Tiempos recios

De la revolución socialista a la producción de cerdos para China

 

En septiembre de 1954 un joven argentino cruzó la selvática frontera que separa Guatemala del estado mexicano de Chiapas. Huía porque el Presidente guatemalteco Juan Jacobo Arbenz había sido obligado a renunciar pocas semanas antes, cuando desde la frontera con Honduras un ejército financiado por Estados Unidos invadió Guatemala. La operación contra Arbenz —digitada por la CIA— fue la inspiración de varias obras literarias, desde Weekend en Guatemala (1956) de Miguel Ángel Asturias hasta la recientemente publicada Tiempos recios (2019) de Mario Vargas Llosa, sólo por citar autores que en su currículum ostentan un Premio Nobel de Literatura.

¿Cuáles fueron los motivos del golpe de Estado? Juan Jacobo Arbenz, militar guatemalteco, llegó a la presidencia de Guatemala continuando el legado de Juan José Arévalo (un intelectual que se había formado en la Universidad de la Plata) y de la Revolución de Octubre de 1944. El proceso iniciado por la Revolución de Octubre democratizó Guatemala. Arbenz permaneció en el gobierno solamente tres años, pero se animó a hacer lo que nadie. Y por eso la Casa Blanca tomó cartas en el asunto. La abundante literatura coincide en este punto: la reforma agraria y la expropiación de la bananera norteamericana United Fruit Company fueron la “piedra del escándalo” que movilizó a los sectores opositores.

Sin embargo, en menos de una década todo el continente estaría inmerso en una vorágine reformista. Tras la conferencia de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Punta del Este en 1962, Estados Unidos puso en marcha su nuevo proyecto para la región, la Alianza para el Progreso. Había que terminar con la principal causa de “atraso” de América Latina: el latifundio. En un abrir y cerrar de ojos, la reforma agraria había dejado de ser una mala palabra. A partir de entonces los especialistas se pasearon por la región financiados por el gobierno estadounidense para explicar cómo hacer las reformas que se necesitaban. ¿Qué había sucedido en el medio? Aquí, otra vez, la bibliografía es unánime: Cuba.

La Revolución cubana, con su reforma agraria, y el triunfo de las tropas de Fidel Castro sobre la invasión promovida por los estadounidenses en abril de 1961 en Playa Girón, fueron el punto de inflexión de la política del Departamento de Estado norteamericano. Para esa época el joven que había huido de Guatemala era mundialmente conocido con un monosílabo que delataba su procedencia: el Che. Representando a la delegación cubana en la Conferencia de Punta del Este, el Che narró los hechos y definió mejor que nadie la experiencia cubana:

«Es una Revolución agraria, antifeudal y antiimperialista, que fue transformándose por imperio de su evolución interna y de las agresiones externas, en una revolución socialista y que lo proclama así, ante la faz de América: una revolución socialista».

El pánico por el mal ejemplo que inspiraba la isla caribeña había reformulado los cálculos del Presidente Kennedy. No podían hacer en Cuba lo que habían hecho en Guatemala. Tenían que generar una vacuna que aislara a la región del virus rojo. Y, como en toda vacuna, la inmunización se produce exponiendo a dosis pequeñas y controladas del mismo virus. Cuba fue expulsada de la OEA y a los países de la región se les ofreció préstamos a cambio de que emprendieran reformas agrarias que cumplieran determinados parámetros.

La cuestión agraria estuvo durante todo el período en el centro de la relación entre Estados Unidos y América Latina. Al calor de la Guerra Fría la primera actitud de Estados Unidos fue el rechazo de los procesos de reforma agraria como lo evidencia el caso de Guatemala. Pero esta actitud mostró sus limitaciones. Para pensarlas, es interesante traer a Vargas Llosa quien, hacia el final de su novela (alerta spoiler), narra:

«Fue una gran torpeza de Estados Unidos preparar ese golpe militar contra Árbenz poniendo de testaferro al coronel Castillo Armas a la cabeza de la conspiración. El triunfo que obtuvieron fue pasajero, inútil y contraproducente. Hizo recrudecer el antinorteamericanismo en toda América Latina y fortaleció a los partidos marxistas, trotskistas y fidelistas. Y sirvió para radicalizar y empujar hacia el comunismo al Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro. Este sacó las conclusiones más obvias de lo ocurrido en Guatemala».

La reforma agraria, como concepto y como proceso histórico, estuvo sujeta a vaivenes resultantes de la correlación de fuerzas. Cuando se volvió incontenible se la tabuló para hacerla digerible. Pasó de ser inadmisible a necesaria y en ese devenir cambió su contenido.

 

 

¿Déjà vu?

Marie-Monique Robin en un minucioso documental llamado El mundo según Monsanto (2008) devela el mecanismo que utilizó la semillera multinacional para corromper gobiernos e instalar el paquete tecnológico de la soja. Semillas transgénicas, glifosato y corrupción de gobernantes son los antecedentes que hicieron que el Tribunal Internacional que sesionó en La Haya dictaminara que Monsanto había cometido un ecocidio en el año 2016. En nuestro país el paquete tecnológico había ingresado 20 años antes a través de la resolución 167 del año 1996 de la Secretaría de Agricultura, Pesca y Alimentación, cuyo único artículo reza lo siguiente:

«Autorizase la producción y comercialización de la semilla y productos y subproductos derivados de esta, provenientes de la soja tolerante a un herbicida glifosato de la línea 40-3-2 que contiene el gene CP4 EPSPS».

La soja transgénica, el uso del glifosato y la concentración de la tierra aumentaron exponencialmente los casos de cáncer en la población y fueron la condición de posibilidad para ampliar la frontera agrícola provocando migraciones masivas a los grandes centros urbanos de campesinos desplazados.

El mismo año en que se firmaba la resolución, la Vía Campesina (movimiento que coordina organizaciones campesinas de todo el mundo) presentaba en la Cumbre Mundial de la Alimentación el concepto de “soberanía alimentaria” al que describen en su página de la siguiente manera:

«El derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas alimentarias que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias, reclamando la alimentación como un derecho«.

El gobierno argentino en los últimos meses dio un salto conceptual, dejando en el tintero el concepto de seguridad alimentaria y pasando a utilizar el de soberanía alimentaria. Entre otros motivos porque la crisis provocada por el Covid-19 visibilizó que el campo que produce la soja transgénica no es el que nos alimenta. La agricultura familiar, los pequeños productores y los movimientos sociales indígenas y campesinos (muchos de ellos nucleados en el Foro Agrario Nacional y Popular) demostraron que eran indispensables para alimentarnos. Sin embargo, el salto conceptual no pareciera estar siendo acompañado de hechos.

Hace un par de semanas explotó el debate en torno a la propuesta que hizo la Cancillería Argentina, a cargo hoy del mismo funcionario que hace un cuarto de siglo autorizó la soja transgénica, de instalar en nuestro país criaderos industriales de cerdos para China. Enseguida aparecieron las plumas del lobby del agronegocio, como el periodista Matías Longoni, a defender el posible acuerdo. Entre los argumentos que esgrimió aparece el siguiente:

«Siempre se especuló con que la instalación de estas mega granjas para producir cerdos para China debería hacerse cerca de las zonas de producción de maíz: Córdoba, La Rioja, Catamarca. No hay mucho monte nativo por allí para cuidar».

Salvo el sur de Córdoba, ni La Rioja ni Catamarca son zonas productoras de maíz. A confesión de parte, relevo de pruebas.

El Foro Agrario respondió a la propuesta con un documento que puede leerse en su página, en el que comparten la preocupación del Gobierno por obtener divisas y la posibilidad que abre la demanda de carne de cerdo por el país asiático. Sin embargo, exponen 10 razones por las que no están de acuerdo con los criaderos industriales. Sintéticamente: el modelo de producción propuesto es un posible foco de contagio de enfermedades, es altamente contaminante y la necesidad de ampliar la frontera agrícola para alimentar a los cerdos trae aparejadas migraciones forzadas de campesinos y pueblos originarios, además de la consecuente destrucción de monte nativo.

El documento del Foro Agrario, sin embargo, no se queda en la crítica sino que propone un esquema de producción en el marco de un modelo de soberanía alimentaria:

«También podemos exportar y generar divisas para el país, con un esquema de miles de granjas de hasta 200-300 madres, con una fuerte presencia del Estado en eslabones claves de la cadena de valor. Este es un esquema que apunta a la Soberanía Alimentaria porque es capaz de garantizar el cuidado sanitario y ambiental, además de generar verdadero desarrollo y arraigo rural. Implica apostar a la potencia que la agricultura familiar campesina e indígena demostró apenas declarada la pandemia en la producción y distribución de alimentos, lejos de las lógicas especulativas que sí desplegó el capital concentrado».

El pasado miércoles 26 de agosto el canciller argentino Felipe Solá fue uno de los expositores de “Producción porcina: un modelo nacional, cooperación internacional y soberanía alimentaria”, actividad organizada por el Partido Justicialista. La noción de soberanía alimentaria gestada por movimientos sociales al calor de la resistencia al agronegocio, se volvió —en el contexto de la pandemia— una cita obligada incluso para aquellos sectores que defienden intereses contrapuestos. No queremos despertar suspicacias, pero… ¿Alguien dijo reforma agraria?

 

 

5 Comentarios
  1. Lujan dice

    La propiedad de la tierra, desde antes del capitalismo, ha sido el problema crucial. El proletariado (la clase trabajadora es una expresión más nuestra, peronista) no surgió de la nada. Los proletarios eran, en primer lugar, campesinos sin tierra. Marx no se cansa de repetirlo a lo largo del tomo I de El Capital.

  2. Graciela Gigli dice

    Estoy de acuerdo con la sospecha sobre Felipe Sola, a las pruebas me remito. Y ningún periodista le pregunta nada sobre lo que pasó en el 96 con la soja y el glifosato. Será igual con Fernandez en el gobierno como con el turco que se bajaba los pantalones con los yanquis, siempre? Habrá que estar atentos y no permitirlo

  3. Eduardo casado dice

    La intrusucion de los transgenicos, los toxicos que destruyen la naturaleza y las tecnicas de hacinamiento animal. son penetraciones del amor del dios ganancias y van en camino de la desaparicion de la vida

  4. José Luis R dice

    Muy bueno y necesario el artículo Matías. Creo que dejar el asunto en manos de F. Solá es toda una garantía de opacidad, negocio exclusivo y excluyente para los capitales concentrados y por si fuera poco, todo el paquete atado con el moño de la soberanía alimentaria. La única reforma agraria que se puede esperar de esa política «pública» es la que deja campos quemados y campesinos convertidos en asalariados en su tierra o en los » barrios vulnerables » del Amba.

  5. Pablo Bergel dice

    Según se dejó trascender, este Martes 1/09, en Beijing, se firmaría el memorándum de entendimiento entre ambos gobiernos, en medio de total opacidad y secretismo, ignorando la fuerte repulsa de los movimientos de la economía popular, agricultura familiar y campesina, pequeños productores, movimientos socioambientales de todo el país, investigadores e intelectuales. Sin atender cuestionamientos ni propuestas alternativas soberanas. Sin diálogo.
    Es un convenio que vulnera la democracia y que está muy detrás del propio peronismo, de Forja, del yrigoyenismo y la mejor tradición nacional popular; estamos probablemente ante el primer escalón de un nuevo pacto Roca-Runciman, una versión aún experimental de un nuevo Estatuto legal del Coloniaje.
    Debe ser impedida la firma de ese y cualquier acuerdo colonial a espaldas del pueblo. Debe renunciar Felipe Solá; no se puede permitir que reitere una traición como la de la soja transgénica en 1996, la casi extinción de la merluza hubbsi en 1995, la conducta irresponsable (por ser suaves) en el asesinato de Kosteki y Santillán en 2002.
    No es gracioso, Feli Pillo. Hasta aquí nomás… Mandá tu renuncia y pedí disculpas a la gente y, porqué no, a tu gobierno.

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