mortalidad infantil, que en la CABA es de las más bajas del país. Si en el global se lamentan 5,8 muertes por 1.000, en la sureña Lugano y las céntricas Flores y Mataderos se sitúa entre 6,6 y 7,3.

Ambos fenómenos parecen cuadrar con la distribución de profesionales de la medicina en el distrito. Los datos fueron recabados por el Ministerio de Salud de la Nación en 2020, con un factor de fidelidad que no tenían sus antecesores: era necesario que médicas y médicos se inscribieran para percibir la asignación estímulo pautada en el contexto de la exigencia pandémica, lo que disminuyó el riesgo de subregistros. Los médicos y hermanos Pedro y Martín Silberman analizaron los números por provincia, en un trabajo académico que ya abordó El Cohete, y ahora buscan extenderlo al interior de cada jurisdicción.

Para el caso de la CABA, la tasa total es de casi 143 profesionales cada 10.000 personas. No obstante, nueve de las 17 comunas se encuentran por debajo de esa cifra y en Villa Lugano y Villa Luro la proporción es de apenas 13,82 y 27,71, respectivamente. Mientras tanto, la mejor tasa corresponde a Recoleta, con casi 493 profesionales cada 10.000 habitantes. La demanda sobre el sistema público es casi seis veces mayor en esas dos comunas del sur y las de Mataderos y Barracas respecto de Recoleta, Belgrano y Palermo, donde sólo lo requieren 5,6 de cada centenar de personas.

 

 

Arena que la vida se llevó

También en materia educativa se repite la tendencia: los totales de la CABA son los mejores del país, con los índices de analfabetismo más bajos y el mejor nivel de cobertura, pero con notorias asimetrías geográficas y transferencias de recursos públicos al sector privado que se traducen en una deficitaria inversión en el ámbito estatal.

Un ejemplo ilustrativo lo aporta el índice de finalización de estudios secundarios: la diferencia entre Palermo y la sureña comuna 8 es de más de 40 puntos. En Recoleta, un 60,4% de la población cuenta con educación superior completa. En las villas Lugano, Riachuelo y Soldati sólo cuentan con diploma universitario o terciario el 11,9% de sus habitantes. El informe del MPD porteño destaca que entre las comunas del norte y del sur se advierte una diferencia de 25 puntos en el máximo nivel de instrucción alcanzado.

Esos números guardan relación con la urbanización de villas y asentamientos tantas veces demandada a un alcalde que en sus spots asegura que el mejor camino de progreso es la educación. El 85% de las personas que residen en espacios urbanos formales cuenta con estudios secundarios o superiores completos, mientras que quienes viven en urbanizaciones informales sólo pueden alcanzar esos niveles en uno de cada cuatro casos.

Una parcial excepción a la distribución geográfica descripta se configura a partir de los porcentajes de deserción del nivel secundario. Si bien pueden apreciarse diferencias entre el norte y el sur de la ciudad, “el nivel es crítico en general”, según define el informe del MPD, que aporta este cuadro:

 

 

 

 

Tu casa, tu vereda y el zanjón

En materia de vivienda, la segregación geográfica vuelve a confirmarse. Para 2021, la CABA estimaba que el 7,9% de sus hogares padecía hacinamiento, aunque el índice era de 3,4 para la zona norte y de 12,1 para la sur.

Nuevamente las villas Lugano, Riachuelo y Soldati aparecían como las más afectadas, con casi un tercio de hogares en hacinamiento. Del mismo modo, villas y asentamientos se concentran en el sur porteño y su cantidad de habitantes se calcula en 275.000, con un 87% por debajo de la línea de pobreza. Casi el 60% transita su vida en una casa sobre la que ejerce tenencia precaria.

El presupuesto del Instituto de la Vivienda de la Ciudad no deja, sin embargo, de caer. Y poca responsabilidad parece poder adjudicársele a la pandemia, de acuerdo al gráfico elaborado por el MPD:

 

 

 

 

 

Pesadumbre de barrios que han cambiado

El informe del MPD concluye con dos párrafos lapidarios. El primero califica al Estado local como “ineficaz a la hora de generar intervenciones de política pública” en respuesta a las necesidades detectadas.

Por otra parte, indica, “en relación a los presupuestos de las áreas involucradas, como Educación, Vivienda, Salud y Promoción Social, se observa una constante disminución de sus asignaciones en relación al Presupuesto total de la Ciudad, y en algunos casos también subejecución de los mismos”.

 

 

 

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