Las volteretas de la historia

Bullrich, Frida Khalo y la fidelidad a la propaganda del partido

 

La primera vez que visité la Casa Azul, el museo de Frida Khalo en la ciudad de México, hubo algo que me resultó desconcertante. Y durante años no lograba encontrar una respuesta.

Es sabido que tanto ella como Diego Rivera fueron parte del comité de recepción de León Trotsky en su exilio mexicano. De hecho, él y su esposa vivieron un tiempo en casa de Frida hasta que finalmente se mudaron a las cercanías, siempre en el barrio mexicano de Coyoacán. Sin exagerar se puede decir que Trotsky fue el “jefe político” de Frida y de Diego. Es sabido, también, que después de un primer atentado, del que formó parte el otro gran muralista, David Siqueiros, del que Trotsky salió ileso, finalmente fue asesinado con una pica pocos meses después, en agosto de 1940. (Su asesinó, Ramón Mercader, fue luego condecorado en secreto como Héroe de la Unión Soviética con la Orden de Lenin y la Medalla de Oro.) Esto llevó a Frida y Diego a viajar por un tiempo a los Estados Unidos, donde ella aprovechó para ser tratada médicamente. Era su segundo viaje, puesto que en el primero (década del ’30) pudieron desarrollar ambos allí su arte, y Frida fue operada por primera vez, siendo Diego financiado por un buen tiempo por la Fundación Ford.

Aquí mi pregunta: evidentemente Stalin, responsable del asesinato de Trotsky, era un fenomenal enemigo de Frida, aunque hubiera habido quienes sospecharon de ella tras el crimen y el atentado anterior. Pero, ¿cómo es posible que, ya deteriorada, la genial Frida pintara (en 1954, año de su muerte) uno más de sus autorretratos y esté ¡con Stalin!?

El contexto, sin duda, aporta la respuesta. Tras la segunda gran guerra, especialmente a partir de Yalta, el rol de Stalin fue central, especialmente para el (los) partido comunista. Tanto que Stalin, uno de los mayores criminales del siglo XX, fue dos veces nominado para el premio Nobel de la Paz (1945 y 1948; lo que, a la vista de la historia de los premios, no hubiera sido extraño que ocurriera). El “apóstol de la paz”, Koba, como era llamado, debía ser exaltado, y Frida, fiel al verticalismo del partido, “artesana del comunismo”, así lo hizo. Basta para entender bien el ambiente ver los discursos del secretario general del Partido Comunista Argentino, Victorio Codovilla, reflejado en Esta es la guerra de los pueblos (1942).

La fidelidad a la propaganda del partido hizo que Frida diera una fenomenal voltereta simbólica y terminara apoyando a su enemigo Stalin.

Sólo con este background puedo entender a Patricia Bullrich condenando la represión en Formosa. aunque ella nos ha acostumbrado a volteretas casi sistemáticas en su historia.